La expansión del Clan del Golfo en la zona rural de Cúcuta

Miércoles, 14 de Abril de 2021
Desde mediados de diciembre de 2020, el Clan del Golfo arrancó su expansión por la zona rural de Cúcuta y de Puerto Santander, dejando una estela de muerte.

Desde mediados de diciembre del año pasado, en la zona rural de Cúcuta y de Puerto Santander se comenzó a tejer una nueva historia violenta, donde sus protagonistas principales son el Clan del Golfo, quienes se hacen llamar Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc) y Los Rastrojos, que llegaron a un acuerdo para cerrarle el paso al Eln, pues esta guerrilla en un año logró apoderarse en gran medida de los negocios de narcotráfico y contrabando, al igual que las extorsiones, que se dan por esa zona fronteriza con Venezuela.

Aunque la negociación entre las dos bandas criminales se había iniciado en agosto de 2020, cuando José Gregorio López Carvajal, alias Becerro, designó a Carlos Andrés Rangel Rojas, ‘Camaleón’, para que se hiciera cargo de eso, el acuerdo final se firmó a finales de noviembre.

Las cosas no las tuvieron tan fáciles, pues la Policía capturó a Rangel Rojas el 27 de octubre, cuando se escondía en Valledupar, evitando así que esta macabra unión se diera rápidamente. Ante eso, Los Rastrojos tuvieron que enviar otros emisarios para que se reunieran con Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, máximo cabecilla del Clan del Golfo y así finiquitar el mutuo acuerdo que se venía tranzando.

Una vez sellaron esa fusión, a mediados de diciembre, alrededor de 50 integrantes del Clan del Golfo fueron enviados desde el Urabá antioqueño hacia la zona rural de Cúcuta. Su misión era muy clara: recobrar el poder y la hegemonía que Los Rastrojos tuvieron por casi 12 años en más de 20 kilómetros de línea fronteriza, entre las poblaciones de Guaramito, Agua Clara, Buena Esperanza, Puerto León, Banco de Arena, Palmarito, Vigilancia, La Punta, La Silla, El 25 y Puerto Santander.

Según una fuente de inteligencia policial, ese ‘imperio’ económico que Los Rastrojos tuvieron, estaba representado en las ganancias que obtenían mensualmente, que ascendían a los 10 mil millones de pesos por el narcotráfico, las extorsiones y el contrabando. “Eso les llegó a dar para que tuvieran unos 800 hombres en armas, pero después de la guerra con el Eln ya no pasan de 100”.

Lo que han podido establecer las autoridades es que esos miembros del Clan del Golfo ingresaron en algunos vehículos a la zona rural de Cúcuta hacia el 12 de diciembre, como sucedió en 1999 cuando se dio la arremetida de las extintas Auc en Norte de Santander.

“No se sabe muy bien cómo fue esa llegada vía terrestre, pero lo hicieron en pequeños grupos. Lo cierto es que Los Rastrojos los esperaron para ubicarlos en diferentes puntos, alrededor de Banco de Arena y Palmarito, pues era donde ellos aún mantenían algo de control, a pesar de la arremetida del Eln”, contó una fuente judicial.

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Lo que sí es claro para las autoridades, es que ese pequeño grupo de esa banda criminal no llegó armado. Los Rastrojos lo dotó de fusiles, pistolas, granadas, municiones y otro material de guerra para que comenzara a hacerle frente a la guerra que se vive en esa zona.

“Por inteligencia sabemos que Los Rastrojos tienen muchas caletas con arsenal de guerra, a pesar de que el Ejército y la Policía les han quitado bastantes armas. Por eso es que lograron armar a esos hombres que vinieron directamente del Urabá antioqueño”, señaló una fuente de inteligencia.

