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A la cárcel, sin ningún beneficio, por atentado en Cúcuta

Lunes, 10 de Enero de 2022
Los presuntos responsables de las maletas bomba en el Camilo Daza están en prisiones de máxima seguridad.

Aunque la investigación sobre el atentado del pasado 14 de diciembre en el aeropuerto de Cúcuta, que adelantó la Policía en asocio con la Fiscalía, fue compleja, los hombres de la Dijín lograron tener resultados en tiempo récord. Trece días después del hecho, capturaron a los presuntos responsables. Hoy le traemos la segunda parte de cómo se dieron las pesquisas.

Mientras unos investigadores vigilaban sigilosamente las viviendas que habían alquilado los presuntos responsables del hecho, otros se dedicaron a hablar con los vecinos alrededor y fue así como lograron obtener otros detalles importantes, que les sirvieron para seguir alimentando las indagaciones.


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Uno de esos datos fue que el pasado 13 de noviembre, tres hombres y una mujer, de los sospechosos, llegaron a arrendar la casa ubicada en la calle 16 entre avenidas 4 y 5, del barrio Aeropuerto, “luego de mirarla, decidieron que se quedaban con ella y le dieron $380.000 en efectivo, por el mes, al propietario”, señaló la Fiscalía.

Las autoridades conocieron que cuando llegaron a vivir, solo traían unas colchonetas y dos carros para vender gaseosas. Además, que en repetidas oportunidades los vecinos vieron a esas personas sentadas afuera de la casa, tomando cerveza y que salían y entraban constantemente.

“Para el 12 de diciembre y sin haber despertado alguna sospecha, esas personas entregaron el inmueble. Ese día entregaron las llaves de la vivienda y le dijeron al dueño: ‘Dios lo bendiga’. Luego se fueron”, contó el ente investigador.

En Los Patios abandonaron varias cosas de la banda.

Los ‘sabuesos’ de la Dijín al conocer esto y no encontrar nada más raro en esa vivienda, decidieron dedicarse a la otra, que está en la calle 18C con avenida 7, de Brisas del Porvenir, pues en ella comenzaron a ver movimientos extraños, pero los sospechosos que trataban de identificar plenamente no aparecían.

Por eso, al indagar con los vecinos conocieron que un hombre con acento antioqueño fue el que ubicó a la dueña de este último inmueble y negoció el arriendo desde el 3 de diciembre, pagando $500.000, asegurando que ahí llegarían a vivir dos parejas que venían de Medellín para trabajar en Cúcuta.

Según testimonios recopilados por las autoridades, las personas se pasaron a vivir el 9 de diciembre. “Ellos llegaron con una carreta metálica, en la que llevaban unas colchonetas”. Los vecinos casi no los veían por ahí, solo hasta el 12 de diciembre, cuando se murió Vicente Fernández, que tomaron cerveza escuchando las canciones del artista mexicano. Ahí vivía Cristian Camilo Muñoz con Yuly Mildred Mazo, su hija y otros dos hombres.


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Aunque las autoridades ya tenían indicios de que estas personas serían los responsables del atentado, decidieron seguir recopilando mucha más información y pruebas, por eso vigilaron la casa las 24 horas del día y siguieron hablando con los vecinos. Además, querían identificarlos plenamente a todos, por eso también seguían oyendo las líneas interceptadas.

En las indagaciones, los investigadores conocieron que el 7 de diciembre algunas personas vieron a uno de los hombres con una mujer parados cerca de la malla del aeropuerto, como analizando si había alguna parte para pasar hacia dentro de la terminal aérea.

Algunos habitantes del sector también vieron que en algunas ocasiones llegó a buscarlos un hombre de piel morena, contextura gruesa, alto y cabello corto, en una camioneta Chevrolet Dimax, de color rojo.

“Ellos siempre salían hacia las 9:00 de la mañana, con la carreta y los tintos, volvían como a las 10:30 de la mañana. Eran muy sospechosos, se la pasaban tomando y hablando por celular”, les contaron varios vecinos a las autoridades.

En unas botellas encontraron huellas dactilares.

Es más, algunos habitantes se extrañaron que el 14 de diciembre, horas después de los bombazos, dos hombres que vivían en esa casa de Brisas del Porvenir llegaron afanados, sacaron unas cosas y se fueron rápidamente en un taxi, nadie volvió a saber de ellos.

