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Domingo, 13 Octubre 2019 - 3:57am

Una mirada a los programas de gobierno de los candidatos a la Alcaldía de Cúcuta

El próximo 27 de octubre, se conocerá el nuevo mandatario de los cucuteños para los próximos cuatro años. 

Archivo La Opinión
Los candidatos que aspiran al Palacio Municipal son doce. Dos de ellos, Bautista y Donamaris, son exalcaldes.
/ Foto: Archivo La Opinión

Con la intención de analizar las candidaturas a la Alcaldía de Cúcuta, me leí todos los programas de gobierno tal y como figuran en la Registraduría, y me vi los videos que, sobre cada candidato, ha hecho con buen juicio y algo de humor crítico La Opinión. 

Como siempre, parto de la premisa básica que es más importante la credibilidad y la confianza de quien lo dice, que lo que se dice. Sin embargo, lo que se dice puede reforzar o debilitar este primer criterio de análisis. Aunque sabía que me iba a encontrar con muchos deseos, más que con políticas y proyectos, no pensé que esos programas fueran tan áridos, por su ausencia de materia y falta de sustancia: me sentí atravesando el desierto, y costó trabajo acabar la lectura.

Tenemos una docena de candidatos, pero anticipándome, hay mucho que desechar y muy poco que escoger. Debo aclarar que no tengo relaciones de amistad o negocios con ninguno de ellos, ni milito en ningún movimiento o partido, y que a la mayoría de los candidatos no los conozco personalmente. 

Todos, y yo estoy de acuerdo con ellos, mencionan que estamos viviendo una de las épocas de mayor estancamiento de la ciudad, pero sus programas, en una aplastante mayoría, no se corresponden con esta realidad. 

De los doce, dos ya fueron alcaldes, y a fe que no lo hicieron nada bien. No nos quedan sino diez, diez, diez. De los diez que me quedaban, dos son seguidores del modelo estatista, con el cual la mayoría del país no comulga, por lo que los descarto. No me quedan sino ocho, ocho, ocho. 

De los ocho que me quedan, cuatro, el candidato continuista con aval de Cambio Radical, la U y otros, dos exconcejales apoyados por los partidos Liberal y Conservador, respectivamente, y el candidato cristiano, vienen de las administraciones locales o los cuerpos colegiados legislativos, que al igual que los exalcaldes, han sido corresponsables de no haber hecho lo que hoy prometen, por lo que no hay prueba objetiva de que ahora si la vayan a hacer, lo que nos deja solo con cuatro, cuatro, cuatro. 

De los cuatro que me quedan, uno es un empresario del transporte que usó sus buses para campañas, violando incluso regulaciones electorales, y el otro, candidato del MAIS, renegado del proceso del cambio democrático, son más bien aventuras vanidosas de poder. 

No me quedan sino dos, dos, dos; otro empresario serio, ganador del proceso del partido Centro Democrático, que como casi todos los empresarios del país que fueron víctimas de las guerrillas, cuando se protegieron de sus extorsiones, secuestros y bombazos, fueron acusados de paramilitarismo, y el candidato apoyado por la Alianza Verde que es también un renegado del proceso del Centro Democrático, dando muestras de incoherencia ideológica, pero que cuenta con el apoyo de la mayoría de la clase empresarial de la ciudad, y ha sido él mismo empresario y líder gremial. 

Por perfil personal, estas serían mis dos opciones. 

Los programas

Para el segundo criterio de análisis, los programas, debo expresar que ningún programa es un desarrollo integral, totalizador, coherente en todas sus partes, y con clara respuesta a los problemas que tenemos.

Son, en el mejor de los casos, algunos proyecticos buenos sin definición de financiación. La mayoría sigue un formato de ejes programáticos subdivididos en estrategias, tipo cartilla DNP, que cada uno aplica como quiere. 

Aclaremos términos. Un programa es un conjunto coherente de políticas y planes orientados a lograr uno o varios objetivos. Un plan o eje programático, son las divisiones mínimas en que un programa se puede dividir para su mejor entendimiento. Las estrategias son las líneas conceptuales generales de cada plan que permiten alcanzarlo. La táctica o proyecto es el producto final con el que se busca materializar el programa. 

