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Película del universitario que enfrentó la muerte y triunfó

Miércoles, 20 de Octubre de 2021
Fue embestido por un carro fantasma en Bogotá.

El caso del joven cucuteño Andrés Bueno Durán, de 25 años, traspasó los límites de la fe, el amor y la felicidad. Un drama que encaja a la precisión en un guión de película  con tintes de “best seller”.

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Una trama que conjuga acción, suspenso y demás ingredientes de la gran pantalla, y en la que Andrés carga, como actor protagónico, un papel para el que no estaba preparado aún, pese a que su sueño de toda la vida es convertirse en actor y director de cine.

Escena I: El accidente

Su historia comienza como lo hacen las películas de acción: con velocidad y con sangre.
Había partido de su natal Cúcuta a la edad de ocho años porque un día le dijo a su mamá que quería ser actor de televisión, pero para ello debía irse a Bogotá.

Es el mayor de tres hijos de la pareja conformada por Indira Margarita Durán García y José Fernando Bueno.

Andrés no desaprovechó su estancia en la capital del país y desde el colegio en el que adelantó sus estudios de bachillerato empezó a labrar su carrera de actor. Para ello se matriculó en la academia de teatro Deca y alternaba sus clases con las de secundaria. Es más, era tanta su pasión que, con la ayuda de un amigo, se colaba en las clases de cine de una universidad de Bogotá.

A sus 19 años, cuando estaba a punto de graduarse de bachiller ocurrió lo inesperado. Un taxi lo embistió en la carrera 50 con calle 44, en el noroccidente, en la misma cuadra de su casa, hecho que le cambió la vida.

Fue un primero de mayo de 2015. En el barrio La Esmeralda. El golpe fue a la 1:22 de la madrugada.

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Los socorristas que acudieron al lugar lo intentaron reanimar una, dos y tres veces, pero el resultado no era alentador. Su vida estaba más allá que acá. No obstante, así fue llevado a la clínica más cercana, donde quedó en coma.

El parte médico fue contundente: lesión difusa grado tres. La máxima. Su sueño de ser actor y director de cine empezaba a esfumarse.

En la clínica a la que fue llevado, nadie daba un peso por su recuperación, salvo su madre Indira, quien fue la única que expresó fe por su salvación.

El coma en el que quedó se extendió por 22 largos días, al cabo de los cuales, el Día de la Madre, abrió sus ojos para salir del letargo en el que se encontraba.

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Aquí Andrés Bueno Durán con su mamá Indira Margarita.

 

Escena II: Muerte cerebral

“Yo estoy vivo gracias a mi mamá y a Dios”, expresa Andrés al referirse al accidente sufrido y a su paso por la clínica.
“Médicamente no había nada que hacer. Al momento de la reanimación que le hicieron en el sitio del accidente y que duró una hora y 20 minutos, él se fue, pero la voluntad de Dios era otra”, dice Indira, la madre de Andrés. 

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“Yo llego a la clínica y me propuse sacarlo del trance en que se encontraba. Me encuentro con ese cuadro y dije: mi hijo va a vivir, yo lo declaré vivo en el nombre de Dios”, acota la progenitora.

Indira cuenta que los médicos le decían  que ya no había nada que hacer. “Me  pusieron psicólogo, porque tenía que renunciar a muchas cosas, él (Andrés) no iba a volver a hablar, a caminar, etc.”.

Lo declararon vegetal. Así permaneció durante casi seis meses. Su problema era grave. Perdió todos sus sentidos.
“Mi hijo tenía milimetrado diez por ciento de vida y yo me pegué de ese diez por ciento”, dijo Indira, quien no entendía por qué los médicos habían perdido la esperanza. “Por qué tomaron la decisión de que tenían que desconectarlo. No me explico”, dijo.

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A partir de ese momento, para los familiares de Andrés comenzó una carrera contra el reloj, contra la EPS, contra la justicia y contra el taxista que lo atropelló.

Indira vende trofeos y medallas en todas las ciudades del país, pero ahora el único trofeo que le interesaba era el de salvar la vida de su hijo.

El caso de Andrés lo conoció todo el país por las noticias que emitieron los noticieros de televisión. Se hablaba de que era un actor cucuteño cuyo sueño era ser director de cine, pero que un taxista le había arrebatado esa meta al atropellarlo y huir del sitio.

La justicia no arrojó ningún resultado, pese a que aportaron todas las pruebas para que se enjuiciara al conductor del taxi. 