Para el 16 de diciembre, dos días después del atentado, los investigadores vieron cuando un camión se estacionó al frente de esa vivienda y dos hombres comenzaron a sacar unas cuantas cosas que eran de los que alquilaron el inmueble y se las llevaron.

De ese lugar, según lo que pudieron ver los policías que estaban vigilando y grabando todos los movimientos, sacaron una carreta metálica, ropa, una bombona de gas pequeña, un par de colchonetas y unos baldes plásticos. Ante eso, decidieron seguir la camioneta de estacas que transportaba todo.

Luego de un largo recorrido, el vehículo llegó hasta el kilómetro 8 de Los Patios, cerca de las instalaciones de los bomberos y los dos hombres que iban, bajaron todo y lo dejaron abandonado ahí.

Los policías al ver eso, decidieron esperar un par de horas a ver si alguien iba a recoger algo de lo que dejaron tirado, pero nadie apareció, por eso decidieron alertar a las unidades del cuadrante de la Mecuc para que verificaran de qué se trataba.


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Al llegar la patrulla y ver esas cosas ahí, a los uniformados les pareció extraño y como Cúcuta y el área metropolitana estaba en máxima alerta por el atentado de hacía dos días, decidieron pedir la presencia de los técnicos en explosivos y mientras estos llegaban, la vía principal de Los Patios, a la altura de la sede de Bomberos fue cerrada por varias horas, la tarde de ese 16 de diciembre.

Cuando los expertos arribaron con un perro antiexplosivos y lo mandaron a que verificara, y observaron que dio positivo para una bomba, decidieron extremar las medidas de seguridad, usando el robot y el traje especial que habían traído de Bogotá para evitar que pasara lo mismo que sucedió con los intendentes Bareño y Reyes.

Luego de más de dos horas, los técnicos en explosivos pudieron certificar que no había ningún riesgo y que, aunque el perro dio positivo, no hallaron nada que significara que se trataba de una trampa mortal.

Las autoridades analizaron hasta las prendas de vestir.

Una vez eso fue verificado, los investigadores que estaban tras el rastro de los presuntos responsables del atentado en el aeropuerto de Cúcuta, revisaron todo lo que fue abandonado y encontraron aún mejores pistas.

“Ese día se encontró ropa de Cristian Camilo y de Adrián Kaled Guzmán, que usaron durante los días que estuvieron en Cúcuta y que se pueden observar en varios videos recolectados. También hallaron una factura de la compra de unos celulares”, señaló la Fiscalía durante las audiencias concentradas.

Una vez terminaron de recolectar todo ese material probatorio, los investigadores decidieron, junto con la Fiscalía, allanar el inmueble de la calle 18C con avenida 7, de Brisas del Porvenir, para ver qué más podían hallar.

En la diligencia judicial, encontraron calcomanías con códigos QR que eran de explosivos pentotex; unas botellas de cerveza, de donde sacaron una huella dactilar que correspondía a Sebastián Moreno Maya; también habían rastros de cables, cajas de contenedores de baterías, plásticos para envolver explosivos y el empaque de una Sim Card, que sería la que hallaron cerca de los restos de Cristian Camilo Muñoz Manjarrés.


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Con esto, Fiscalía y Dijín determinaron que esa residencia era usada para dormir y reunirse para planear cómo se iba a cometer el atentado, pues el lugar está a 700 metros de la malla del aeropuerto, por donde lograron meterse a cometer el atentado, y fue en esa residencia donde acondicionaron las maletas bomba.

El rastro directo a ellos

Ya con eso, entre el 17 y 18 de diciembre, para las autoridades no había duda de que ellos eran los directamente responsables y por ello decidieron saber cómo habían organizado todo, cuándo habían llegado, quién los contrató y a qué banda pertenecerían, entre otras muchas inquietudes que les faltaba resolver.

Los investigadores al recordar que en una de las requisas de una patrulla de la Mecuc le encontraron a uno de ellos una llave con un llavero de un hotel, se dieron en la tarea de establecer cuál sería.

Fue así como descubrieron que efectivamente, antes de alquilar los inmuebles, estas personas se hospedaron en varios hoteles de Cúcuta, donde quisieron pasar desapercibidas, pero que luego de una minuciosa revisión de los hospedajes, pudieron recuperar varios videos de seguridad en los que lograron verlos.

