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Los pros y los contras de Venezuela como garante en diálogos con el Eln

Jueves, 15 de Septiembre de 2022
El presidente Gustavo Petro invitó a Nicolás Maduro a acompañar las conversaciones y este ya aceptó.

La reanudación de los diálogos de paz entre el gobierno del presidente Gustavo Petro con la guerrilla del Eln se sigue consolidando, a la espera de un próximo encuentro entre las dos partes para definir los protocolos y el procedimiento que guiará esta nueva fase de las conversaciones, rotas desde 2019.


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La cita esta vez será en Venezuela, país que acaba de aceptar la invitación hecha por Colombia para participar como garante de las negociaciones, junto con Chile y Cuba.

“Las dos partes hemos llegado a un acuerdo para dar aplicación cabal y segura a dicho protocolo, previendo la realización de una pronta reunión en Venezuela, a fin de concretar el procedimiento, así como otros pasos para el anhelado restablecimiento de la mesa de conversaciones con esta guerrilla. Por esta razón, le solicitamos su activación como país garante, su autorización y cooperación en el proceso de paz que estamos reiniciando”, le planteó Petro a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, quien ya aceptó.

Si bien esta no es la primera vez que Venezuela acompaña un proceso de paz colombiano, pues su apoyo fue clave en las negociaciones con las Farc y en 2016 Caracas fue sede para la firma del acuerdo y la agenda que le dio inicio a las recientes conversaciones con el Eln, la nueva realidad del país, de las relaciones con los vecinos y de la guerrilla misma, han despertado muchos interrogantes sobre la conveniencia de la decisión tomada por el presidente de la República.


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Mientras que del lado colombiano, analistas consultados por La Opinión coinciden en que la vinculación de Venezuela al proceso no solo es necesaria e imprescindible, por el vínculo que tiene el grupo armado con ese país, en territorio venezolano consideran que el gobierno de Maduro no tiene la capacidad de ser imparcial en esta negociación y en esa medida no le aportaría nada al proceso.

¿Por qué debe ser parte de la negociación?

Vicente Torrijos, profesor de ciencia política, considera que la participación de Nicolás Maduro y del régimen venezolano en los diálogos con el Ejército de Liberación Nacional no es propiamente el fruto de la simpatía que pueda haber con el gobierno de Gustavo Petro, sino que obedece a una “imperiosa necesidad” y a un “realismo político”.

“Si un gobierno quiere desarrollar una negociación con ese grupo en particular, no puede hacerlo sino con el concurso de quienes les han dado amparo, quienes los han prohijado y quienes profesan un mismo código ideológico”, opina.

 


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Torrijos recordó que en la teoría de los conflictos está claro que el mejor mediador es aquel que tiene intereses directos en el conflicto en el que media y que tiene suficiente poder, ascendencia e influencia sobre las partes, como para poder, incluso, definir las agendas de una negociación y exigir su cumplimiento. “Entre más poder tenga y más involucrado esté con los intereses en ese conflicto y más capacidad tenga, cumple mejor el papel”, sostuvo, tras insistir en que este es el caso de países como Venezuela y Cuba, que han acompañado los diálogos con el Eln.

Una lectura similar tiene el investigador y vocero del Observatorio de Venezuela de la Universidad  del Rosario, Ronal Rodríguez, quien cree que, teniendo en cuenta la dinámica que se ha dado en los últimos años con relación a la presencia del Eln en territorio vecino, este no debería ser un país facilitador, garante o mediador, sino parte de la negociación.

“Esta negociación también va a depender, en parte, de lo que se pueda hacer para desarticular al Eln venezolano, porque de lo contrario, la paz total no va a ser posible. El Eln es una guerrilla que logra un orden territorial, pero particularmente que permea a la sociedad y en varios espacios territoriales del vecino país ha logrado eso, al punto de que muchos ciudadanos prefieren la presencia del Eln que de las autoridades venezolanas”, señaló.

