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Opinión | El discreto encanto de la astrobiología

Jueves, 24 de Diciembre de 2020
El descubrimiento de nuevos planetas parecidos en tamaño y condiciones como al de la Tierra, no para de crecer.

La pandemia del coronavirus ocupó la agenda noticiosa del 2020. Junto con la temporada de huracanes en el Caribe que por primera impacta al territorio insular de Colombia, son dos grandes eventos de amarga recordación. Como algunos lo han señalado, el 2020 pasará a la historia como un annus horribilis que nos marcará para siempre. A pesar de esta tragedia que nos ha dado tanto dolor por los altos niveles de muertes y alto impacto económico, para la astrobiología, el 2020 ha sido un annus mirabilis.

Esta joven ciencia de 85 años ha progresado a pasos vertiginosos durante los últimos veinte. El descubrimiento de nuevos planetas parecidos en tamaño y condiciones como al de la Tierra, no para de crecer. Al punto, que hoy se sabe que existen tres veces más planetas habitables en la Vía Láctea (Misión Espacial Kepler) que personas en el mundo.

Las preguntas de la astrobiología son variadas, pero sin duda una de sus mas interesantes resulta la de encontrar un segundo planeta Tierra y la posibilidad de comprobar la existencia de otras civilizaciones en los confines de nuestra galaxia. 

De lograrse un contacto con otra civilización esto constituiría uno de los hechos mas trascendentales de la civilización humana. 

Frank Drake, un prestigioso astrónomo estadounidense, en 1961 desarrolló lo que se conoce como la ecuación o formula de Drake. Nada más que una expresión matemática con siete factores necesarios para que se desarrolle la vida inteligente y así permitir calcular la probabilidad que existan otras civilizaciones inteligentes en nuestra galaxia. Entre ellas se requiere que el planeta tenga una estrella adecuada y se den las condiciones favorables para albergar vida. Esta ecuación a pesar de ser ampliamente criticada fue aceptada como el primer esfuerzo para determinar la existencia científica de vida extraterrestre. Hoy en día se tienen versiones modificadas de la ecuación de Drake que pretenden llenar los vacíos que ésta dejó al descubierto. 

Recientemente, un grupo de investigadores del Reino Unido usando una versión modificada de la ecuación de Drake y haciendo uso del principio de mediocridad (el fenómeno de la vida no es exclusivo del planeta Tierra) de Nicolas Copérnico sugirió que el número probable de civilizaciones extraterrestres que podrían ser contactadas es de 36. Algunos lo consideran tecnológicamente imposible lograr algún contacto por la gran distancia en años luz que nos separa, tan solo el diámetro de la Vía Láctea es de cien mil años luz. Esto supone que una señal recibida hoy desde el otro extremo de nuestra galaxia habría sido enviada hace cien mil años y nuestra respuesta se tomaría otros cien mil años en llegar de vuelta. Sin embargo, la esperanza de lograrlo sigue intacta. 

El debate en astrobiología no solo concierne a las limitaciones de los aspectos tecnológicos para lograr sus objetivos sino también a las implicaciones éticas y sociales que estos descubrimientos pueden llegar a tener. A menudo la pregunta que se busca responder es si la humanidad esta preparada para hacer contacto con una civilización extraterrestre y cuáles podrían ser las consecuencias tanto planetarias como del futuro de la especie humana en caso de suceder un fenómeno como este. Existen temores reales por la incertidumbre sobre el grado de avance tecnológico que pudiera tener una civilización extraterrestre que entrara en contacto con la nuestra y cuyo desenlace no se tiene bajo un plan de respuesta planetaria.

Ya en el 2010, la Oficina de la ONU para Asuntos del Espacio Exterior había advertido que los humanos no estamos preparados para responder a un posible contacto de seres extraterrestres. En septiembre pasado, el astrobiólogo español Carlos Briones en entrevista concedida a EFE por su nuevo libro “¿Estamos solos? En busca de otras vidas en el Cosmos” (Editorial Critica) confirma la advertencia de la ONU. No obstante, existe un protocolo desarrollado por el Instituto de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI) que pueda ser utilizado por todas las organizaciones que participan de este tipo de proyectos de búsqueda de vida extraterrestre para que la información sea científicamente válida y transparente. Esto con el fin de evitar la especulación y la charlatanería que puede conllevar a una innecesaria ola de pánico a escala global. 

El objetivo de la misión Kepler de la NASA con la puesta en órbita del telescopio del mismo nombre en 2009 era la de encontrar planetas extrasolares. Preferiblemente planetas que tuvieran el tamaño similar a la Tierra, orbitando en la zona de habitabilidad de su estrella. Durante su operación, la sonda Kepler encontró algo mas de 2700 candidatos a exoplanetas. Los datos de Kepler han permitido estimar la existencia de cerca de 17.000 millones de exoplanetas del tamaño de la Tierra en la Vía Láctea.

Con esta enorme abundancia de planetas, las probabilidades de encontrar vida extraterrestre aumentan, pero no necesariamente la de encontrar civilizaciones inteligentes. Son en si dos problemas distintos que trata de resolver la astrobiología. La vida extraterrestre puede estar representada en formas de vida microbiana y no necesariamente en organismos más complejos como un mamífero homínido. Si pensamos en civilizaciones inteligentes estas deben ser parecidas morfológicamente a la especie humana.

Hay que poner la imaginación a funcionar para describir cuales podrían ser esas potenciales formas homínidas que puedan haber evolucionado en los exoplanetas de la Vía Láctea. Aquí la astrobiología tiene uno de sus mayores y más fascinantes retos. 

Las nuevas misiones que llegarán a Marte en febrero de 2021 nos confirmaran si hubo vida en el planeta rojo. Esto supone por el momento el rastreo de vida microbiana en suelo marciano que de ser confirmado abrirá la puerta a un nuevo capítulo de la astrobiología marciana. También se conocerán mas detalles sobre la mineralogía marciana, cuyos resultados pueden abrir el camino a una competencia entre naciones o empresas privadas por los recursos con potencial de explotación en este planeta.

El dilema de exploración o explotación marcará la agenda a futuro de la relación de la humanidad con Marte. SpaceX, la empresa californiana del billonario Elon Musk, ya ha advertido que “ningún gobierno con base en la Tierra tiene autoridad o soberanía sobre las actividades en Marte.” Una situación para la cual la discusión y el debate no se han tomado seriamente hasta el momento. Lo que se espera es que la destrucción de los recursos terrestres no sea una aventura exportable al sistema solar y la integridad extraplanetaria se pueda conservar.

La celebración de los 85 años de la astrobiología no pudo darse de manera ampliamente como se lo merecía por las limitaciones que nos ha impuesto la pandemia del coronavirus. Sin embargo, sus impresionantes logros seguirán marcando la frontera del conocimiento en los años por venir. La astrobiología es una ciencia joven con un gran futuro y a la espera de otros grandes descubrimientos. Como lo dijo el profesor de astronomía de la Universidad de Harvard Dimitar Sasselov en una conferencia TEDx: “La biología es el futuro de la astronomía”. 

Redacción: Camilo Flórez Góngora

Biólogo consultor y autor. Con pregrado en la Universidad del Valle (Cali) y postgrado en el Prescott College de Arizona (EE. UU.).