La investigación fue al detalle.

Además, en los registros que hicieron en los hoteles pudieron encontrar los nombres completos y los números de cédulas, que ayudaba aún más a las autoridades. “De cada uno de los videos que le entregaron a la Fiscalía, se sacaron unas imágenes donde se observan a cada uno de los implicados del hecho del 14 de diciembre llegando a los hospedajes y registrándose, además, de las constantes salidas e ingresos que hicieron”, señaló en una de las intervenciones que hizo el ente acusador durante las audiencias concentradas del pasado 30 de diciembre.

Añadió: “Diego Carrascal, Nayibeth Londoño y Sebastián Moreno se pueden ver en las primeras imágenes. En otro video se ve a Yuly con Cristian Camilo, su pareja, y con su pequeña hija, llegando a uno de los hoteles donde se quedaron, usando a la niña para no despertar ninguna sospecha”.

A cada uno de los videos, los investigadores le analizaron la ropa que llevaba puesta cada una de las personas, las maletas y hasta la forma de caminar y fue así como lograron establecer que las prendas de vestir que encontraron tiradas el 16 de diciembre en el kilómetro 8 de Los Patios, eran de ellos. “Todo el análisis fue detallado, no podíamos perder nada de vista”, sostuvo una fuente judicial que participó en las pesquisas.


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Luego de ese estudio, los hombres de la Dijín también establecieron en qué empresas de transporte público viajaron desde Medellín a Cúcuta, por eso solicitaron copias de los pasajes y videos de las terminales terrestres, donde también pudieron verlos.

“A través de las diferentes consultas que se hicieron a las empresas de transporte público se consiguió que el 5 de noviembre viajaron estas personas desde Medellín hacia Cúcuta. Esa información concuerda porque los días 6, 9, 10, 11, 12 y 22 de noviembre aparecen registros en diferentes hoteles de la capital de Norte de Santander”, explicó la Fiscalía.

Mientras que en Cúcuta avanzaban satisfactoriamente las pesquisas, en la capital de Antioquia también. Allá las autoridades lograron establecer que quienes se vinieron para la Perla del Norte fueron Cristian Camilo Muñoz Manjarrés, de 29 años; Diego Felipe Maya González, de 30; Sebastián Moreno Maya, de 28; Adrián Kaled Guzmán, de 38; Nayibeth Alexandra Londoño Carrillo, de 29; estas cinco personas no tenían algún trabajo fijo; mientras que Diego Alejandro Carrascal Benítez, de 25, era recepcionista de un hotel y Yuly Mildred Mazo, de 35, vendedora ambulante.

En los videos de los hoteles se pueden ver a los integrantes de la banda.

Ellos, según las autoridades, pertenecerían a una banda delincuencial que se dedicaba al hurto y comercialización de estupefacientes en Medellín. Sebastián Moreno tiene antecedentes por hurto calificado y agravado y porte ilegal de armas, capturado y condenado por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Conocimiento de Medellín, en 2015. Lo extraño es que quedó libre y por un tiempo tuvo brazalete electrónico del Inpec, pero cuando se vino para Cúcuta ya no tenía ese dispositivo. Del resto, las autoridades no han podido establecer aún nada en detalle.

Un jugoso contrato

Los investigadores creen y tratan de establecer si es cierto que cuando Sebastián Moreno estuvo en prisión, tuvo algún contacto con alguien cercano a ‘Jhon Mechas’, jefe máximo de la disidencia del Frente 33 de las Farc, en el Catatumbo, y fue por ello que llegaron a esta banda.

Por eso, a finales de octubre, un hombre de confianza de ‘Jhon Mechas’ llamó a Diego Felipe Maya González y le indicó que necesitaban reunirse con él y su banda, por lo que debían viajar lo antes posible a Tibú.

Maya González, Nayibeth Alexandra Londoño Carrillo y Cristian Muñoz Manjarrés, de inmediato se alistaron y horas después salieron vía terrestre de Medellín hacia Cúcuta. Una vez llegaron a la capital nortesantandereana, los dos hombres y la mujer se subieron a otro vehículo de transporte público con rumbo a Tibú, donde eran esperados por varios miembros de la disidencia para trasladarlos hasta el punto en el que estaba alias ‘Darwin’ o ‘Piquiña’, quien es señalado de ser el líder militar de esa organización criminal.