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El Eln ha alcanzado una importante presencia en Venezuela, pero el gobierno vecino aún no lo reconoce./Foto archivo

 

En ese sentido, Rodríguez considera que la participación de Venezuela en estas nuevas conversaciones es necesaria. “Habrá que ver cómo funciona, no solo porque Venezuela ha logrado una cercanía con el Eln, sino porque ese grupo está instrumentalizando al régimen venezolano y le va costar mucho a Venezuela hacer retroceder al Eln”.

De ahí que, para el analista, la participación en el proceso va a permitir ver cuál es el nivel de sinceridad de Venezuela frente a la presencia del Eln allí, algo que no reconocen aún.

Más relevancia para Maduro que beneficios

En Venezuela, el escepticismo sobre la sinceridad y voluntad del gobierno bolivariano frente a este nuevo proceso de conversaciones es mayor, teniendo en cuenta la fuerte presencia e influencia que ejerce la guerrilla colombiana en los estados venezolanos.


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“Esta invitación que ha aceptado el Estado no va a traer ningún beneficio. ¿A qué acuerdos van a llegar? ¿A que va a cesar esta actuación violenta en Colombia o van a firmar la paz, pero con la condición de que van a seguir actuando desde Venezuela como lo han hecho por muchos años?”, cuestionó Clara Ramírez, coordinadora de la organización venezolana Fundaredes.

Desde hace más de una década, esta organización ha venido denunciando el crecimiento del Eln en territorio venezolano, con gran concentración en las regiones fronterizas, en donde han sido partícipes de homicidios, trabajos forzosos, contrabando, narcotráfico, pistas clandestinas, entre otras actividades ilícitas.

Ramírez recordó que, de tiempo atrás,  esta guerrilla tiene control del espacio radioeléctrico con diferentes emisoras radiales en territorio venezolano y también llevan a cabo actividades de adoctrinamiento, adiestramiento armado, además de lucrarse de la minería ilegal.


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La coordinadora de Fundaredes aseguró que los primeros diálogos que llevó a cabo el Estado colombiano con las Farc y el Eln  no rindieron los frutos que se esperaban y por eso ahora estos grupos tienen una marcada presencia en Venezuela.

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Venezuela ya ha acompañado otros procesos de paz con las guerrillas colombianas./Foto archivo La Opinión

 

“Se dice que el Estado venezolano va a actuar de una manera imparcial entre estos dos actores, el Eln y el Estado colombiano, pero, ¿con qué imparcialidad va a actuar Nicolás Maduro cuando uno de sus aliados en Venezuela es el Eln? ¿Con qué imparcialidad puede actuar alguien que ha permitido que los cabecillas del grupo entren y salgan de Venezuela y dominen todo el territorio?”, planteó.

Por su parte, el investigador académico del Centro de Estudios de Fronteras e Integración (CEFI) de la Universidad de Los Andes, Francisco Javier Sánchez, recordó que Venezuela ya fue acompañante en el proceso de paz con las Farc, pero consideró que ahora su posición sería de mayor relevancia, porque sería bajo la figura de garante, según la propuesta planteada por Petro.


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“En aquel momento en que Venezuela, con el presidente Hugo Chávez, fue garante del proceso de paz, aun con las afinidades que pudiera haber ideológicas con esa guerrilla, de todas maneras la guerrilla no tenía una actuación, una presencia, como la tiene actualmente en Venezuela”, sostuvo el investigador.

En su criterio, esta decisión puede interpretarse también como una jugada del presidente Gustavo Petro, por su afinidad ideológica con Nicolás Maduro, para darle relevancia, vocería y salida internacional a un gobierno que ha estado aislado por sus mismas actuaciones.

“Una posición de esas le daría a Venezuela una mayor vocería y presencia en un proceso de esa magnitud, que si bien atañe a los colombianos, tiene repercusiones y tendrá referencia e importancia para la región”, planteó Sánchez.

Según Fundaredes, el frente urbano Camilo Torres tiene presencia en estados como: Táchira, Zulia, Mérida, Trujillo, Barinas, Lara, Falcón, Carabobo, Portuguesa, Aragua, Guárico, Bolívar, Monagas, Anzoátegui, Delta Amacuro y Caracas, además de utilizar a Yaracuy como un centro de adiestramiento.

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