Antes de que ‘Otoniel’ ordenara el arribo de su gente a la zona rural de Cúcuta, ya tenía planeado que esa estructura armada se llamaría Luis Orlando Padierna Peña, en honor al segundo cabecilla y mano derecha del jefe máximo del Clan del Golfo, que murió en un operativo policial el 25 de noviembre de 2017 en Chinácota, quien era conocido con el alias de Inglaterra.

Además, para tratar de despistar a las autoridades, Dairo Úsuga les indicó a sus hombres que se identificaran como miembros de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc), grupo ilegal que en varias oportunidades trató de surgir en Norte de Santander en cabeza de Carlos Andrés Palencia, alias Visaje, quien cayó preso en España y fue extraditado a Colombia para que pagara una condena de cárcel por las atrocidades que cometió durante su paso por las Auc.

Aunque estos criminales se identifican como las Agc, la Policía y el Ejército les tiene varias interceptaciones en las que ‘Otoniel’ y otros cabecillas del Clan del Golfo se hablan con ‘Becerro’ y otros integrantes de Los Rastrojos para coordinar sus acciones y el manejo de dinero. “Además, así se llamen de una u otra forma, son la misma organización criminal. Ninguno de esos dos grupos está dividido, Úsuga creó los dos nombres para tratar de burlar las acciones en su contra”, explicó una fuente judicial.

Con la llegada del Clan del Golfo, la violencia aumentó en la zona rural de Cúcuta y de Puerto Santander.

Su aparición

La primera vez que los hombres de ‘Otoniel’ se dejaron ver por la zona rural de Cúcuta, fue el 14 de diciembre de 2020. Ese día, según se conoció, varios desconocidos con acento antioqueño llegaron hasta el corregimiento Palmarito y luego de presentarse como Autodefensas Gaitanistas de Colombia, les aseguraron a los habitantes de esa zona ubicada a 63 kilómetros del casco urbano de la capital de Norte de Santander, que habían llegado para quedarse y que de ahora en adelante les tendrían que pagar a ellos las extorsiones, además, indicaron que venían con el visto bueno del Ejército y la Policía.

Eso provocó de inmediato que la población entrara en pánico, pues recordaron que así fue como se dio la arremetida de las Auc en 1999 y que duró hasta diciembre de 2004, cuando se desmovilizaron, por eso pidieron de inmediato la intervención del gobierno local y una explicación de las autoridades policiales y militares.

Aunque la fundación Progresar denunció lo sucedido y aseguró que las Agc arribaron con más de 100 hombres en armas; en una rueda de prensa el alcalde de Cúcuta, Jairo Yáñez, acompañado por el comandante de la Policía Metropolitana (Mecuc) de ese entonces, coronel José Luis Palomino, y el coronel Ilvar Orlando González Villamil, comandante de la Trigésima Brigada del Ejército, negaron esa incursión armada.

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Sin embargo, al otro día, la Defensoría del Pueblo, en una carta que le envió al Alcalde, le indicó que para el 14 de diciembre, “líderes y lideresas de varias comunidades rurales de Cúcuta y organizaciones de derechos humanos han advertido nuevamente de incursiones paramilitares…”.

Luego de esa presión, las autoridades de Cúcuta y el departamento terminaron aceptando que sí era verdad y a partir de ahí, las acciones de esta banda criminal se aumentaron, dejando miedo, muertes, desplazamientos y desapariciones. Además, militares y policías han sostenido varios combates con presuntos miembros de esta organización ilegal y se han incautado de material de guerra e intendencia que les reconfirmó que efectivamente esa unión entre Clan del Golfo y Los Rastrojos sí se dio.

“Ellos buscaron esa unión con el Clan del Golfo, porque recuerde que a mediados de 2019 Los Rastrojos hicieron una alianza con Los Pelusos que les ayudó a obtener muy buenas ganancias con el narcotráfico, pero después de varios golpes contundentes que se le dieron a ese reducto del Epl, decidieron retornar al Catatumbo, dejando solos a Los Rastrojos y ahí fue donde el Eln aprovechó para su arremetida, que los dejó casi aniquilados. Aunque nosotros también hemos ayudado a acabarlos con las capturas de casi todos sus cabecillas”, explicó la fuente militar.