Indira cuenta que se vieron impotentes porque no recibieron ayuda de nadie. Su caso era algo parecido al del universitario Colmenares. “Veíamos que iba camino a la impunidad”.

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Indira durán, madre de Andrés Bueno Durán./Foto Cortesía

 

Escena III: Volver a empezar

La EPS también eludió su responsabilidad con la salud de mi hijo, asegura Indira, razón por lo cual decidió llevarse a su hijo para la casa. “Yo empecé a hacerle videos, le empecé a estimular su sueño de actor, empecé a recordarle lo que más le gustaba, que era la actuación, la televisión, el cine.

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“Él quedó como un bebé. Le compré cositas de bebé, perfumes de bebé”, cuenta la mamá.
En la clínica, empezaron a pensar que Indira estaba loca al ponerse en esas cosas, porque para ellos Andrés no iba a vivir.

“Empecé a enseñarle a pronunciar palabras. A dar los primeros pasos, como un bebé. En casa comenzó una tarea dura de amor, de perseverancia, de ayudarnos. Empezaron los estímulos”, relata Indira.

Cuenta que incluso estando él en ese estado, pagó las pruebas del Icfes, porque sentía que él iba a recuperarse.

Y ese día llegó. “Cuando me dijo que quería ir al colegio, yo le dije que así era, que él se iba a graduar”, dijo entre lágrimas la progenitora.

Escena IV:La matrícula

En el momento del accidente, Andrés no había terminado bachillerato pero ya era actor.
Ya había incursionada en cortometrajes .“Participé en cuatro películas, de las cuales en tres fui el protagónico”, expresa Andrés.

Él dice que el teatro le gustaba como una forma de terapia. “Yo logré lo que yo quería hacer”, dice Andrés.

“Trabajé en cortometrajes, y en una participación pequeña en una película. Lo más importante de lo que he hecho se llama Mala Cosecha, que es cortometraje. Hice mucho teatro. Lo último que grabé fue el papel de un guerrillero, eso fue un mes antes del accidente”, recuerda Andrés.

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El joven cucuteño asegura que en el accidente no quedó todo, “tras ese episodio mis sueños se intensificaron porque yo quiero cambiar algo en la sociedad. Los cambios nacen por uno mismo. Yo quiero llevar, a través de mi, arte, conciencia”. 

Por eso, una vez recibir el grado de bachiller, su próxima meta fue la de matricularse para estudiar cine en el politécnico Gran Colombiano de Bogotá.

Apenas se pudo valer por sí mismo, Andrés acude al Politécnico. “Quiero ser director de cine. No tenía recursos, pero me inscribí. Si Dios te dio la vida te va a dar la oportunidad de conseguir este sueño”, recordó.

Pero Andrés se encuentra con algo inesperado. Al presentarse a la universidad le dijeron que no lo podían  matricular porque en su historia clínica figuraba que su estado era el de un vegetal, que debía acudir a un centro de educación para personas especiales como él.

No obstante, Andrés tuvo que demostrarles a los directivos del claustro universitario que si bien en su historia clínica figuraba como vegetal, su verdadero estado era normal, estaba en sus cinco sentidos, con los pies en la tierra, con razón al quinientos por ciento y con unos deseos enormes de estudiar, lo que le valió para que le dieran una beca para estudiar allí lo que más quería: cine.

No obstante, hubo una condición: que siempre mantuviera el promedio en 4,5 y en la actualidad ya va en el último semestre y es uno de los mejores estudiantes de cine. 

“Yo sabía que quería estudiar, dónde lo quería hacer, y sabía que lo podía hacer, porque yo no estaba loco ni nada, estaba muy cuerdo”, relata Andrés.

 

Escena V: El proyecto

Es difícil, pero se puede, dice Andrés de lo que sigue ahora que culmine su carrera de cine.
“Tengo mi corazón firme. No hay barreras, las barreras se las pone es uno en la cabeza. La gente lo ve a uno con lástima, pero es mentiras, no es así, mucha gente con discapacidad hace cosas muy grandes”, dice.

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“Para mí ahora es muy difícil caminar, salir a la calle, la gente me mira raro. Pero no sabe qué me pasó. Yo siento mucho dolor al caminar, aun me falta la cirugía de rodilla”. 

Sus sueños ahora son los de hacer una película en Cúcuta, con talento local, ojalá enfocado al tema del conflicto interno que se vive en Norte de Santander.

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Orlando Carvajal - Periodista La Opinión
Orlando Carvajal

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