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Pedagogía de la paz llega a más cucuteños

Miércoles, 14 de Septiembre de 2016
Estudiantes, docentes y público en general reflexionaron en torno a la paz y conocieron algunas claves de los acuerdos.

“Mi nombre es Liceth. Mi abuelo era líder comunal, en El Copey, Cesar. Todos sabían que la guerrilla se lo iba a llevar, y aunque mi abuela pidió que no se lo llevaran, desapareció. 

Tenía un reloj de esos que funcionaba con el pulso. Cuando lo encontraron muerto, a tiros en el monte, mi abuela supo la hora en la que murió, porque se detuvo el reloj. Eran las nueve y media…”

El relato de Liceth fue escuchado en silencio por más de un centenar de jóvenes, durante un encuentro organizado por el Pnud y la Alta consejería para el posconflicto, del proyecto La conversación más grande del mundo, en la UFPS.

Con dinámicas alusivas a la guerra y la paz, preguntas, reflexiones y un diálogo abierto entre estudiantes, víctimas directas e indirectas, los jóvenes reconocieron que se puede dudar de la paz, cuestionar, contar experiencias, pero también entender que hay expectativas con los acuerdos de La Habana, que superan el miedo y la venganza.

“Un tío no superó el trauma y quiso vengarse. Trató de entrar a la Policía pero estaba enfermo y no pudo. Luego, lo reclutaron los paramilitares y no volvió”, continuó Liceth. “Mi abuela habló con un comandante de la guerrilla; le dijo no haber dado orden de matar al abuelo. Yo quiero que mi tío, esté vivo, o muerto, vuelva a la familia”.

Enseguida intervino Carlos, quien no dijo su apellido, otro joven estudiante oriundo de Ocaña, pero cuya familia es de Guamalito.

“Mi abuelo llevaba gente, campesinos, desde y hacia Ocaña. Un día lo detuvieron paramilitares para que los llevara y se negó. Lo fusilaron y mi padre creció sin él.

A los seis años, viví la masacre de Guamalito. Los ‘paras’ iban casa por casa matando gente. Al otro día, nos levantamos a recoger cadáveres. El Ejército solo se escondía, porque eran tantos que no podían hacer nada”.

Un sonoro aplauso opacó los murmullos de quienes cuchicheaban en la parte trasera del auditorio, donde una pancarta resaltaba en la pared, con una pregunta: ¿Cómo se siente frente al proceso de paz?

Varios de los asistentes pegaron los papeles con las respuestas, representadas en pequeños rostros y una que otra frase.

En su mayoría, había caras tristes y enojadas, confundidas, y acompañadas de pocas manifestaciones de confianza.

Voceros del Pnud afirmaron que los jóvenes están inquietos por enterarse del proceso, y que desean conocer más a fondo de qué trata el acuerdo que hizo el Gobierno Nacional con las Farc.

Sin embargo, el objetivo del encuentro no era favorecer la votación por el plebiscito, sino propiciar espacios de diálogo con la intención de que los jóvenes sean multiplicadores de la paz.

“Llevamos más de una hora conversando, sin discutir, sin matarnos”, dijo uno de los participantes. “Si le metemos ciudadanía a este cuento, funciona. Si habláramos de políticos y partidos, no”.

Para la mayoría de jóvenes fue positivo entender que la firma del acuerdo con las Farc sirve como oportunidad de conversación, siendo víctimas de uno u otro grupo armado, o apenas espectadores.

Al final, los mensajes coincidieron en darle una oportunidad a la paz, al margen de los acuerdos, sino dando relevancia a la resolución de las discrepancias y debates, sin violencia.

“Siento que replicamos muchos mensajes de odio, todos los días, y son mensajes que vienen de personas que solo quieren venganza”, concluyó Liceth. 

Mientras, Carlos comentó que cuando ha ido a su pueblo, y pregunta por la paz,  encuentra a la gente diciendo “que quiere que el conflicto se acabe... Es que ya no queremos levantarnos a recoger más cadáveres...”

Funcionarios públicos se unen al debate

Sebastián Guerra, delegado de la Oficina del Alto comisionado para la paz, fue invitado también a la Universidad, pero con una charla dirigida a funcionarios públicos sobre su rol en el proceso de paz.

Según el experto, “los servidores tenemos la obligación constitucional de divulgar información y debemos disponer de los canales para informar a la ciudadanía”.

“De cara a la implementación de los acuerdos, si así lo decide la ciudadanía, tendremos un papel esencial, que no implica ningún castrochavismo rural”, enfatizó. “ Al profundizar en los acuerdos, uno se da cuenta de que hay una transformación para que haya más Estado en las regiones”.

Si bien reconoció que hay posturas diversas y cierto grado de polarización, en los recorridos y diálogos con la comunidad se comprueba que falta información. 

“Puede haber posturas diversas pero no estamos de acuerdo con la apatía”, dijo. “Vamos a tomar una de las decisiones más importantes de nuestra vida y no podemos mantenernos al margen”.

Señaló además la importancia de que los ciudadanos aprovechen las instancias de participación, veeduría y control ciudadano, y vigilancia de los recursos, que se abrirán.

Así mismo, pidió a los funcionarios públicos y alcaldes de Catatumbo generar espacios de diálogo y conocimiento de los acuerdos, “porque los acuerdos se hicieron para ciudadanos como los que viven allí”.

Alberto Sarmiento, presidente de la Asociación de profesores de la UFPS y participante en el encuentro, expresó que “se necesita información clara y veraz para que las opiniones no les ganen a los argumentos”.

“Necesitamos otra historia, dejarnos asombrar por lo que trae la paz, porque ya sabemos qué implica la guerra”, dijo, señalando que aún falta involucrar a la gente del común en estos encuentros.

La Opinión