En casi todos los programas, las estrategias se mezclan con proyectos o con simples ideas o declaraciones, haciendo difícil seguir un hilo conductor. Algunos, incluso, presentan incoherencia entre los ejes programáticos y las estrategias, la visión y los ejes programáticos, y algunos son totalmente incoherentes. 

La mayoría adolecen de concreción, y se vuelven discursos de deseos, o sueños, y hay unos que francamente no dan para darles el nombre de programa, como veremos adelante. 

Los errores conceptuales son comunes, como separar las propuestas de desarrollo de infraestructura de transporte de la planificación territorial, o considerar la seguridad como algo secundario, o confundir lo ambiental con el ornato urbano, o creer que el emprendimiento es cuestión de capacitación, o que con la nueva era digital, la infraestructura física deja de importar.

Y la aplastante mayoría cree en que el Estado lo debe dar todo y no en que sus administradores púbicos deberían establecer las bases del desarrollo, sobre las cuales los ciudadanos se desarrollen. O consideran que el desarrollo trae la infraestructura y no que la infraestructura trae el desarrollo. 

En ningún programa se ve un real modelo de desarrollo para una ciudad que perdió su eje de generación de riqueza económica hace mucho tiempo. La casi totalidad, como no pueden definir un modelo real de desarrollo económico, recurren a apelar al emprendimiento como una especie de panacea económica, cuando se sabe que el 50 % de las empresas fracasan en el primer año. 

Prácticamente, en ningún proyecto se estipula su fuente de financiación, y menos aún, de donde se obtendrían los recursos de operación y mantenimiento. 

Las propuestas, en detalle

Continuando con el análisis de las candidaturas a la Alcaldía de Cúcuta, considero que los dos exalcades desconciertan por lo superficial de sus propuestas. 

El candidato Bautista tiene un programa de las mil y una noches: todo magia. Habla de lo divino y de lo humano, tranvías, trenes, terminales, bibliotecas, y hasta centros comunales con piscinas olímpicas; al terminar de leerlo a uno le queda claro, que lo que él tiene claro es que quiere ser alcalde. 

El de Donamaris es un programa más propio de una secretaría de recreación; es un programa lúdico donde destacan, fiestas, ferias y espectáculos. Pero este programa en particular tiene algo que a mí me preocupó. En la parte de realizar presupuestos con participación comunitaria, plantea un rubro presupuestal para repartir entre ediles y presidentes de juntas de acción comunal, para que dispongan de “recursos” para plantear proyectos. Es un camino peligroso, y sin retorno, ese de la repartición presupuestal, más aún en la alcaldía de nuestra ciudad.

Los dos candidatos de izquierda no defraudan en sus conceptos estatistas, aunque se destaca, de lejos, el candidato de Petro y de las Farc. El programa de este último adolece de bipolaridad y de trastorno límite de la personalidad. 

La bipolaridad surge porque en su programa no se sabe qué estrategia es para la Alcaldía y cuál para la Gobernación. Un ejemplo basta: propone poner maquinarias en todas las provincias del departamento que se usen para infraestructura o socorro. El trastorno límite de la personalidad es que no sabe los alcances legales de un alcalde y usurpa funciones del Estado nacional. 

Otro ejemplo basta. Plantea cambiar todo el pénsum escolar para orientarlo a la formación del “hombre nuevo”. Esto además tiene un olorcito a fascismo preocupante. Hitler buscó eso, crear un “hombre nuevo”, un sujeto al servicio de un estado ideológico, propiedad de este, sin libertad personal ni vínculos afectivos que lo hicieran dudar de su pertenencia al estado. ¿Eso será pensamiento de Gustavo Petro, o será cosecha local? 

Para el candidato del Polo, el énfasis es en lo comunitario y el control ciudadano; de generación de riqueza, pocón.

El candidato continuista y que las encuestas dan como favorito, tiene un programa que los gringos llaman “top-down”, que significa una planificación que surge de lo nacional y a la cual se pliega lo local. 

