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La fórmula que quiere seguir consolidando la paz

Jueves, 24 de Mayo de 2018
Tuvo que lidiar entre exguerrilleros y políticos el cierre de un ciclo de violencia.

Humberto de la Calle Lombana

Es el hombre del tarjetón que decidió apostarle a la paz y jugarse todo su capital por lograr el histórico acuerdo con la guerrilla más vieja del hemisferio, las Farc.

Nació el 14 de julio de 1946 en Manzanares (Caldas), pero a muy temprana edad, esa misma guerra contra la que batalló para ponerle fin, como jefe negociador,  lo desplazó hacia Manizales junto a su familia.

No obstante las dificultades que le tocó enfrentar, se graduó como abogado en la Universidad de Caldas y de inmediato empezó a ejercer su profesión. Después de algunos años se convirtió en juez de Salamina (Caldas) y se vinculó a la academia, primero como profesor universitario y luego como decano de Derecho de la Universidad de Caldas.

Comenzando la década del 70, De la Calle tuvo su primera aparición en el terreno político y público, al ser elegido como concejal de Manizales. Luego fue nombrado secretario de Gobierno de su departamento y tras un breve paso por el sector oficial, volvió a las aulas para ser profesor de derecho constitucional en varias universidades del país. 

Pero fue en 1982 cuando Humberto de la Calle empezó a perfilar su nombre  en el ámbito nacional al convertirse en registrador. De allí dio el salto a la Corte Suprema de Justicia, en donde fue magistrado, después de la conocida toma del Palacio de Justicia por parte del M-19.

En los años 90, luego de haber sido asesor del presidente nortesantandereano Virgilio Barco y consultor de la Organización de las Naciones Unidas, el candidato liberal comenzó a trazar su consagración en la política, luego de que el presidente de la época, César Gaviria Trujillo, lo nombrara como su ministro de Gobierno.

Desde ese cargo, De la Calle tuvo que hacerle frente a uno de los procesos más importantes en la historia reciente del país, el cual marcó un antes y un después en la vida política nacional: la Asamblea Nacional Constituyente que le dio origen a la Constitución Política de 1991.

Allí, como lo hizo en Cuba hace unos años,  también tuvo que lidiar entre exguerrilleros y políticos el cierre de un ciclo de violencia y darle paso a uno nuevo que incluía la libertad de cultos, la diversidad étnica y la creación de la tutela como garantía de defensa de los derechos de los colombianos. También, contribuyó con la apertura de espacios en la sociedad para los desmovilizados de las diferentes guerrillas que decidieron deponer sus armas.

Primera apuesta presidencial

La de ahora no es la primera vez que Humberto de la Calle le apuesta a la Presidencia de la República. En 1993 y en representación del sector político del cual hacía parte César Gaviria, participó en una consulta liberal en la que compitió con Ernesto Samper Pizano, quien no solo se quedó con el aval del partido, sino con la Casa de Nariño.

No obstante, Samper lo invitó a hacer equipo y en 1994 se convirtió en vicepresidente de la República. Tras el escándalo que se desató por el conocido Proceso 8.000, De la Calle renunció dos años después al cargo y se convirtió en un duro crítico del entonces presidente. A partir de ese momento asumió como embajador de Colombia en España. Entre 1998 y el 2000 también fue embajador en Reino Unido. 

A su regreso al país, el presidente Andrés Pastrana lo nombró ministro del Interior, en los últimos años de su gobierno. Y pese a que hoy las diferencias entre Humberto de la Calle y Álvaro Uribe son evidentes, el candidato liberal también hizo parte de su gobierno como embajador de Colombia ante la OEA y presidente de la comisión permanente de ese mismo organismo.

El líder de la paz

Además de haber sido abogado, escritor, diplomático y político, con una amplia influencia del nadaísmo, De la Calle también tiene una importante experiencia como negociador de paz. En 1990, durante el gobierno de Gaviria, participó como vocero en los diálogos con la llamada Coordinadora Guerrillera (Farc, Epl,  Eln, el Partido Revolucionario de los Trabajadores y el Movimiento Armado Quintín Lame), en Venezuela, y posteriormente en Tlaxcala (México). 

