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'Satanás', el autor de la masacre de Pozzetto, era de Durania

Martes, 2 de Agosto de 2022
Campo Elías Delgado nació en Durania. Así se registra en la partida de nacimiento y justo frente al parque, donde existía un árbol de Samán, quedaba su casa paterna.

En agosto de 2007, La Opinión, se dio a la tarea de ir tras la huella de Campo Elías Delgado Morales, quien cometió la masacre en el exclusivo restaurante Pozzetto de Bogotá el 4 de diciembre de 1986.

Ese jueves, el excombatiente de Vietnam,  asesinó  a 29 personas, en un inusitado trance de delirio.  Rita Elisa Morales de Delgado, su madre fue la primera víctima, a las 4:15 de la  tarde.

Con intervalos no menos de dos minutos -según las mismas pruebas de Medicina Legal, murieron las seis jóvenes vecinas, asesinadas antes de abandonar el  edificio del apartamento donde residía. El cadáver de su madre anciana quedó prácticamente irreconocible. 'Satanás', como fue apodado, lo envolvió en periódicos y sábanas y le prendió fuego.


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La fase final de la masacre, consumada en el restaurante italiano Pozzetto, en el  sector de Chapinero, de Bogotá, se cumplió hacia las 8:30 de la noche, cuando el homicida comenzó a disparar de manera indiscriminada contra los comensales.,

 

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'Satanás', el autor de la masacre de Pozzetto, era de Durania

 

Campo Elías Delgado,  no dejó de disparar ni siquiera cuando la presencia de la policía en el lugar hacía inminente su captura o muerte. "Luego de recorrer las mesas disparando contra todo y contra todos, se situó en un rincón del restaurante y abrió fuego hacia la calle ... parecía una bestia atrincherada", dijo Juan Carlos Albán, un joven sobreviviente.

Relató el testigo que la llegada de las patrullas policiales solo exacerbó más al sicópata, que con una habilidad inusitada recargaba a cada momento su revólver.

"No se detuvo ante nada y con la misma frialdad con que asesinaba a los mayores lo hacía también con los jóvenes. A mi primita le pegó un tiro en la espalda", comentó entre sollozos el testigo de excepción, de esa época.

 

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Alfonso Guaneme, quien trabajaba allí desde hacía  28 años, siempre fue el encargado de atender a Campo Elías, quien se sentaba sagradamente en la mesa número 5.

Guaneme fue testigo de los hechos que  marcaron la historia de Pozzetto, cuando Campo Elías llegó extrañamente un jueves por la noche. Ese día no se sentó en la mesa cinco como de costumbre, sino en la 20, posiblemente para tener una mejor panorámica de las personas que minutos después se convertirían en sus últimas víctimas.

“Ese día llegó como a las 7:00 de la noche muy elegante, vestido con un traje de paño, corbata y con un maletín de ejecutivo. Me pareció extraño que viniera entre semana y por eso le pregunté si estaba cumpliendo años. Me respondió que no, que estaba celebrando algo muy personal”.


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“Hablamos casi una hora. Él era un tipo muy callado. Nunca hablaba con ninguno de los comensales. Muchas veces traía un libro o una revista y se sentaba a leerlo mientras le servíamos la comida. Esa noche llegó a las 7:00. Se me hizo raro. Pidió el plato de siempre, pero en vez de colombiana pidió vino. Casi nunca tomaba. Cuando terminó de comer, pidió un postre y luego la cuenta. Cuando se la traje me pagó y me dio una buena propina, como solía hacerlo siempre. Después de pagar, le ofrecí un vodka por cortesía de la casa. Fue ahí cuando me miró a los ojos y me dijo: ustedes son muy buena gente conmigo. Yo los voy a tener muy en cuenta. Yo le agradecí. Cuando terminó de tomarse el trago cogió su maletín, se levantó y se fue al baño. Al momento regresó y se instaló de nuevo en la mesa. Estuvo ahí casi cinco minutos y luego sacó la pistola y empezó a disparar. Yo estaba parado a su lado. Las 30 mesas del primer piso estaban casi llenas. Vi como la gente caía al suelo y como otros se escondían debajo de las mesas. Tenía muy buena puntería. Cuando logré salir del asombro corrí a refugiarme en el baño de mujeres. Allá me encerré y empecé a rezar. Salí cuando oí que los gritos de las personas pararon. En ese momento me encontré con la desgarradora escena. Él ya estaba en el suelo con las otras personas que murieron a sangre fría.