El candidato plantea hacer lo que dice el Plan de Desarrollo del Gobierno Nacional. Es bueno saber que la tendencia mundial es a la planificación “down-up”, que surge en las regiones y se consolida en el centro. El programa de gobierno del continuismo es más de lo mismo. 

Trae algunos proyectos interesantes, pero sin un concepto central, es difícil medir su impacto. Y trae algo que no me queda claro, y es que el programa Mi Plante, que aspira a dar capital semilla para emprendimientos seleccionados, cuya selección estará a cargo de profesores del Sena y universidades. ¿Son los profesores del Sena empresarios, para valorar proyectos empresariales? 

No todo el que estudia administración de empresas y se especializa en finanzas es empresario. Es más, usualmente son empleados. Las iniciativas empresariales deben ser valoradas por empresarios, a menos que lo que se quiera es ganar el voto del profesorado. 

El programa del candidato liberal es muy por el estilo del programa continuista, incluso comparten proyectos, aunque con un perfil algo populista, y no tan concreto. No es sorprendente, después de todo, los partidos Liberal y Conservador siempre son parte de la coalición de gobierno; esa es su mayor coherencia. 

Increíblemente, en su programa no figura la “ideota” que tanto ha sacado en su campaña de volver a Atalaya un municipio, atomizando aún más el área metropolitana de Cúcuta.

En cuanto al Conservador, su programa de gobierno es bastante más general que el continuista y el liberal. Cosa curiosa, propone volver a los agentes de tránsito. Bastante gaseoso, nada concreto y es más bien un manifiesto de buenas intenciones mal escritas. 

Y en cuanto al candidato cristiano apoyado por Colombia Justa Libres, más que un programa es una declaración de principios. Tiene una fe profunda en la recuperación de una Venezuela “rica”, atendida por una Cúcuta industrial, que parte de una premisa muy difícil de comprobar, y de una visión de ciudad que jamás ha existido. Es un error conceptual pensar que la industria se puede desarrollar sin costos de transporte y servicios públicos competitivos. Cúcuta adolece de ambos. Manifiesta que la economía será “impulsada” por el alcalde, típico de alguien que piensa que el Gobierno debe hacer todo. 

No es un programa coherente, sino una serie de declaraciones de buenas intenciones, lleno de errores conceptuales. Habla de una Cúcuta bendecida que se levantará en Gloria; casi digo amen, pero creo que por ahí no es el camino.

El programa del candidato empresario del transporte, inscrito por firmas, es otro cuya conclusión es que se centra en que quiere ser alcalde. No es un programa como tal, sino ideas sueltas, y no sorprende que se sienta cómodo con el modelo de transporte actual, a diferencia de la mayoría de la ciudadanía. Trae la propuesta exótica de hacer una universidad en Atalaya, tal vez, buscando votos. 

El candidato del MAIS, y quemado del proceso de escogencia del Centro Democrático, no tiene un programa de gobierno, ni siquiera una declaración de buenas intenciones, sino una lista de mercado totalmente incoherente. Es otro del que se sabe únicamente que quiere ser alcalde. 

Pero trae su programa, además, una perla: propone, como hizo Petro cuando fue alcalde de Bogotá, hacer una empresa pública de aseo que compita con las áreas ya concesionadas, nombrando como Petro, empleados a todo costo y trayendo equipos usados. Los camiones recolectores chatarra de Petro reposan en Cúcuta. ¿Será que los vio y se le ocurrió la idea?

Gelvez y Yáñez

Por último, están los programas de gobierno del candidato del Centro Democrático y del empresario por firmas Jairo Yáñez, apoyado por el partido Alianza Verde.

El programa del candidato del Centro Democrático adolece de los mismos defectos de generalidad de casi todos, pero se le nota trabajo, como sucede con el del candidato continuista, aunque hay cosas que lo diferencian de los otros programas, de manera importante. 

A diferencia del candidato cristiano que prefiere los indicadores cualitativos a los cuantitativos, Gelvez prefiere lo contrario, siguiendo el principio de Porter, que lo que no se mide no es gestionable. Define 29 vectores problema con 136 indicadores, lo que muestra un intento de gestión más moderna. 