Según la fuente, lo más duro de esa guerra entre Eln y Los Rastrojos se dio en territorio venezolano, porque es a donde llega gran parte de la droga que se produce en el Catatumbo para luego sacarla a Europa o Estados Unidos, y de ese lado de la frontera la banda criminal tenía un fuerte componente armado.

Aunque el Ejército y la Policía se mueven por algunas zonas, las acciones armadas de los grupos ilegales no se paran.

El accionar

Una fuente de inteligencia militar también manifestó que los integrantes de la banda criminal llegaron a unas fincas que Los Rastrojos tenían muy cerca de la frontera y que poco a poco han ido ocupando viviendas que les han quitado a los campesinos o que toman en arriendo y para burlar a las autoridades, simulan ser jornaleros de los predios que hay por esa zona.

“Ellos se camuflan entre la comunidad. Siempre andan en pequeños grupos o de dos en dos. Las armas largas las tienen en las caletas, de vez en cuando sacan las pistolas y se mueven en motocicletas, además, tienen unas redes de informantes que los ayudan a enterarse de nuestros movimientos o de la Policía”, indicó la fuente.

Agregó: “estos bandidos también se han valido en decir que cuentan con el apoyo del Ejército y la Policía, para presionar aún más para el pago de las extorsiones”

Ante estas denuncias, el general Marcos Pinto, comandante de la Segunda División del Ejército, señaló que una vez conocieron sobre el supuesto apoyo de sus hombres a esa banda criminal, ordenó adelantar las investigaciones de rigor y que al corroborar que algo así está pasando, los responsables serán sometidos a la justicia.

“Cuando conocimos eso se inició una investigación a cada uno de nuestros hombres que están en esa zona. Es más el año pasado ordenamos el retiro de un suboficial, porque nos llegó una información y lo sometimos al polígrafo, como no pasó y vimos algunas irregularidades de inmediato se tomaron decisiones y que responda ante las autoridades. Por eso le agradecemos a las personas que denuncien para poder tomar cartas en el asunto lo antes posible”, indicó el alto mando militar.

El oficial manifestó que actualmente el Ejército tiene 14 pelotones, alrededor de 600 hombres, y la Policía tiene un grupo del Escuadrón Móvil de Carabineros, todos están custodiando varios puntos de esa parte de la zona rural de Cúcuta y de Puerto Santander, “pero deben entender que esa zona es muy extensa y no podemos estar en varios sitios a la vez, hacemos un trabajo minucioso y cada vez que tenemos información de dónde se encuentran estos bandidos, les llegamos a combatirlos y capturarlos, como ha sucedido hasta el momento”, sostuvo el general Pinto.

Añadió: “nosotros una vez nos enteramos de la llegada de estos bandidos hicimos presencia en varios puntos, especialmente hacia el norte, por lo que se desplazaron hacia La Silla, donde se encontraron con el Eln e iniciaron los enfrentamientos. De inmediato nos movimos hacia allá y tuvimos combates con ellos, logrando neutralizar a dos hombre del Clan del Golfo”.

Ante los movimientos del Ejército, el Eln se fue hacia la zona rural de Tibú, mientras que Los Rastrojos y el Clan del Golfo llegaron a donde están las arroceras y la frontera, por los sectores La Estrella, El Infierno y El Diamante, por Puerto Santander.

Precisamente como las autoridades ya tienen conocimiento de dónde se están escondiendo, el fin de semana pasado le llegaron a uno de los campamentos que tenían en la vereda Monteverde, en la zona rural de Cúcuta, y sostuvieron un combate, capturando a tres hombres y una mujer, mientras que otro integrante de esa alianza de las bandas criminales falleció tras el combate.