Quizás fue esta experiencia la que, en 2012, llevó al presidente Juan Manuel Santos a confiarle el liderazgo del nuevo proceso de paz con las Farc que cuatro años más tarde concluyó con un histórico acuerdo que puso fin a una confrontación de más de medio siglo.

Aunque al término de aquella negociación, De la Calle aseguró que no buscaría una candidatura presidencial, hace un año el exjefe de la delegación oficial en La Habana empezó a dar luces sobre su nuevo proyecto y en agosto lo confirmó. Inicialmente, planteó la posibilidad de hacerlo por firmas, pero tras una dura puja en el interior del liberalismo aceptó ser precandidato y se alzó con la victoria en la consulta interna de noviembre de 2017, convirtiéndose en su candidato oficial.

Si bien para muchos, Humberto de la Calle goza de un perfil de estadista, que lo convierten en un aspirante idóneo para llegar a la Presidencia, su apuesta por la paz le ha significado un alto costo político. 

Clara López Obregón

La exdirigente del Polo Democrático es quien acompaña a Humberto de la Calle en su lucha por conquistar la Presidencia de la República y así poder seguir consolidando la paz en Colombia.

Nacida el 12 de abril de 1950, Clara López Obregón es hija de Álvaro López Holguín, primo del  expresidente Alfonso López Michelsen, y de Cecilia Obregón, prima del artista Alejandro Obregón. 

Estudió economía en la Universidad de Harvard. Allí, su interés por la política se hizo evidente cuando empezó a conformar los grupos que se oponían a la guerra de Vietnam. Apareció en el escenario nacional en la presidencia de su tío Alfonso López Michelsen  cuando fue nombrada como  secretaria de asuntos económicos (1974-1978). Tuvo afinidad con el Nuevo Liberalismo que lideraba Luis Carlos Galán y por este partido fue concejala de Bogotá, en 1984. 

Su incursión en la izquierda se debió al apoyo que le dio a la candidatura de Jaime Pardo Leal, de la Unión Patriótica, movimiento al que perteneció su esposo, Carlos Romero. En 1988 representó a este partido en la candidatura por la Alcaldía de Bogotá, contienda en la que triunfó Andrés Pastrana. 

Ocupó cargos en la academia y asesoró a entidades del Estado. En 2002 fue nombrada auditora General de la República y en 2006  se lanzó a la Cámara de Representantes por Bogotá, en nombre del Polo Democrático, pero no le alcanzaron los votos.

Luego de asesorar a Samuel Moreno para su campaña a la Alcaldía, fue nombrada como secretaria de Gobierno, en donde defendió la administración. Renunció a este cargo, para ser fórmula vicepresidencial de Gustavo Petro, en 2010. 

En 2011 se convirtió en presidenta del Polo Democrático,  y fue designada como alcaldesa encargada  por Juan Manuel Santos, tras el escándalo de corrupción que rodeó la alcaldía de Moreno. 

En 2012, fue elegida  de nuevo como presidenta del Polo y se convirtió en una dura crítica de Gustavo Petro. Dos años después decidió someter su nombre a la Presidencia de la República en representación del partido de izquierda, junto con Aída Bella, de la UP, ocupando el cuarto lugar con cerca de dos millones de votos.

Para la segunda vuelta presidencial, López decidió apoyar al presidente Juan Manuel Santos en su reelección, bajo el argumento de su defensa por la paz, lo que le mereció una lluvia de críticas, pues hasta ese momento el Polo era el principal partido de oposición al Gobierno.

Desde entonces, las relaciones con su partido empezaron a resquebrajarse y llegaron a su punto límite cuando, en 2016, fue invitada por el presidente a ser parte de su gabinete como ministra de Trabajo.  Esto significó su salida del PDA.

El año pasado anunció su intención de volver a aspirar a la Presidencia y creó el movimiento Todos Somos Colombia, con el que empezó a recoger firmas para avalar su aspiración. Después de un intento fallido por concretar una alianza con Gustavo Petro, Carlos Caicedo y Humberto de la Calle, Clara López declinó su aspiración y se convirtió en la fórmula del aspirante liberal.

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