Un segundo tema que aborda y que ninguno de los que llevan años vinculados al servicio público han siquiera mencionado, es el de la reestructuración de gastos y de estructura del ente municipal, evitando el despilfarro burocrático; que el Concejo Municipal lo quiera acompañar en esa labor, es otra historia. 

Y la tercera particularidad, es que es el único que plantea tratar las comunas como celdas urbanas polifuncionales, cada una de las cuales debería contar en ellas, con los principales servicios financieros, de salud, educación, esparcimiento, por nombrar algunos, que permita a sus residentes, reducir tiempos y costos de movilidad, y generar mejor tejido social. 

Aunque esto es una parte mínima y totalmente aislada de lo que es una verdadera planificación del territorio, que es donde finalmente se deben reflejar las políticas implementadas, y donde con seguridad se verán las no implementadas, es el único que menciona el tema. 

El error conceptual de fondo se muestra al observar que los programas de gobierno trabajan por separado los subsistemas de ciclovías, los ambientales, los lugares de esparcimiento, las áreas industriales, los sistemas masivos de transporte urbano o la red vial, y un gran etcétera, los cuales, en realidad, interactúan como redes sobre el territorio. 

Esto ha obligado a que la planificación urbana sea una labor continua y de carácter metropolitano, apoyada por sistemas muy fuertes de captura y procesamiento de información.

Lograr esto requiere, como decía Jean Paul Sallenave, saber, saber hacer y hacer; es decir, se necesita conocimiento, técnica y experiencia, y sobra decir que en ningún programa se ven estas competencias.  

Finalmente, el programa del empresario avalado por la Alianza Verde, quien también viene del proceso del Centro Democrático, del que se retiró, y brinco sin línea de coherencia a los rojiverdes, al igual que los demás, cae en generalidades y declaraciones, pero tiene también una diferencia crucial con los anteriores. Este programa entiende que la infraestructura de conexión competitiva de Cúcuta con el país, y en especial con sus costas, es el camino para recuperar el modelo de desarrollo de centro logístico que Cúcuta tuvo en su mejor época histórica: la de la sociedad del tren de finales de siglo XIX y la primera parte del XX. 

Y aunque algunos nombran el tren, y solo lo nombran, únicamente este programa tiene una propuesta real sobre él. Ese concepto de una conexión de transporte realmente competitiva es, como lo exige la geografía y lo muestra la historia, el camino para una visión de ciudad, pero a este proyecto propuesto, en lo particular le tengo mis reservas. 

La idea del tren es lograr un concepto de ciudad, más que hacer un tren, por lo que no estoy de acuerdo con plantear la misma ruta que no se hizo hace un siglo. Entiendo que este proyecto se ha basado también en recuperar patrimonio histórico, pero no se pueden obviar 100 años de historia en los que el mundo cambió radicalmente.

En primer término, nuestra salida natural al Caribe es por Venezuela, Maracaibo específicamente, y teniendo en cuenta que estos proyectos férreos son de largo plazo, hay que considerar que, en algún momento en el mediano plazo, Venezuela reiniciará su reconstrucción. 

A principios del siglo XX, China era un país campesino pauperizado y cuasi colonizado por Japón. Corea era un arrozal, Singapur un moridero y Asia, en general, una región más pobre que América Latina. Hoy, un siglo después, Asia es el motor económico del planeta, y es a lograr esa salida a lo que deberíamos apuntar. 

Por eso, la línea férrea por el Catatumbo a salir a la Gloria, el trazado que no se hizo hace un siglo, no parece lo más lógico. En cambio, una salida por Ocaña, nuestra segunda ciudad del departamento, tanto tiempo aislada, nos llevaría al puerto de Gamarra, el más importante del río Magdalena, que permitiría el uso de transporte fluvial al caribe, más económico aún que el férreo, pero también nos permitiría buscar la conexión férrea por Buenaventura, o mejor aún, por el Urabá antioqueño hacia Bahía Cúpica. 