En esta acción militar, las autoridades comprobaron que estos criminales tienen amenazada a la población para que los deje quedar en sus fincas, donde montan los campamentos muy cerca al río, pues así pueden evadir rápidamente los operativos en su contra, pasando hacia territorio venezolano, además que controlan el paso de drogas, armas, contrabando y personas por esos puntos. Pero quienes se rehúsen a colaborarles, lo matan, lo destierran o lo desaparecen.

Entre los planes que tendrían las dos organizaciones criminales es tener control total sobre Guaramito, Palmarito, Agua Clara, Banco de Arena, Vigilancia, Totumito, La Silla, Puerto Santander, Ambato, La Florida, Campo Dos y los otros municipios del área metropolitana de Cúcuta, pero no han podido cumplirlo porque las autoridades les han capturados varios cabecillas.

“Ellos han querido manejar a sus anchas el contrabando de gasolina colombiana hacia Venezuela y el acpm que viene de allá para acá, como también productos de aseso y alimentos. A eso súmele el narcotráfico, porque esa es una de las rutas más grandes que hay. Aunque el Ejército y la Policía les cierran un paso, ellos abren dos más, entonces es muy difícil. Las extorsiones a ganaderos, arroceros, finqueros, agricultores, transportadores, contrabandistas, entre otros, también suman en sus ganancias, entonces eso es muy difícil de controlar”, explicó la fuente judicial.

Pero en esa zona también hay minería ilegal y que a pesar de que hay un componente fuerte de militares y policías y que se han conocido varias denuncias, no se ve un control de esto.

Y lo peor de todo es que en este punto de la zona rural de Cúcuta también hay siembras de hoja de coca, que según el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci) de las Naciones Unidas, serían 360 hectáreas, pero que las autoridades creen que son más de 700, lo que hace que carteles mexicanos estén financiando estos grupos para que les custodien algunos laboratorios para procesar base de coca y cocaína.

Además, que esto ha llevado a que en esta zona pongan minas antipersonal y los campesinos resulten afectados como ya ha pasado en varias oportunidades este año.

Pese a todas las explicaciones e informaciones que han entregado las autoridades, entre la comunidad aún queda un sinsabor, porque no entiende el accionar tan lento del Ejército, la Policía, la Fiscalía y la misma Alcaldía de Cúcuta cuando se registra un asesinato o un ataque.

Una clara muestra de eso es que en enero, cuando asesinaron al líder comunal William Antonio Rodríguez, hecho que sucedió en la vereda La Punta, ubicada a menos de 500 metros de la estación de Policía de Banco de Arena, las autoridades jamás llegaron a verificar lo sucedido, prefirieron enviar a los empleados de una funeraria a recoger el cadáver y solo hasta el otro día fue que las unidades de la Brigada Interinstitucional de Homicidios (Brinho), con un componente enorme de policías y militares se trasladaron al sitio.

Lo peor es que hasta el momento no se tiene ni un solo resultado de la investigación que inició la Fiscalía, lo que indicaría que el crimen del líder comunal, quien era el gerente del acueducto de esta población, podría quedar impune.

Además, desde hace más de un año se viene presentando una racha de homicidios y de masacres que muchas de ellas se han presentado a unos cuantos metros de donde hay personal militar y policial, pero no se ven capturas.

Por lo menos la Policía Metropolitana de Cúcuta (Mecuc) tiene un grupo de investigadores en Puerto Santander, al mando de un capitán, adelantando las pesquisas, pero luego de más de medio centenar de homicidios, que van hasta la fecha, no se conoce la captura del primer responsable directo de estos hechos, solo se tiene la detención de presuntos cabecillas que los sindican de ser quienes ordenaron estos crímenes.

 Luis Bertulfo Carvajal, alias Doce, máximo cabecilla del Clan del Golfo en Cúcuta, fue capturado cuando se movilizaba por San Cayetano.

