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Murales al barrio para rescatar la identidad cultural en Ocaña

Viernes, 1 de Octubre de 2021
Las calles del barrio La Costa de Ocaña se convierten en verdaderas galerías de arte urbano.

Los legendarios personajes que se paseaban por las calles empedradas de la Hidalga Villa de Caro se perpetúan en las paredes de las viejas casonas de los barrios históricos del municipio de Ocaña.

La iniciativa surgió entre los líderes comunales del sector de la Costa donde los pinceles del maestro Alexander Motta Pallares inmortalizan al encomendero español, Antón García de Bonilla, cuyo fantasma aparece en las noches oscuras de la comarca, según reza la tradición popular.

Los representantes de la vieja guardia aseguran haber visto el alma en pena del jinete, montado en su corcel, implorando clemencia a Santa Rita, por incumplir la promesa de regalar un manto bordado en hilos de oro a cambio de la curación de las sobrinas.

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Pedro Nel Ropero Ascanio vecino del sector manifiesta que a eso de las 12 de la noche estaba viendo televisión y escuchó el galope, le pareció extraño, se asomó al balcón y pudo apreciar la manera como una persona amarraba el caballo en un poste de energía y se arrodillaba a la entrada del templo. “De inmediato se me vino a la mente el caballero que divaga por la región purgando la falta”, agrega.

El caso más reciente ocurrió durante la Semana Santa del año 2012 con el actual director de la Oficina de Gestión del Riesgo y Atención de Desastres de Ocaña, Fernando Sánchez Barbosa, luego de asistir a la procesión del Santo Sepulcro en compañía de sus hermanos se sentó a bajar las fotografías.

“Sentimos un frío raro que penetraba por los huesos, un aroma a guirnalda y una bulla como si fuera una cabalgata. Extrañado por ese ruido de ultratumba, eché mano a la cámara y corrí hacia la calle, solo observé una nube grisácea que se posaba sobre la puerta falsa del monasterio de las Hermanas Dominicas Contemplativas, recuerde que a esa casa llegaba el encomendero con su amigo Teófilo, ahí estaban las caballerizas”, narra el funcionario.

“Estaba nervioso, me temblaba todo, esa bruma espesa siguió difuminándose y la silueta del jinete montado en el caballo se reflejó en la pared del Complejo Histórico de San Francisco, no encontraba cómo grabar o tomar la fotografía para tener evidencia de ese extraño fenómeno”, indica el señor Sánchez.
 

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En el parque de San Agustín de Ocaña se encuentra una estatua ecuestre del legendario personaje.

 

Nacido y criado en esa calle bautizada como Antón García de Bonilla siempre se burlaba de la gente que contaba la historia de las apariciones. “Yo era muy incrédulo, de niño escuchaba los relatos, se me erizaba la piel y en la medida que fui creciendo desapareció el temor, llegaba tarde de la noche a casa y nunca observé algo raro. Pero esta vez, se me estremeció el alma”, confiesa.

Son misterios como la energía astral captada por las cámaras en los cementerios, lo cierto del caso es que el personaje perdurará en la memoria de los ocañeros a través del arte, con esa mirada desde ‘el más allá’ refleja la existencia de un pasado, agrega.

Considera que Antón García de Bonilla fue un habitante más de Ocaña que tenía dos propiedades en el sector y residía en donde hoy está ubicado el museo del mismo nombre en el barrio de San Agustín.

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La propiedad de la sede del museo se le atribuye a don Antón García de Bonilla, el último de cuatro personajes que llevaron este mismo nombre, quien con sus aportes estableció el primer colegio de jesuitas en Ocaña. La arquitectura es considerada colonial doméstica urbana del siglo XVII, ya que cuenta con paredes de tapia pisada, cubierta de madera, caña brava, teja española, dos plantas con balcón corrido hacia el costado norte y piso en baldosa de barro. 

Todos los años en el tradicional desfile de los genitores es invitado especial a través de una comparsa para perpetuar la memoria.
 

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Cuentan los abuelos que en las noches oscuras salía el fantasma implorando perdón ya que su alma se encuentra errante al incumplir una promesa a Santa Rita.

 

“Significa mucho para la historia de Ocaña y plasma el arraigo cultural de una región que se alimenta de mitos y leyendas. El objetivo nuestro es mantener vivas esas tradiciones y vamos a convertir las calles en galerías de arte urbano. Llevamos 4 murales y la idea es llegar a barrios como Villanueva, La Piñuela y Adolfo Milanés con grandes aportes al progreso y desarrollo”, manifiesta el promotor cultural Mario Castellanos Chinchilla.

El líder comunal tiene listo el libro con los aspectos más sobresalientes de la región y trabaja en el diseño de una ruta donde los guías orienten a propios y visitantes sobre la importancia de los corredores con el fin de integrar el paisaje de la Pradera, el camino del milagro que conduce hacia el santuario del Agua de la Virgen, el estilo colonial de las calles del barrio Villanueva, el templo de Jesús Cautivo, el Complejo histórico de San Francisco escenario de la gran Convención de Ocaña, la capilla de Santa Rita, la calle empedrada del embudo, la vieja casona del molino, El pozo el Trianón, la fábrica de gaseosas la Favorita y el cerro tutelar de la Santa Cruz.

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La empresa privada ha contribuido con la elaboración de esos ambientes y las paredes de las viviendas están llenas de colorido de los arrieros, en vía de extinción, que hicieron ‘camino al andar’; los platos típicos de la gastronomía local; el maestro Rafael Contreras Navarro, quien dejó huella imborrable en el pentagrama regional y ahora el mítico personaje que aportó al desarrollo y progreso de la zona, recalca.

 La idea es difundir la cultura de los murales en la ciudad, no son grafitis, producto de la rebeldía sino un arte para sensibilizar a la gente. Durante la época de la colonia jugó papel fundamental con los molinos para triturar trigo, base de la alimentación de ese entonces, existe el pozo donde se extraía el agua para los oficios en las viviendas y todo un complejo histórico a su alrededor, asegura el pintor Alexander Motta, catedrático de la escuela de Bellas Artes de la universidad Francisco de Paula Santander, seccional Ocaña con una especialización en México.

 Ahora la calle empedrada del Embudo tiene un valor agregado con la imagen del encomendero Antón García de Bonilla, quien pareciera que estuviera mirando a los ocañeros desde el más allá.

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Donde hoy funciona el museo del barrio San Agustín vivió el encomendero Antón García de Bonilla.
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Javier Sarabia

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