Es un proyecto para capital extranjero, no para hacerlo con recursos nacionales, y tiene además de valor económico, valor estratégico. La técnica hoy es más importante que hace un siglo. No se puede en el siglo XXI utilizar locomotoras a carbón o a diésel, por razones ambientales, sino locomotoras eléctricas, que además son mucho más eficientes, y es el gran desarrollo actual, en trazados de montaña. La línea de alta tensión existente es la que entra desde Ocaña por Sardinata, y el trazado Tibú-El Tarra no cuenta con esta infraestructura.

El programa también plantea la creación de una oficina de estructuración de proyectos, para poner en blanco y negro los proyectos para atracción de capital de inversión; solo propaganda, como plantean los demás programas, es seguir haciendo lo mismo que se ha hecho, para no lograr nada. Tampoco estoy de acuerdo en que sea una oficina pública dependiente de la Secretaría de Desarrollo, sino una alianza empresa-gobierno, pero por ahí es la idea.

En concreto, y es solo mi opinión por lo explicado, estas dos serían las candidaturas que mejor reorientarían la ruta que lleva la ciudad. Y aunque muchas de las ideas que manejan son todavía muy incipientes, la confianza que inspiran estos candidatos, permitiría pensar que en un eventual gobierno de ellos, se podría empezar a estructurar un verdadero programa de ciudad que nos deje en la ruta de un futuro difícil, pero realmente planificado.

Candidatos

-Carlos Eduardo Mayorga Ayala. Colombia Humana-UP: “El programa adolece de bipolaridad y de trastorno límite de la personalidad”

-Cristian Alberto Buitrago Rueda. Colombia Justa libres: “(…) más que un programa tiene una declaración de principios. No es un programa coherente, sino una serie de declaraciones de buenas intenciones”.

-Jorge Acevedo Peñaloza. Todos por Cúcuta, Cambio Radical y La U: “El programa de gobierno del continuismo es más de lo mismo. Trae algunos proyectos interesantes, pero sin un concepto central, es difícil medir su impacto”

-Iván Javier Gelvez Jiménez. Centro Democrático: “Adolece de los mismos defectos de generalidad, pero se le nota trabajo, como sucede con el del candidato continuista, aunque hay cosas que lo diferencian de manera importante”.

-Jaime Ricardo Marthey. Partido Liberal: “(…) es muy por el estilo del programa continuista, incluso comparten proyectos, aunque con un perfil algo populista, y no tan concreto”

-Juan Carlos Rosas Villamizar. MAIS: “No tiene un programa de gobierno, ni siquiera una declaración de buenas intenciones, sino una lista de mercado totalmente incoherente”.

-Víctor Fidel Suárez Vergel. Partido Conservador: “Un programa bastante más general que el continuista y el liberal. Bastante gaseoso, nada concreto y es más bien un manifiesto de buenas intenciones mal escritas”

-Hernando Acevedo Liévano. Alternativa Democrática: “No es un programa como tal, sino ideas sueltas, y no sorprende que se sienta cómodo con el modelo de transporte actual”.

-Jairo Tomás Yáñez Rodríguez. Alianza Verde: “Este programa entiende que la infraestructura de conexión competitiva de Cúcuta con el país y sus costas, es el camino para recuperar el modelo de desarrollo”

-Donamaris Ramírez. ASI: “Es un programa más propio de una secretaría de recreación; es un programa lúdico donde destacan fiestas, ferias y espectáculos”.

-Luis Enrique Rivera. Polo Democrático Alternativo: “Para el candidato del Polo, el énfasis es en lo comunitario y el control ciudadano; de generación de riqueza, pocón”

-José Fernando Bautista. Ciudadanos por el Cambio: “Tiene un programa de las mil y una noches: todo magia. (…) al terminar de leerlo a uno le queda claro, que lo que él tiene claro, es que quiere ser alcalde”.

Por: Manuel Guillermo Camargo Vega/ Ingeniero civil de la Universidad de los Andes, con 30 años de experiencia a nivel técnico y gerencial en empresas de gas natural. Consultor energético nacional e internacional y miembro de juntas directivas del sector energía y gas, en Colombia y Perú. Es columnista de La Opinión.

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