Hoy, al recordar lo que pasó ese 4 de diciembre, pienso que él pudo haberme matado porque yo estaba a su lado. Simplemente no quiso hacerlo”, le relató el mesero en el 2007 a Estefanía Colmenares.

 

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A las 7:30 de la noche, en su casa de habitación, nació Campo Elías, el 14 de mayo de 1934. De eso dio fe su padre Elías Delgado ante la Notaría de Durania, tres días después, y sirvieron como testigos Jaime Ariza y Jesús María Gamboa, según reza en el descolorido folio 11, considerado como única prueba física del enigmático personaje.

En el  municipio nortesantandereano rondan en el aire muchas preguntas sin respuestas entre quienes conocieron a sus padres, pero los jóvenes ignoran que esa tierra brotó un hijo capaz de conmocionar a un país, matando desde a su propia madre, Rita Elisa Morales, hasta una veintena de clientes del afamado restaurante italiano Pozzetto el 4 de diciembre de 1986 en Bogotá.


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Sus paisanos y conocidos tampoco podían creer que el políglota Campo Elías pudo cometer esa barbarie en sano juicio, sino bajo la tormenta de la guerra de Vietnam a la que se ofreció para luchar en los Estados Unidos con el rango de sargento de primera clase y donde obtuvo reconocimientos como la Cruz República tras planear estrategias de guerra.

 

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Su paso por Chinácota

La casa donde vivió su abuela materna, Elisa Nieto de Maldonado, fue demolida para dar paso a la discoteca Ibiza. Allí se crió Luz Marina Hernández, quien a la vez correspondió a ese cariño con fidelidad y servicio.

Era trece años menor que Campo Elías, pero lo recuerda como si fuera ayer, al joven que llegaba de improviso, juguetón, juicioso, cariñoso y hasta buen mozo. “No duraba mucho tiempo porque no le gustaba la vida de pueblo. Su familia era honorable. Sus padres (Elías y Rita Elisa) eran nobles, ejemplares”.


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Las pocas veces que lo vio se mostró juguetón y echaba bromas. Ella guardó hasta hace unos años el álbum de la familia Delgado Morales, pero la polilla acabó con las fotos donde aparecía Campo Elías tomando la primera comunión. Marina, como se le conoce en Chinácota, también aparecía en las gráficas porque formaba parte de la familia.

Sin embargo rehusó a cualquier intento de rememorar ese pasado por respeto a la memoria de la abuela que le tendió la mano cuando era niña y a los primos que viven en Estados Unidos y a la hermana mayor Carmen Beatriz. Supo que Campo Elías se casó en Argentina y tuvo un hijo. Marina  vivía arrendada en Chinácota, en el 2007,  para estar muy cerca de sus hijas que le han multiplicado la familia que nunca tuvo.

La otra casa donde pernoctaba Campo Elías era la que quedaba diagonal a donde hoy es la discoteca Ibiza, en la carrera 4-1-20. Adentro, el tiempo se estancó desde que partieron para Bucaramanga y luego a Bogotá. Los muebles de la época, baúles, repisas, camas, continúan bajo llave, custodiado por una persona de confianza de los familiares.

 

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Treinta años atrás, en el mismo mes en que cometió la masacre en el restaurante Pozzetto de Bogotá, Campo Elías Delgado Morales debía recibir en el colegio Provincial San José de Pamplona el cartón que lo acreditaba como un bachiller ejemplar. Por cuestiones desconocidas, en 1956 en el libro de no- tas, correspondiente al espacio asignado a él está en blanco el registro, lo que se presume que no terminó el sexto grado.

