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Noticia de un libro

Sábado, 29 de Mayo de 2021
El libro termina con una increíble y feliz historia.

Bogotá, mayo (Anorí Press).- El libro “ Gabo + 8” te da sorpresas. Lo escribió el maestro Guillermo Angulo, de 93 años, fundador de la agencia Prensa Latina en Colombia. La obra se puede leer despacio como un rosario, o rápido como una novela porno. 

A veces da la sensación de lo “ya leído” sobre García Márquez. Lo de Angulo es la historia detrás de la historia.  Está escrito en clave de humor. El lector no deja de sonreír durante la travesía.

El autor lo niega, pero su bambuco de 212 páginas tiene marcado acento autobiográfico. No es un tratado sobre redacción pero enseña a escribir.  

No es un libro de periodismo, pero admite lecturas desde esa óptica. Exigencia y rigor están a la orden del día. Es una historia de la Colombia cultural.

En el relato está retratado el fotógrafo, oficio que  heredó de su amigo Alberto Aguirre. Angulo incluyó como prólogo  una columna que AA escribió cuando lo secuestraron las FARC. Aguirre quería aclarar que Angulo estaba sobregirado… pero  en vida.

Alguien tenía que pagar la cuenta de cinco meses y medio en el hotel FARC. Sospecha Angulo que la factura por dos millones de dólares la canceló un tal García Márquez. Nunca se lo confirmó. 

Gabo valoró las luces recibidas de otro secuestrado de las FARC: el escultor Rodrigo Arenas Betancourt, su guía cuando desembarcó en México. Para García Márquez, Arenas es uno de los tres mejores escritores colombianos junto con Hernando Valencia Goelkel y el neerlandés Ernesto Volkening. 

De pronto el Nobel intrigaba favores. Como la vez que le pidió a Angulo escoger doce amigos para que lo acompañaran a Estocolmo. En otra ocasión, le solicitó que le pidiera a Alberto Lleras Camargo copia de las memorias que estaba escribiendo para enriquecer “El otoño del patriarca”. El Monarca no las había terminado.

Angulo también pagaba en especie, como la vez que le presentó al fotógrafo antioqueño Rodrigo Moya. Nacido en Medellín pero mexicano de toda la vida,  Moya retrató a Gabo con el ojo colombino que le dejó el derechazo que le propinó Vargas Llosa.  

El “tinieblo” de Isabel Preysler creyó que cuando anduvo de garrotera con su mujer, su amigo le picó arrastre. Chisme de farándula. Fue Gabo quien no le caminó a ella, concluyeron Angulo y la editora Carmen Balcells cuando hicieron croché sobre el asunto. 

“Gabo +8” fue diagramado por su hijo Paolo y está dedicado “a Vanna, en su laberinto”, su esposa florentina, quien padece el mal de Alzheimer. 

El libro termina con una increíble y feliz historia: En el ocaso del cataquero, Mónica Alonso, secretaria eterna del Nobel, viéndolo sin destino, le prestó un ejemplar de “Cien años de soledad”. Cuando Gabo terminó de leer su vallenato de 400 páginas dijo: “Este man sabe escribir”. Y siguió viviendo dentro de su propio olvido.