Escuchar este artículo

Liliana Mantilla, benefactora de los pobres en Pamplona

Viernes, 18 de Septiembre de 2020
La mujer ofrece comida en el barrio Cristo Rey, desde que comenzó la pandemia de coronavirus.

Lo que empezó como un gesto bondadoso de dar a tres niñas un poco de arroz, azúcar y aceite en pocillos, poco a poco se fue convirtiendo en un comedor que ofrece alimentos a 130 personas pobres del barrio Cristo Rey de Pamplona.

La iniciativa surgió desde el momento en que el Gobierno Nacional ordenó las medidas de confinamiento por la COVID-19.

De lunes a sábado acuden a la vivienda localizada a un costado del monumento de Cristo Rey y el Mirador Turístico, niños, madres gestantes, jóvenes y adultos mayores a recibir las raciones de almuerzo, cena y refrigerio.

La representante de la Fundación Dharma, Liliana Mantilla Montañés, quien con su hijo psicólogo Albert Ramón están al frente de los procesos humanitarios que favorecen a las personas más necesitadas de ese sector localizado en la zona norte del casco urbano de Pamplona. 

“En vista de las necesidades alimentarias que tenían en su momento las tres niñas, decidimos que era mejor darles el almuerzo completo”, dijo la benefactora.

Poco después llegaron con dos primas más y otras familiares menores de edad que en sus casas no tenían cómo darles un plato de comida.

En la primera semana estaban alimentando a 10 personas con almuerzos y la comida de la tarde.

También llegó a solicitar los servicios un grupo de abuelitos que por la pandemia estaba pasando necesidades y la familia no tenía con qué alimentarlos.

Al crecerse el número y ante la falta de productos comestibles (perecederos y no perecederos), para continuar con la preparación, solicitó ayuda la comunidad pamplonesa.

“A penas nos llegaron los primeros mercados abrimos nuevos cupos hasta llegar a los 130 almuerzos y comida todos los días”, afirmó.

Cada beneficiario debe traer el recipiente para que puedan llevarse los alimentos preparados. 

Previamente los utensilios son sometidos a los procesos de desinfección. Acto seguido son servidos y entregados en la puerta los beneficiarios.

“Todos los usuarios deben venir con tapabocas. Nosotros les tomamos la temperatura para constatar en qué estado de salud se encuentran”, afirmó.

Los almuerzos y las cenas son preparados por cuatro voluntarias del sector. 

Mantilla se mostró preocupada porque con las medidas de aislamiento selectivo las donaciones se redujeron en más del 90 por ciento y no sabe qué va a pasar con las raciones que entrega durante las semanas.

“Estamos preparando diariamente 7 kilos de arroz, granos y grandes cantidades de proteínas como carne, pollo, huevos, verduras y frutas”, indicó.

Para Blanca Graciela Mendoza Jaimes, ayudante de cocina y voluntaria en el comedor, la labor es muy satisfactoria, porque hay gente que de verdad necesita que le den un plato de comida caliente.

“Nos ha ido muy bien. Gracias a Dios y a la señora Liliana Mantilla tenemos el almuerzo y la comida de la tarde. Estoy muy agradecido”, dijo Kevin Aparicio, adulto mayor de Cristo Rey.

Actividades  

La fundación ejecuta procesos transversales relacionados con la asistencia alimentaria, inducción cultural, ecológica y de ayuda a las mujeres vulnerables o que han sido víctimas de maltrato físico y psicológico.

Con Pandemia o sin el virus, la familia Mantilla seguirá en esta tarea de ayudar a los más necesitados del barrio Cristo Rey.

Es una vocación que necesita del apoyo de los pamploneses o de quienes se encuentran en otras regiones del país y el extranjero para que los alimentos no falten y pueda seguir con la labor humanitaria.

Image
La opinión
La Opinión