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Llegaron de Venezuela sin nada, ya son emprendedores y dan empleo

Viernes, 19 de Noviembre de 2021
Los esposos migrantes llegaron a Pamplona, siguiendo la ruta del caminante.

Maritza Alexandra Montilla Hernández y Gustavo Manuel Sayago Arias, son dos migrantes profesionales que con constancia han sabido hacerles el quite a las vicisitudes de todo lo que implica el llegar a una tierra desconocida y con pocos objetos personales.


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Después de caminar desde Cúcuta. Sentir en los pies el fogaje que desprende el pavimento; el cansancio, la sed, el hambre y la incertidumbre de continuar la ruta, llegaron a Pamplona una noche fría y lluviosa de 2019.

Ella después de recibir una taza de agua de panela caliente y un poco de alimento se alojó en el refugio de Martha Duque.

Y Sayago Arias lo hizo en donde Douglas, inmuebles ubicados en el barrio Chíchira, entrada a la ciudad.

De esta manera descansaron, no para seguir el viaje al interior del país, sino para buscar trabajo al día en Pamplona.

Con este propósito se forzaron en empezar una nueva vida, un poco apartados de la localidad de procedencia.

Los primero que consiguieron fue que los emplearan en un restaurante en donde les tocaba lavar los platos, hacer aseo, ayudar en la cocina y ejercer de meseros.

Por el alojamiento y efectuar esas labores, solo tenían derecho a recibir la alimentación diaria. Esa era la paga.

Fueron días duros que tuvieron que soportar. Como la meta no era quedarse estancados, sino explorar nuevas opciones se dedicaron a vender dulces y después consiguieron que les dejaran un restaurante en administración.

Ahí se puede decir que fue el punto de partida para ir mejorando las condiciones de vida y sentirse que la lucha estaba dando resultados. 


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Durante la pandemia aprovecharon el tiempo libre para hacer cursos en el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), sobre procesamiento de frutas y hortalizas, higiene, manipulación de alimentos y seguridad en el trabajo.

Al igual hicieron parte de un programa de capacitación llamado Mujeres Líderes en Emergencia, presidido por una entidad internacional que les facilitó capital semilla en equipos. 

Eso les dio los fundamentos para que empezaran a proyectar un emprendimiento relacionado con la combinación de gastronomía venezolana y colombina.


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Para ello recurrieron a la técnica de deshidratar frutas y verduras con lo cual se dieron a la tarea de producir salsas y sales para adobar carnes, pescados, pizzas y de otros usos en los hogares, restaurantes e industrias.

El emprendimiento

 

Montilla Hernández es odontóloga, nacida en Valencia (Venezuela). Laboró como docente en la Universidad Rómulo Gallegos y ejerció por varios años la profesión de manera independiente.


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“Por la situación en que está pasando el país, decidimos salir de allá. Hicimos la ruta del caminante y así fue como llegamos a Pamplona”, aseguró.

Recuerda que al día siguiente de estar en la ciudad los recibieron en una posada o restaurante en donde por casi cinco meses trabajaron por la comida.

Esta mujer profesional y su esposo, con un catálogo emprendieron la venta por toda la ciudad de dulces, labor que ejercieron durante varios meses. 

En el restaurante las primeras acciones estuvieron relacionadas con la elaboración de mermeladas, pulpas, encurtidos y otras conservas que llevaban el sabor venezolano.

En la actualidad tienen el emprendimiento familiar que llaman “Industrias El Tarantín”, que funciona en una casa del barrio Cristo Rey, en donde generan empleo a mujeres cabeza de hogar.


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Ella tiene los padres en Venezuela, una hermana en Estados Unidos y él un hermano en Perú.
Sayago Arias nacido en Valencia, con decendencia cucuteña. Se desempeñaba en el vecino país como administrador de personal y comerciante.

Ahora está produciendo con sal marina especies deshidratadas, como cebolla, perejil, ajo, zanahoria, tomate, albahaca, tomillo, frutas y otros productos vegetales que combinan con vinos y cerveza negra artesanal. 

“Nuestros productos no contienen ningún conservante artificial, son naturales y llevan nombres relacionados con mezclas y sabores como sal de olivo, manglar, roble y de loto”, afirmó.  

Los esposos tienen la proyección de ir creciendo para que el emprendimiento lo conozcan a nivel regional, nacional e internacional y a su vez generar empleo.

Sobre el por qué decidieron radicarse en Pamplona, afirmaron que por la cercanía con la ciudad de origen y porque además se les abrieron las oportunidades para proyectarse como empresarios.

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Roberto Ospino

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