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Una vez se encontraron con ‘Darwin’, quien tiene una trayectoria criminal de 11 años y ha aparecido en varios videos al lado de ‘Jhon Mechas’, les indicó que la disidencia del frente 33 de las Farc requería del servicio de su banda.

El ‘negocio’ planteado habría sido que Diego Maya y su gente se tendrían que encargar de ejecutar una serie de atentados con bombas en Cúcuta y que, por eso, cada uno de ellos recibiría supuestamente $120 millones.

El primer hecho que deberían cometer sería entrar dos maletas bomba al Aeropuerto Internacional Camilo Daza, de Cúcuta. Pero lo que aún no se entiende es por qué una organización criminal como la disidencia, donde hay varios expertos en explosivos, necesitaba contratar una banda de Medellín, que jamás había hecho algún atentado como este.

En dos motos en las que iban huir, hallaron otras huellas.

Según una fuente judicial cercana a la investigación, ‘Jhon Mechas’ sabe que hasta las autoridades estadounidenses le están siguiendo los pasos, “entonces lo que busca con esos ‘outsourcing’ es desviar las miradas e investigaciones, pero todos sabemos que esos atentados están financiados es por el narcotráfico y quien tiene ese dinero suficiente para pagarlo es ese bandido”.

Luego de la reunión entre ‘Darwin’, Diego Maya, Nayibeth Londoño y Cristian Muñoz, ellos retornaron a Medellín a buscar el resto de presuntos integrantes de la supuesta banda criminal, para contarles el ‘negocio’ millonario que les habían planteado y así planear cómo lo ejecutarían. Y fue así como todos se vinieron para la capital de Norte de Santander.

La Fiscalía también conoció que, al estar totalmente instalados en Cúcuta, para mediados de noviembre, Cristian Muñoz, Sebastián Moreno, Diego Maya y Adrián Guzmán tuvieron que viajar a Tibú, a encontrarse nuevamente con ‘Darwin’ para luego trasladarse hacia Venezuela, donde los esperaba ‘Jhon Mechas’ en uno de los campamentos de entrenamiento que tienen en el vecino país.


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El objetivo era capacitar a Cristian Camilo y Sebastián en el manejo y activación de artefactos explosivos, por eso, supuestamente, duraron diez días en ese sitio. La disidencia no quería que fallaran en el plan. Mientras que en Cúcuta Nayibeth Alexandra, Yuly Midrey y el resto de personas que estaban con ellas, seguían haciendo vigilancia e inteligencia para establecer por cuál punto de la malla entrarían los explosivos.

El 10 de diciembre, de acuerdo con lo establecido en la investigación, ‘Jhon Mechas’ mandó a unos hombres de su confianza con las dos maletas bomba para que Cristian Muñoz y Sebastián Moreno terminaran de acomodarlas y les pusieran los dispositivos con los que las activarían, pues cuatro días después, las iban a detonar, así lo tenían planeado. Ese día, quien recibió los artefactos explosivos fue Diego Carrascal Benítez.

El día del atentado

Ya con toda esa información tan importante, lo que les restaba a las autoridades era saber qué sucedió entre la noche del 13 y la madrugada del 14 de diciembre, cuando se registró el atentado.

Al tener ubicadas las residencias donde se quedaron los presuntos miembros de la banda, las autoridades decidieron analizar todos los videos de las cámaras de seguridad que había alrededor, hallando otras pistas.

“Iniciamos la revisión de imágenes desde la casa que fue utilizada para la entrega de los explosivos, que recibió el señor Carrascal y que acondicionaron cada uno de ellos y que posteriormente trasladaron con la ayuda de las mujeres para dejarlos cerca de la malla y luego ingresarlos por la alcantarilla y de esta manera estar dentro del aeropuerto”, señaló la Fiscalía.

Así fue como llevaron las maletas bomba hasta la malla del aeropuerto.

Agregó: “dentro de este recorrido tenemos que hay cinco cámaras en las que se pueden observar diferentes momentos de cómo se realizó esa vigilancia previa a la colocación y activación de los artefactos explosivos”.

