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Bonifacio Chapeta: 60 años cultivando café

Sábado, 30 de Marzo de 2019
El Comité Departamental de Cafeteros le entregó un reconocimiento por su labor durante más de 50 años en el gremio.

En lo más profundo de la vereda Paso Antiguo, ubicada en el municipio de Herrán,  se esconde la magia que atrapó durante una vida a Bonifacio Chapeta Sierra, de 85 años, declarado orgullosamente caficultor.

Por más de 60 años, las canastas, bultos y harneros fueron cómplices de una historia dedicada al cultivo de café, que empezó cuando tan solo era un  joven.

Sembrar, recoger y comercializar el café no es nada parecido al cultivo de trigo y hortalizas de tierra fría, que Bonifacio aprendió a hacer desde muy niño.

Impregnado de la cultura y los saberes ancestrales del campo, volvió a empezar después de prestar el servicio militar, con apenas 2.000 matas.

Pasó las grandes bonanzas cafeteras y hoy lamenta la crisis de precios que aqueja la rentabilidad de miles de productores en el mundo.

Con esfuerzo, cada año se propuso aumentar el número de plantas en la finca El Progreso, propiedad de su familia, y hoy son más de 16.000 las que adornan sus cafetales.

“Empecé a trabajar sobre el café, eran cultivos de variedad típica”, explicó.

Para la década de los 50, cuando se empezaron a dar sus primeras cosechas, el principal mercado del café era Venezuela y debía comercializarlo por su propia cuenta.

“Después llegó la Federación Nacional de Cafeteros, me vinculé y me hice amigo de ellos y empecé a llevar obras importantes para el municipio”, dijo.

Hoy, ya los años le pasaron cuenta de cobro y las enfermedades no se hicieron esperar. Aunque sigue viviendo en su adorada finca, Bonifacio se retiró de los cafetales, pues se le dificulta caminar y su visión ya no es la misma.

Una esposa incondicional  

Bien reza el dicho que detrás de todo hombre siempre hay una gran mujer. Bonifacio lleva más de 50 años casado con su esposa Guillermina Contreras, a quien le lleva casi 20 años de diferencia y quien ha sido el motor principal del cultivo.

“Yo la conocí a ella en la vereda, pasaba por la finca de mis papás, donde nosotros vivíamos, y empecé a conquistarla; ella tenía 16 años y yo 32”, agregó contando que se han casado ya tres veces.

El reconocimiento por la dedicación al cultivo de café se lo lleva también Guillermina, quien desde que Bonifacio se convirtió en líder de la Federación, estuvo al frente del negocio.

“A mí me tocaba atender la finca porque él era líder y se la pasaba gestionando y viajando; yo me quedaba en la finca y todavía me toca estar al frente, porque el ya no puede por las enfermedades”, dice Guillermina.

Ponerles oficio a los obreros, estar pendiente de los pipeos y asomarse a los lotes son las actividades que componen la rutina diaria de esta gran mujer.

“Me ha tocado ser como el motor de la casa”, dice.

Como si la vida quisiera no quitarles el amor a los cafetales, Bonifacio y Guillermina no tuvieron hijos.

Sin embargo, criaron a dos niñas que hoy ya conformaron sus propios hogares.

“Ellas nos reconocen, son atentas con nosotros, se fueron de la casa, pero siempre están pendientes”, dice.

Además del café, en su finca tiene huertas y algunas vacas.

Guillermina dice que el café es un cultivo muy agradecido porque cada mes hay pipeos y se venden para pagar obreros.

Cuando hay bastante recogida, se contratan hasta 8 trabajadores.

Vida de servicio

Bonifacio cuenta que cuando se vinculó a la Federación, gestionaba obras para la comunidad, que eran financiadas por la entidad.

Entre ellas se destaca la creación de una escuela en la vereda, que se construyó con las uñas durante cuatro años.

“Con la comunidad nos tocaba cargar arena casi 4 kilómetros a lomo de mula, un sacrificio que hacíamos todos lunes por cuatro años, yo era líder, pero la Federación siempre me dio la mano”, dijo.

Luego de ser líder, hizo parte del comité municipal de cafeteros de Chinácota, se extendió en varias ramas de la organización campesina y fue concejal por 33 años en Herrán.

“Cuando eso no pagaban, fueron 15 años sin sueldo, éramos honorables, no éramos honarios”, dice entre risas.

Allí trabajó por la gestión de la construcción de un minidistrito de riego para 240 familias campesinas y una vía terciaria.

Bonifacio ha viajado por toda Colombia y conoce otros países como Ecuador.

A pesar de trabajar una vida sin descanso por la comunidad, Bonifacio dice que nadie es rey en su propia tierra.

“A mí me pasa lo de Jesucristo, que hizo mucho por su pueblo, pero igual lo mataron”,  finalizó.

Un premio bien merecido

Durante la celebración de los 90 años del Comité Departamental de Cafeteros, la entidad entregó un reconocimiento a Bonifacio por su labor durante más de 50 años en el gremio. Por toda una vida de dedicación, compromiso y trabajo con el Gremio Cafetero, motivando a la unión de su comunidad y produciendo un grano que es reconocido por su alta calidad, la Federación condecoró a Bonifacio.

“No era el petróleo, era el café el que sostenía en una época la economía del país, por eso hago un llamado a no pensar en los paros cafeteros, pues tenemos una entidad que nos respalda y nos defiende desde todo punto de vista”, finalizó durante la ceremonia.

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Katherine Villamizar Leal