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La valiente tarea de una mamá en el Esmad

Domingo, 30 de Mayo de 2021
La cucuteña Deirys Johana Rodríguez Vera integra desde hace 8 años el Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía.

Con la sonrisa pintada en la cara, Deirys Johana Rodríguez Vera estira los brazos y alza a su hija María Antonia. La besa con pausa y la abraza, mientras que la pequeña sorprendida le palpa el uniforme negro que nunca antes le había visto.

Rodríguez Vera es una patrullera e integrante del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de la Policía. Para esta entrevista se reunió con su madre e hija en el Comando de la Metropolitana de Cúcuta, donde la pequeña, de 16 meses de nacida, conoció el uniforme con el que su madre enfrenta su trabajo, diferente al tradicional verde oliva.

Deirys Johana tiene 30 años y siempre soñó con ser policía. Es una pasión que lleva en la sangre. Su mirada es directa. Al hablar es franca y sin rodeos. Es la segunda de tres hijos policías e inició su vida en la institución policial en 2009 en la escuela de Sumapaz (Cundinamarca).

De allí salió graduada y fue enviada a Cúcuta en donde estuvo hasta el 2013, cuando el destino le deparó cursar para integrar el Esmad en Bogotá. Desde entonces nunca ha sentido otra pasión mayor que cumplir su labor.

“Me gusta mucho lo que hago. Somos los más odiados y eso hace que el trabajo sea difícil, pero lo hacemos con pasión y siempre garantes de los derechos humanos”, dijo Deirys.

Esta cucuteña se estrenó como mamá el 19 diciembre del 2019, cuando estaba en la capital del país, donde conoció al padre de la pequeña. Desde el 11 de enero de este año, volvió a su natal Cúcuta para hacer parte de las cuatro mujeres que integran el Esmad en la capital nortesantandereana. Dos de sus compañeras cumplen trabajos de oficina, la tercera la acompaña en la fila como escudera, mientras que ella es la encargada de portar el arma que lanza las esferas de gomas.

 

Fuerte y guerrera

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Deirys Johana Rodríguez Vera, patrullera del Esmad

En todo el país hay actualmente 130 mujeres que integran el Esmad. Deirys completa 8 años allí y en ese tiempo ha visto caer a sus compañeros.

“Tengo dos momentos duros marcados en mi mente. El primero fue en la Universidad Distrital del Sur en Bogotá, cuando una compañera fue impactada con una papa bomba y vi como cayó al suelo y, al mismo tiempo, darme cuenta que los manifestantes celebraban nuestra desgracia. Eso fue impresionante”, recalcó.

La patrullera aseguró que su segundo episodio fue el 19 de febrero de 2017, cuando una explosión en la calle 27 con carrera 5, cerca de la Plaza de Toros La Santamaría, en el céntrico barrio de La Macarena de Bogotá, dejó a más de 30 heridos ese domingo y, tres días después, a uno de sus compañeros muerto.

“Ese era mi turno. Yo tenía que estar con ellos, pero por cosas que uno a veces no se explica no me tocó sentir en carne viva aquella explosión. Faltaban 10 minutos para el relevo cuando estalló la explosión. Llegamos a auxiliar a mis compañeros”, narró.

El apoyo de su madre

Ana Teresa Vera Díaz, la mamá de Deyris fue testigo de cómo por teléfono, su hija le expresaba el dolor, la rabia e impotencia que le dejó perder a su amigo el patrullero Albeiro Garibello Alvarado, quien murió en un centro médico al no resistir las heridas.

“Son las dos veces que la he escuchado llorar. Ella es fuerte, guerrera, compañera y muy humana”, dijo la mamá.

Deirys recuerda que en Bogotá no tenía quien le cuidara a la niña y tuvo que traerla a Cúcuta y dejarla con su mamá. “Pero, separarme de ella me sacó lágrimas. Por eso, un traslado fue lo mejor que pudo pasarme”.

Ahora en Cúcuta, la patrullera lleva una vida con menos tensión pero no deja de ser desafiante.

Ana Teresa admira su valentía. “Me siento feliz y orgullosa de ella. Admiro la tenacidad que tiene. Esa especialidad no es para cualquiera. Su papá fue policía y eso lo lleva en las venas, ella y mis otros dos hijos de quienes me siento orgullosa”, dijo Ana Teresa.

La mamá de la patrullera asegura que cada vez que  su hija sale a cumplir con su deber, su bendición nunca falta. “Recalcarle que la esperamos en la casa y que su hija la necesita, es siempre una manera de motivarla”.

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Deirys Johana Rodríguez Vera, patrullera del Esmad

En acción

Cuando el Esmad es requerido, la patrullera inicia poniéndose la parte inferior del protector negro, luego la parte de la mitad y por último la zona superior. En total, son más de 10 kilos que lleva encima. Una vez lista, Deirys pasa al armerillo y recoge su arma.

“Amo todo lo que hago. Debemos estar disponibles las 24 horas del día porque en cualquier momento nos pueden requerir”, recalca la patrullera.

Estar entre las filas del Esmad significa saber su hora de salida de casa, pero casi siempre es incierta la hora de regreso. Sin embargo, Deirys Johana tiene claro que eso no será impedimento para darle todo el amor a su hija. Cuando se despoja del peso de su uniforme  y se cambia de ropa para ir a su casa, a la hora que sea, si María Antonia está dormida, la toma suavemente, la carga en sus brazos y le murmulla.

“En la calle nos gritan cerdos y todo los insultos que se puedan imaginar. Pero somos seres humanos y cuando llegamos es porque ya se agotó el dialogo entre todos. Aunque acá en Cúcuta han sido calmadas las manifestaciones, nuestra disponibilidad es en todo el país  y en cualquier momento debemos salir si lo requieren”, aseguró.

Para la suboficial lo más bonito de su profesión es ver la parte noble de la comunidad que le agradece cuando llegan a controlar a quienes quieren actuar de manera no adecuada afectando las vías o sus negocios.

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Laura Serrano