En la calle 18 con avenida 9, del barrio Porvenir, está la primera cámara. En uno de los videos, a las 8:40 de la noche del 13 de diciembre, los investigadores pudieron ver cómo Adrián Guzmán, Diego Maya y Diego Carrascal salieron con rumbo hacia la malla de la terminal aérea.

En este video se puede ver a Adrian Kaled con una camiseta negra con un estampado blanco en la parte de adelante, que se asemeja a la que los policías hallaron tirada ese mismo 14 de diciembre, cerca del lugar donde explotaron las bombas.

En otra cámara, ese mismo lunes, a las 10:34 de la noche, se observa cuando sale una mujer cargando una maleta negra de la casa de Brisas del Porvenir y que sería uno de los artefactos explosivos, pues se puede ver el esfuerzo que ella hace porque le pesa.

“En otra cámara, a las 11:49 de la noche, los tres hombres (Adrián Guzmán, Diego Maya y Diego Carrascal) regresan a la casa y todos visten prendas de color negro. Segundos después, se observa a la mujer que, una hora antes, había pasado por ese lugar con una maleta, pero que ya no traía nada en sus manos, pues la dejó cerca de la malla del aeropuerto”, puntualizó la Fiscalía.

En las imágenes también se puede ver pasar por ese sector una patrulla de la Policía Metropolitana, pero que al no ver nada raro o sospechoso sigue su camino tranquilamente, sin percatarse de lo que se estaba tramando.

Para el 14 de diciembre, a la 1:30 de la mañana, las autoridades pueden ver en los videos que tres hombres salen nuevamente de la vivienda que habían alquilado los de la banda, en la calle 18C con avenida 7, de Brisas del Porvenir. Todos vestían de negro e iban acompañados de una mujer.

Sebastián y Cristian Camilo eran quienes tenían que llegar a la malla, justo donde hay una alcantarilla, y lograr pasarla con las maletas, las cuales se las dejaron en un sitio estratégico, para no despertar alguna sospecha.

“En la zona verde se ocultaron por varias horas, haciendo movimientos técnicos de arrastre para no ser vistos y así poder acercarse a la plataforma de la pista, donde estaban las aeronaves que debían atacar”, comentó la Fiscalía.

Según lo hallado por los investigadores, Sebastián y Cristian se comunicaron telefónicamente en repetidas oportunidades con Diego Felipe Maya y Adrián Guzmán, pues estos dos eran los que estaban vigilando que no los fueran a sorprender y también tenían la misión que una vez instalaran los artefactos explosivos, buscaran dos motos de alto cilindraje, de placas venezolanas, que les dejaron en un parqueadero cercano para que huyeran con rumbo a Bucaramanga.

Esas motos fueron encontradas por las autoridades y también les hicieron una exploración, logrando extraer las huellas dactilares de unos de los implicados en el suceso.

Pero hacia las 5:15 de la mañana, el explosivo que llevaba Cristian Camilo, se le activó y terminó muerto. Sebastián Moreno al ver lo sucedido, abandonó su maleta y huyó del lugar, al parecer, con heridas leves.

Ante eso, Diego Carrascal, Diego Maya, Adrián Guzmán, Sebastián Moreno y Nayibeth Londoño huyeron del lugar y de inmediato buscaron la forma de irse para Medellín, donde habían planeado reunirse con el resto de los integrantes de la banda para analizar lo ocurrido. Nada les salió como lo habían planeado.

Yuly Mazo, cuando se registró el hecho, ya iba rumbo a la capital de Antioquia, pues en la tarde del 13 de diciembre, junto con su pequeña hija, se subió a un vehículo de transporte público.

Lo que no podía creer la familia de Cristian Camilo, es que Yuly no les hubiese informado nada de lo sucedido, a pesar de que él era su pareja sentimental.

Ya con todo lo recaudado por los hombres de la Dijín y los argumentos de la Fiscalía, una jueza avaló las órdenes de captura contra los presuntos responsables y el pasado 27 y 28 de diciembre las hizo efectiva en Medellín.

Con todo el material probatorio que presentó la Fiscalía y a pesar de que los detenidos no se allanaron a los cargos que les imputaron, la jueza decidió enviar a todos los capturados a diferentes cárceles de máxima seguridad del país para que enfrenten el juicio que, de ser declarados culpables, podrían enfrentar condenas superiores a los 40 años de prisión.

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