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Apuestas, robos y pérdidas, la obsesión de los ludópatas

Jueves, 13 de Mayo de 2021
Detrás de un ludópata hay historias de sufrimiento y desesperación.

La mirada de Camilo Cárdenas* hoy es fija y sin temor hacia los demás. Ya dejó de sentirse humillado, como un ladrón e inservible para su familia, hasta donde lo llevó la ludopatía (una enfermedad relacionada con la adicción a los juegos electrónicos o de azar, de naturaleza progresiva y compulsiva, que no puede curarse, pero sí detenerse).

Durante nueve años estuvo sumergido en el ‘infierno’ de las apuestas en el casino, como él mismo lo describe. Conoció y convivió con la miseria, a pesar de tener comodidades económicas, por culpa de los juegos y de las compulsiones que lo llevaron a apostar y a perder todo en cuestión de minutos.

Un domingo, después de un día tormentoso de pérdidas de su salario y de dinero prestado entre familiares y amigos, además de agotar la última oportunidad que le había dado su pareja para no perder el hogar, vestido con un bóxer roto, decidió dar un paso al costado y enfrentar esta silenciosa y cruel enfermedad.

Con lágrimas recordó el momento en el que entró al grupo de Jugadores Anónimos, que le abrió las puertas para ser una mejor persona, para retomar el proyecto de vida que siempre soñó y por el que casi pierde todo por cuenta de la adicción que lo llevó a ser un ludópata.

Hoy, Cárdenas cumple cinco años de abstinencia en los juegos y está feliz porque puede abrazar a sus dos hijos de 4 y de un año y medio, además de consentir el vientre de su esposa, con la que esperan su tercera hija, que nacerá el próximo mes.

“Siempre soñé esta historia, tener una familia, darle lo mejor y hoy se cumple, se hace realidad gracias a Jugadores Anónimos. Soy feliz, volví a creer en Dios y a tener fe, a trabajar, a dormir, a compartir con mis amigos y con mi familia; ya no me ven como un ladrón, como un vago, como el malo del paseo”, aseguró Camilo.

Las historias

Entre las anécdotas que tiene este ludópata, está el día que, en el transcurso de una hora, perdió tres veces el dinero de un pasaje del vuelo hacia el exterior para su hermano, además de su carro.

“A pesar de todos los antecedentes que tenía, yo era el encargado de las finanzas en la casa y de las compras. Ese día entré al casino y perdí el dinero del pasaje, por lo que llamé a un familiar y le inventé que me habían robado, para que me prestara el dinero, pero con las ansias de querer recuperar lo que había perdido, volví a apostar y perdí. Decidí empeñar mi carro y, nuevamente, aposté y perdí todo”, recordó Cárdenas.

Esta racha de pérdidas era constante, tanto como quedarse sin los servicios básicos, sin dinero para comprar un almuerzo y mucho menos para comprar ropa.

La transferencia de adicción

Aunque Camilo logró alejarse de los juegos, su enfermedad le jugó otro grave riesgo y esta vez, se convirtió en alcohólico.

El consumo excesivo de licor fue a diario, pero nuevamente, este decidido hombre, tomó su fuerza de voluntad y decidió apartarse de este camino doloroso, para vencer una vez esta característica obsesiva para retomar su vida.

“Hace un año y medio no tomo ni una gota de licor. Ni siquiera en Navidad, de ninguna clase”, dijo.

Jugadores Anónimos

El mensaje

Cárdenas les suplicó a las personas que estén bajo el dominio de la ludopatía que se acerquen al grupo de Jugadores Anónimos ubicado en la avenida 3 entre calles 17 y 18, del barrio La Playa, para que sean asesoradas y acompañadas en este proceso.

“No estamos en contra del casino, no es nuestro propósito, el objetivo es ayudar al que está sufriendo, antes de pensar en matarse, si ven que no hay escapatoria, yo les suplico que se den la oportunidad de conocer un grupo de 12 pasos y así puedan salir de esto”, dijo este apostador compulsivo.

Cárdenas aseguró que las apuestas deportivas han generado un incremento de ludópatas, porque este tipo de juegos son digitales, en línea, que no necesitan de la presencia física.

“Uno está desde un celular apostando y perdiendo todo, a pesar de que esté rodeado de su familia. Ya no hay jornadas de doce horas en un casino, y esto es más peligroso”, dijo.

 

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