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Especial | El Carmen de Tonchalá es territorio solidario (II)

Sábado, 11 de Septiembre de 2021
¿Sabía que la comunidad es dueña de su propio cementerio y no deben pagar por enterrar a sus difuntos?

Un motivo de orgullo para los habitantes de El Carmen de Tonchalá es poder decir que son dueños de su propio cementerio. Allí habitan tumbas con más de 100 años, como la de la señora Matilde Molina, fallecida en marzo de 1921, cuya lápida de piedra tallada poco a poco borra sus letras con el paso del tiempo.

Otras tumbas de igual antigüedad y mismo material fueron robadas cuando el camposanto local permanecía abandonado, fue por eso que hace seis años un grupo de cinco vecinos se congregaron para integrar el comité de cuidado y mantenimiento.

Reviva la primera parte: Especial | El Carmen de Tonchalá, la cuna de Cúcuta (I).

Luis Emilio Pereira Lozada es uno de los integrantes y trabaja junto con la comunidad en el proyecto de la construcción de la capilla para, a futuro, hacer las exequias de sus difuntos allí mismo.

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“Me encargo de mantener limpio y embellecer las tumbas. Siempre estamos pendientes de invitar a la gente cuando vamos a hacer paseos para recaudar fondos y poder ampliar el cementerio”, dijo Pereira.

Aunque el camposanto fue cercado y reducido para la década de los 70, cuando muchos habitantes empezaron a irse y los que quedaron notaron que eran pocos los fallecidos, una de sus proyecciones es volver a ampliarlo a su totalidad, que supera el doble del encerrado actual.

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La idea de los locales es construir bóvedas, resteros y que la estatua de la Virgen del Carmen y la capilla queden dentro de los límites, para que el cementerio se convierta en el patio trasero.

La administración municipal les ha socializado en varias oportunidades la idea de tomar las riendas del lugar, pero la comunidad rechaza la propuesta en cada oportunidad, porque temen que, al dar el sí, se pierda su carácter solidario y comiencen a cobrarles por las exequias.

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“Cuando necesitan enterrar a alguien, a los del comité son a quienes nos buscan para el permiso. Como esto es de la comunidad, la misma gente consigue los materiales y no deben pagar nada. Si es en tierra, buscan quién les haga el hueco, porque acá no tenemos sepulturero”, relató Pereira.

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En caso de que los dolientes no posean los recursos económicos para hacer el entierro, los vecinos se unen en la causa para aliviar el gasto funerario. En solo un par de horas, ya la bóveda está lista.

“Es un cementerio tranquilo y, gracias a Dios, sin historias de apariciones. Somos unidos como comunidad siempre que alguien lo necesite”, concluyó Pereira.

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Una Casa de la Cultura con muchas necesidades

Julio Niño llega cada día desde el barrio Belén en su moto. A las 8:00 de la mañana abre las puertas del único lugar que se ha convertido en el encuentro de los más pequeños con la historia, la cultura y la academia.

No más de doce niños al día visitan el espacio, pero, los pocos que lo hacen, fielmente esperan el arribo de Julio, quien propone la decoración, actividades y programas para la semana.

La biblioteca presta servicios como referencia, consulta en sala, acceso a internet, promoción de lectura y cultura, alfabetización digital, cineclub y club de lectura individual y compartida.

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“Es un lugar muy abandonado, no tenemos agua, hay muchas goteras, las paredes están sopladas y a veces no hay material para hacer actividades con los niños”, declaró Julio con nostalgia.

Aun así, esto no detiene a Niño de continuar con su labor, ayudarlos con sus tareas y llevar alegría a pequeños como ‘Pipe’ Mora y Maibi Maldonado, dos de los más fieles visitantes, apasionados por la pintura y la lectura.

“Para hacer un taller debo tener máximo diez niños, en este momento estamos haciendo una decoración a la biblioteca y haremos las bolsitas para jugar al amigo secreto”, comentó el promotor.

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Además, una presunta invasión al patio trasero de la Casa de la Cultura genera malestar en la comunidad. Antes el espacio era utilizado para actividades físicas y de esparcimiento, pero, una vez fue tomado y sellado con rejas, candado y cadenas, hace tres años, no han logrado desapropiarlo.

Gonzalo Niño, corregidor de El Carmen de Tonchalá, señaló que ya está marchando un proceso sobre el caso y esperan que para fin de este año se haya podido discernir la situación.

 

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A la espera de vacunas

Esperanza Orozco es promotora de salud en el corregimiento desde hace 20 años, lo que le ha permito seguir de cerca los avances en los esquemas de vacunación.

“Reporto eventos y hago vigilancia a la salud pública. Aquí hemos reportado varicela, sarampión, rubeola y casos de COVID-19”, explicó Orozco.

Debido a que la vacunación contra el coronavirus no se ha llevado hacia allí, los habitantes se han desplazado hacia sus centros de salud en Cúcuta para recibir las dosis.

“Siempre nos dicen que ya vienen las vacunas, pero nunca sabemos cuándo, es algo que realmente necesitamos porque se han reportado casos, y hasta el día de hoy mantengo un listado de 106 personas esperando la primera dosis”, dijo la promotora.

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A la fecha, se está organizando un censo para determinar cuántas personas hacen falta por vacunar y poder llevar hacia allí al personal adecuado.

Situaciones como estas son las que hacen añorar a los residentes del corregimiento los tiempos pasados, cuando el puesto de salud aún funcionaba, hasta que se cerró hace 15 años, junto con otros 25 de Cúcuta.

Hoy, las viejas instalaciones son ocupadas por la Junta de Acción Comunal, pero añoran con que se les construya un salón múltiple propio y digno donde la comunidad pueda reunirse y se presidan reuniones de interés general.

Sede deportiva

Este año, El Carmen de Tonchalá será sede de los juegos intercorregimientos, que se celebrarán a finales de octubre, una apuesta en la que concentran las esperanzas de reactivación económica y turística de la localidad.

“Aquí estarán concentrados los diez corregimientos de Cúcuta para participar en las diferentes actividades deportivas que tenemos programadas, la invitación es a que nos visiten y conozcan las bellezas que tenemos para mostrar”, manifestó el corregidor.

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Ronaldo Medina
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