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En Cácota hay un genio para moldear barro

Miércoles, 1 de Febrero de 2017
Se llama Víctor Manuel Conde Durán y lleva 40 años en esta actividad.

Víctor Manuel Conde Durán, con el paso de los años, se convirtió en un experto de amasar barro, moldearlo, elaborar vasijas, moyas, ollas, pocillos, materos, tiestos y objetos decorativos para el hogar.

Es un arte que han heredado las generaciones en su familia de los primeros pobladores de Cácota, que encontraron en la alfarería un medio de subsistencia.

A Cácota, su municipio natal, antiguamente se le conocía como el pueblo de los ‘tiestos’, en homenaje a ese utensilio casero para asar las arepas de trigo, cultivado en los campos montañosos.

Víctor tiene 40 años de estar ejerciendo esta actividad en una vivienda de la vereda Fontibón. Allí tiene el taller en donde con técnicas rudimentarias y sin utilizar ninguna máquina, torno o moldes, elabora perfectas creaciones que al ser comparadas con las fabricadas industrialmente no tienen nada que envidiarles.

Para poder sacar una o varias piezas el proceso empieza con adquirir los bultos de barro en la vereda Fernandaria. En la casa empieza a triturar con piedras los terrones y para sacarles las impurezas utiliza un cernidor de arena.

Después lo deposita en un tonel en donde por 15 días se ablanda con agua.

Una vez está curado el barro lo pasa a un cuero de res en donde lo revuelve con arena que extrae de una piedra especial de color blanco brillante. Con un madero como especie de mortero, lo deja a punto para empezar la labor.

Después de la elaboración de las piezas y darle los respectivos retoques, con una piedra pequeña las deja dos días para que sequen.

Cumplido ese plazo las lleva al horno artesanal para quemarlas y poder sacarlas a la venta. Sobre el por qué sigue utilizando las antiguas técnicas y no recurrir a moldes y maquinaria, afirmó que él quiere seguir entregando piezas únicas hechas a mano.

“A veces trabajo dos días a la semana y logro sacar 35 piezas de diferentes tamaños y formas”, dijo el hombre que tiene las manos curtidas por estar amasando y acariciando el barro para convertirlo en una obra artesanal.

Este alfarero cacoteño, raizal, recuerda los muñequitos que hacía desde niño. Hoy, es uno de los pocos alfareros tradicionales que queda en la región y sobretodo que sigue trabajando dos días a la semana.

Esta actividad, asegura que no es tan rentable, porque los tiestos ya no los utilizan casi al ser remplazados por utensilios de aluminios.

Sin embargo, la actividad es una pasión que no abandona y promueve en Cácota. Para conseguir el sustento diario, también labora como agricultor, a 15 minutos de su vivienda.

Víctor Manuel con la mirada pérdida en los cerros andinos que dominan el paisaje, afirma con  nostalgia que la alfarería es un oficio que en poco tiempo va a desaparecer, porque los niños y jóvenes no lo quieren aprender.

“Nadie quiere untarse de barro. Los que estudian les gustan los lapiceros y los computadores. No quieren volver al campo a trabajar en los oficios antiguos”, dijo.

Por ello le propuso a la administración municipal que inicie un proyecto para enseñarles a los niños el arte de moldear con las manos el barro.

Él, asegura que está dispuesto a compartir sus conocimientos, experiencias y técnicas, porque siente que le quedan pocos años para trabajar este oficio dejado como herencia familiar. “Ese barro trae mucho hielo (frío) y si uno no se cuida los dedos con los años se le empiezan a torcer”.

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