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Niños y jóvenes del Catatumbo tienen un guía espiritual
Se trata del padre Rito Julio Álvarez Rodríguez, quien sufrió los rigores de la guerra.
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Javier Sarabia Ascanio
Javier Sarabia
Domingo, 7 de Noviembre de 2021

Cuando niño el padre Rito Julio Álvarez Rodríguez sufrió los rigores de la guerra y fue desplazado por los violentos en zona rural del municipio de San Calixto. 

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Una maestra de escuela le tendió la mano y así pudo terminar la primaria como punto de partida para materializar los sueños. Ese instante, lo marcó para siempre y solicitó a Dios mucha sabiduría con el fin de rescatar a los menores de edad de los campos de batalla. 

Terminó la secundaria y la vocación le abrió el sendero para adelantar los estudios teológicos que lo llevaron a Italia. El presbítero, nunca se olvidó de aquellos niños y adolescentes de una generación herida por la incomprensión del hombre. “En muchos casos para sobrevivir deben trabajar en cultivos de coca o son obligados por grupos ilegales a participar en una guerra que no les pertenece”, indica.

Esa llama de esperanza nunca se apagó en el corazón del padre de la diócesis de Ventimiglia Sanremo, Italia, y con la cooperación de la comunidad se dio a la tarea de transformar las condiciones de vida de los jóvenes de bajos recursos económicos en zona de conflicto, brindar una formación integral, basada en la educación académica, espiritual, moral, forjar una mentalidad de justicia social, trasparencia y servicios hacia los demás. 

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Así surge la Fundación Oasis de Amor y Paz, con sede en el municipio de Ábrego, a donde llegan los niños y jóvenes que huyen del conflicto armado y buscan un futuro diferente.

Esa semilla cayó en tierra fértil el 20 de enero de 2007 y hoy día se convierte en líder de la transformación de los procesos sociales, pionera en el trabajo a favor de los derechos humanos.

El guía espiritual creó la Associazione Angeli de Pace Sanremo Onlus, organización de cooperación internacional para sostener el proyecto en Colombia.

Niños y jóvenes del Catatumbo tienen un guía espiritual./Foto: cortesía

En los 14 años han pasado centenares de estudiantes de primaria, secundaria e incluso de la universidad Francisco de Paula Santander, seccional Ocaña, quienes exaltan la misión silenciosa, pero eficaz del padre Rito.

Recuerda esa casa deteriorada que habilitó como albergue para 10 muchachos, adecuó una granja experimental donde los menores de edad aparte de la formación académica en valores éticos y morales aprendieron a vivir en armonía con la naturaleza.

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En el olvido han quedado aquellos recuerdos de las confrontaciones entre la guerrilla y los paramilitares que dejaron desolación y muerte. Ahora los jóvenes tienen la alternativa de materializar los sueños.

En la finca autosostenible se cuenta con estanques piscícolas, criaderos de cerdos, pollos y otros animales de corral. Además, árboles frutales, verduras y en especial el café que busca conquistar territorio europeo. Los muchachos siempre están en comunión con la naturaleza y practican incluso actividades físicas.

El sacerdote lidera campañas de información y sensibilización contra las drogas en España e Italia donde muestra la realidad cómo los jóvenes y niños son explotados en los cultivos ilícitos en Colombia. Asimismo, la tragedia ocasionada por el consumo de drogas en el mundo.

Los voluntarios son familias, comerciantes, estudiantes, profesionales, pensionados, gente humilde y generosa “que con sacrificios y renuncias contribuyen a sembrar paz en el corazón de los niños”, agregó.

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Todo está en las manos de Dios -dice- y la esperanza es patrocinar a jóvenes universitarios para que realicen maestrías en Europa y continúen apoyando a la Fundación.

Niños y jóvenes del Catatumbo tienen un guía espiritual./Foto: cortesía

Los testimonios

La actual secretaria Suleyda Karina Bayona Pacheco desde niña recibió el apoyo de la Fundación. “Ingresé como beneficiaria en el hogar, cursé el proceso de primaria, la secundaria y el universitario. Ahora me vinculé como profesional en administración financiera”.

Ella indica que las puertas están abiertas para que superen las secuelas de la guerra y reciban la formación espiritual. Es una gran obra que brinda oportunidades de surgir, la educación es la mejor herramienta para cambiar el mundo, reitera.

Yeison Paredes es el sicólogo que brinda la asesoría a los niños y ayuda a construir el proyecto de vida. “Es orientar a esa población en condiciones de vulnerabilidad con actividades psicosociales, lo que se constituye en un granito de arena a la convivencia pacífica. Se les enseña a luchar por un sueño, pues siempre hay una mano amiga para ayudarlos”, reiteró.

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Alfonso Pérez Robles confiesa que su abuelo fue asesinado por los paramilitares en la zona del Catatumbo y los padres son desplazados por la violencia. En el hogar encontró ese apoyo para olvidar ese pasado y materializar los sueños de convertirse en un profesional. 

“Es una bendición de Dios contar con personas como el padre Rito que ha ayudado a muchas personas. Hay un potencial y debemos aprovechar esas oportunidades que nos da la vida”, reiteró.

Ramiro Ropero coordinador académico y disciplinario de formación Jesuita conoció al padre en Europa y le encantó la iniciativa.  En la actualidad dirige a 32 estudiantes entre ellos a 9 de la comunidad Motilón Barí. “Ellos comparten experiencias, van al colegio y las escuelas, retornan hacen tareas, practican deporte y los fines de semana ayudan en las labores agropecuarias.

Niños y jóvenes del Catatumbo tienen un guía espiritual./Foto: cortesía

“Trabajamos con esa población en riesgo de caer en manos de grupos ilegales y se protege para que cumplan las metas trazadas. La misión es alejarlos del peligro ya que pueden incluso perder la vida en medio del conflicto registrado en la zona”, precisó.

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Asegura que viven en armonía ya que los niños y jóvenes se enamoran de la Fundación y aprenden mucho para el desarrollo social para contribuir con un granito de arena a la paz de Colombia.

También un comunicador 

José Hernando Torrado Claro, oriundo de El Tarra, viajó muy niño a Ábrego y regresó como profesional a brindar los servicios como Comunicador Social y Periodista en la zona del Catatumbo. “Desde la primaria en la escuela Bolívar, luego en el colegio Carlos Julio Torrado Peñaranda y después en la universidad Francisco de Paula Santander, seccional Ocaña, hice todo el ciclo académico y estoy muy agradecido con el padre que auxilió a mi familia. De lo contrario estaría raspando coca o en las filas de los grupos al margen de la ley. Toda mi infancia y juventud la viví en la Fundación. Son muchos los profesionales que ha sacado adelante. Para mí significa un verdadero oasis de amor y paz”, puntualizó.

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