¿Quiénes están detrás de estos grupos?

El Ejército tiene claro que el Eln envió al frente Juan Fernando Porras Martínez, comandados por alias Manuel Guevara, para que se enfrentara con el Clan del Golfo y Los Rastrojos por el lado colombiano y venezolano, “pero sabemos que ese ‘man’ se la pasa más al otro lado de la frontera que acá”.

Los hombres de ‘Otoniel’ estaban siendo dirigidos por Luis Bertulfo Carvajal, alias Doce, pero como él fue capturado, el mando se lo dieron a un hombre que conocen como ‘Camilo’, del cual las autoridades no tienen muchos datos porque hace poco llegó directamente del Urabá antioqueño.

Por el lado de Los Rastrojos está José Gregorio López Carvajal, alias Becerro, y otro hombre que se identifica como ‘Niche Salva’. “Sabemos que el primero de ellos se la pasa entre Guaramito (Colombia) y Guarumito y La Cooperativa (Venezuela), mientras que el otro se mueve entre La Estrella, El Infierno, El Diamante y el casco urbano de Puerto Santander”, contó una fuente militar.

Las autoridades creen que entre las dos organizaciones criminales tendrían 100 hombres en armas y otro tanto de personas que les sirven como informantes.

Los golpes que les han dado

Un mes después de la llegada de estas personas, hacia enero de este año, las autoridades conocieron que Dairo Úsuga le ordenó a Luis Bertulfo Carvajal, alias Doce, que comandara a este grupo y que debía expandirse rápidamente a toda la zona rural de Cúcuta y de Puerto Santander, para recuperar esos negocios ilícitos que tenían Los Rastrojos y que el Eln se los había quitado.

Pero los planes de Carvajal se frustraron el pasado 27 de febrero, cuando la Policía lo capturó movilizándose por una vía de San Cayetano. Su intención era dominar no solo la zona rural de Cúcuta y Puerto Santander, sino extenderse por los otros municipios del área metropolitana y llegar hasta Tibú, para luego seguir hacia las poblaciones fronterizas de Venezuela.

Cuatro días después de la detención de ‘Doce’, las autoridades lograron darle otro golpe a la unión del Clan del Golfo y Los Rastrojos, capturando a Ricardo Trigos Peñaranda, alias ‘Resorte’ o ‘Mario’, quien era cabecilla de este último grupo y en la reorganización quedó de tercer comandante.

Luis Alberto Guisao Borja, conocido como ‘Samuel’ o ‘Urabá’, otro cabecilla de esta organización criminal también cayó preso, luego de un operativo efectuado en el corregimiento Agua Clara.

Entre otras acciones de las autoridades contra el Clan del Golfo están siete combates que se han registrado en los últimos tres meses, donde han capturado a 26 integrantes y otros cinco han muerto, además, han decomisado 52 fusiles.

Los decomisos de armas y las capturas que las autoridades han logrado, es porque las personas que vienen cayendo han decidido colaborar, buscando una reducción de las penas que les están imponiendo por pertenecer a esos grupos armados y por los constantes homicidios que han cometido.

Rencilla interna

Las autoridades también saben que no todos los integrantes de Los Rastrojos han sido absorbidos por el Clan del Golfo, pues muchos de ellos no quieren perder el control que tuvieron en su momento en algunas zonas y esto ha provocado una pugna interna.

“Esto ha llevado a que algunos cabecillas de Los Rastrojos hayan sido asesinados por sus mismos hombres, porque como ellos no han querido unirse del todo con la otra banda, entonces comienzan a cobrar por su cuenta o hacer sus negocios aparte y es ahí donde ordenan matarlos, como ya sucedió con Arnulfo Cáceres Páez; Ramón Egardo Castillo, alias Orejas; Edwin Alfonso Vargas Ortega, ‘Tuto’, y otro hombre al que le decían 'Guasón'”, sostuvo una de las fuentes judiciales.

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