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Doscientos años de fervor democrático, instituciones e ideas políticas

Domingo, 3 de Octubre de 2021
La vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, también y canciller, se convirtió en la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia de Colombia.

Por: Marta Lucía Ramírez de Rincón, vicepresidenta y canciller

El año 1821 fue el de la unión de los Pueblos de Colombia. Año de reunión del Congreso general y fundacional de la vida republicana de las naciones hermanadas por el anhelo de independencia y libertad, de los hoy pueblos de Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela.

Hace 200 años, una generación entera rompía las cadenas de más de 300 años de vida colonial, para dar forma popular, civil y representativa a la República de Colombia y empezar, desde allí, una institucionalidad y una cultura propia, signada por la libertad. Villa del Rosario hace mérito para tener un honroso lugar en la historia de la humanidad, como cuna de ideas políticas y de repúblicas.

Nunca debe ser trivial para Colombia el legado de la generación que en 1821 construyó una nación de ciudadanos y para ciudadanos, con un gobierno representativo, división de poderes y sometimiento a leyes justas, pertinentes e inclusivas. ¡Allí yacen las bases de nuestras entrañas fervientemente democráticas y vocación institucional!

Seguridad, libertad, propiedad e igualdad fueron los principios que convocaron la unidad de los Pueblos de Colombia, lo cual requirió dar forma a una arquitectura institucional que también otorgara firmeza a los deberes ciudadanos. La República fue creada en su momento, pero la ciudadanía y la cultura política debían madurar, dejar sus vicios y centrarse en las virtudes, las luces y el valor. ¡Ese es un encargo intergeneracional!

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El decirse colombiano era algo nuevo que, en 1821, se comenzó a aprender y que, dos siglos después, se sigue construyendo. Fue el año de reconocerse en Colombia como nación y territorio y, además, empezar a ser ciudadanos para quienes tuvieron el derecho político y para quienes solo tuvieron el derecho social. El 6 de octubre de 2021 el país tendrá la oportunidad de reunirse en libertad y democracia, en el mismo lugar en el que lo hizo hace 200 años el Congreso general. Fue la determinación de los pueblos de Colombia, la que salió victoriosa, impulsada por un proceso que se gestaba desde 1781 y que nos llega a la actualidad.

Hoy, tenemos que admitir nuestros problemas y reconocer nuestras falencias como sociedad, pero debemos, con la misma energía, regocijarnos y enorgullecernos por lo que estamos haciendo para superarlos, y mostrar los logros que paulatinamente hemos alcanzado. Podemos decir con orgullo que hemos logrado consolidarnos en democracia, que hemos dado pasos importantes como Nación, y que tenemos el arrojo y la determinación para encaminarnos hacia el desarrollo con equidad. Incluso, para superar juntos los efectos de la pandemia, que ha causado preocupantes retrocesos en superación de la pobreza.

Esos avances constituyen, de por sí, el legado institucional que desde hace 200 años, se viene forjando mediante esas primeras leyes, que buscaban entre otros, la libertad de partos; la manumisión y abolición del tráfico de esclavos; la libertad de opinión y de imprenta; la contribución fiscal directa; y la extinción del tributo de los indígenas, como algunas de las innovaciones sociales y políticas en el tránsito hacia la libertad y la igualdad. Ahora, nuestro compromiso como la generación del bicentenario, es con la inclusión y la sostenibilidad.

La mujer

En su momento, quedaron inquietantes vacíos frente a la equidad, como la ausencia inaceptable de menciones a la mujer en la Constitución y ambigüedades sobre el ejercicio de la ciudadanía expresadas en la división entre el ejercicio de derechos políticos y derechos sociales. Sin embargo, hace 200 años el Congreso General consideró resaltar en el preámbulo de la constitución, que nacía una nación “que comienza su carrera política y que todavía lucha por su independencia”, quizá como un gesto de humildad y sentido de realidad. Hoy, 200 años después, no somos una nación novata, somos una nación que debe asumir su adultez para construir juntos, entre todos, su mejor versión.

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Considerando la importancia de conocer la historia nacional, durante tres años, hemos avanzado en el proceso de celebración de la independencia nacional, con un alto contenido regional. Recorriendo cada sitio, cada población, cada evento que dio lugar a la Batalla de Boyacá para lograr la victoria militar y continuar hacia la consolidación definitiva de la República por todo el territorio, que en esta memorable ocasión nos lleva a honrar a la que puede ser considerada “Cuna de Repúblicas”.

Por ello, en Villa del Rosario, hemos coincidido en proyectar el Parque Gran Colombiano, como epicentro del turismo histórico y patrimonial. Un lugar de contemplación e inspiración democrática, donde surgieron las ideas políticas e institucionales para la Unión de los Pueblos.

En 2021, en tiempos de pandemia, somos cada vez más conscientes de que la humanidad requiere pueblos unidos para asumir las cuestiones globales. Cada una de nuestras naciones debe integrarse a las demás de nuestra región para superar la inequidad, la exclusión, el calentamiento global y las violencias.

Hoy, quiero compartir con ustedes el anhelo especial para que esta conmemoración sirva de inspiración a las mujeres que liderarán el futuro del país, porque nuestro compromiso, al abrir el telón de este tercer centenario que empieza a escribirse, pasa por la equidad de género y el empoderamiento de las mujeres en la política, la economía y en los diversos escenarios sociales. Esta es una manera de honrar la memoria de tantos héroes conocidos y anónimos, que nos entregaron -algunos a costa de su propia vida- la preciosa bandera de la libertad. Hoy nos corresponde afianzar la nación democrática, justa, educada, pluralista, próspera e incluyente que estamos llamados a ser.

La historia no para, y el 7 de octubre también estaremos conversando sobre el bicentenario del Ministerio de Relaciones Exteriores, que a propósito, nació en Villa del Rosario.

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