La graduación de todos sus compañeros ocurrió en diciembre de 1956, ceremonia que fue presidida por Bernardo Botero Álvarez, primer Arzobispo de Pamplona y monseñor Rafael Afanador y Cadena. En 1950 hizo el examen preparatorio logrando el ingreso al plantel educativo, con notas sobresalientes.

De Ahí continuó en los grados, primero, segundo tercero, cuatro, quinto y del sexto no se supo que pasó, porque tampoco figura en el mosaico ubicado en el tercer piso del Colegio Provincial. Con la colaboración del rector Guillermo Acevedo se logró encontrar en la biblioteca del colegio “El Aguilucho” anuario correspondiente a 1956, en donde figuran la promoción de ese año, compuesta por 39 estudiantes.


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También en la secretaría permitieron acceder al libro de notas correspondiente al referido año. En ese entonces se calificaba con números, de 1 a 5, incluso se utilizaba, en casos extremos, el cero. Aquí salta la pregunta. ¿Por qué aparece en el cuadro de honor del libro, sin tener calificaciones en el último año? ¿Y qué pasó con la foto del mosaico? Ese es otro enigma que sigue rondando al ex combatiente de Vietnam, al políglota, al hijo de Durania, Norte de Santander.

Sobre Campo Elías Delgado Morales se reseña en “El Aguilucho” que era el tambor mayor de la banda de guerra, miembro de la Academia de Literatura, integrante de los equipos de ajedrez y billar; organizador del bazar pro- piscina y del circo de toros. Tenía como prospecto estudiar Ingeniería Eléctrica, Electrónica, Química o Marina Mercante. Esa es una de las pocos fotografías que existen de tan misterioso personaje. La otra es la del pasaporte.

Sus compañeros de aula procedían de Venezuela, uno de Buga (Valle del Cauca), Cúcuta, Pamplona, Bucaramanga y Bogotá. Estos son los jóvenes de la época que figuran como destacados en el “Aguilucho”. Carlos Hernando Marciales Ramírez, Eduardo Vargas Ramos, Castor Eduardo Zambrano Navea, Salomón Jiménez García, Rodolfo Jaimes Pérez, Silvio Hernán Beltrán Arévalo, José Arnulfo Cañas Castro, Jorge Libardo García Pérez, Augus- to Guillermo Mojica Niño, Miguel Francisco Husmann Jalel, Horacio de Jesús Echeverri Giraldo, Laszlo Mazzuka Szigeti, Luis Enrique Díaz Jaimes, Jorge Arturo Mendoza Rincón, Víctor Manuel Hernández, Antonio José Gil Mendoza, José Enrique Pradilla Cobos, Afranio Villamizar Ortiz T, Gregorio Urbano Fernández, Miguel Ángel Villamil Cañizares, Rodolfo Ortega Navarro. José Alejandro Ruiz Ch., Rodolfo Cepeda Rey, Gustavo Alirio Páez Gélvez, José Luis Niño Pérez, Ciro Alfonso Melo López, Luis Eduardo Durán Gómez, Rafael Crispín Landínez, Pedro Ramón Bautista Jáuregui, Carlos Arnulfo Rosas Contreras, Alfonso Castillo Arias, Alvaro José Tolosa Gómez, Gonzalo Muñoz Rincón, Pablo Antonio Ariza Bayona, Carlos Antonio Sánchez Cárdenas, Marco Antonio Ibáñez Araque, Pedro Manuel Vera Ramírez y Hernando Pérez Gómez. Campo Elías Delegado Morales, en el libro figura de antepenúltimo.

El Colegio Provincial San José en ese tiempo estaba bajo la dirección y orientación de la comunidad de Hermanos de las Escuelas Cristianas, que la componía en todo el mundo 20.000 religiosos lasallistas. Los docentes en el último año que asistió Campo Elías a la institución fueron: los R.H. Dionisio Ignacio, Gilberto Fabián, Silvano Jorge, Arturo, Alonso María Pinilla Cote. Los doctores, Miguel Díez y Feliz, José A. García y el señor Luis Hernando Velandia. Calificaciones de Campo Elías en donde se observan puros 5, según pudo investigar el entonces corresponsal de La Opinión, Roberto Ospino.

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Celmira Figueroa
Celmira Figueroa

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