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Domingo, 3 Julio 2016 - 10:10am

Cambio climático tiene en jaque a la agricultura en Norte de Santander

En Mutiscua, los campesinos han logrado hacer uso racional de los recursos naturales e innovando se adaptan al cambio climático.

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Los campesinos de Norte de Santander, desde 2010, vienen enfrentando largos períodos de invierno y de sequía, los cuales han modificado los ciclos normales de siembra y de cosecha. La consecuencia, el vaivén en los precios de la canasta familiar y el dolor de cabeza de las amas de casa que al hacer mercado se rascan la cabeza porque el dinero no les alcanza.

En invierno, generalmente aumenta la producción de verduras y de hortalizas, pero baja la calidad por las plagas. En verano, como el que azotó desde 2014, hasta el primer trimestre de 2016, es difícil sostener las plantas por falta de agua, pero los productos son más limpios.

Estos fenómenos empezaron a cobrar relevancia en Colombia desde los años 90, cuando el cambio climático fue una realidad. Posteriormente con tragedias como las ocurridas desde 2010 (deslizamientos-inundaciones), las largas sequías, incontrolables incendios, granizadas y vientos huracanados, han intensificado fenómenos como El Niño (sequía) y La Niña (lluvia).

El cambio climático de acuerdo con las Naciones Unidas es entendido como las alteraciones en el clima por las actividades humanas directas o indirectas. El reto va en dos vías, el Estado colombiano debe generar programas de adaptación y las comunidades adoptar prácticas amigables con el planeta. El cambio climático llegó para quedarse.

En la vereda La Caldera Luis Alberto Ochoa Suárez enseña a su hijo Miye Arley Ochoa García el valor del campo. (Foto: Rodrigo Sandoval)

En ese contexto, uno de los sectores económicos más afectados es la agricultura, que para el caso de Norte de Santander representa el 10,1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), de acuerdo con el Dane.

Los gremios, sin excepción, han tenido afectaciones. Pero, principalmente, los campesinos se enfrentan a las pérdidas de cosechas que les significan endeudamiento con bancos y particulares.  Los papicultores de Chitagá, los arroceros de El Zulia, los palmicultores del Catatumbo, los cañicultores del valle del río Zulia y los sectores café y cacao, buscan mecanismos para refinanciar las deudas.

A esa crisis financiera debe sumársele que de acuerdo con los pronósticos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (Ideam), para el último trimestre del año se pronostica una temporada invernal que tendría su mayor impacto en 2017.

A continuación presentamos el panorama de lo que ocurre en Mutiscua, municipio donde la alianza entre campesinos y gobierno local ha facilitado las estrategias de adaptación que merecen ser destacadas.

Mutiscua innova en adaptación

Hace 50 años el cultivo más importante en Mutiscua era el trigo y la producción se vendía en el municipio, al contar con una sucursal de la compañía molinera de Herrán. Sin embargo, eso duró hasta mediados de los años 60, cuando la harina de trigo de Estados Unidos empezó a copar el mercado nacional.

La fábrica se cerró y los campesinos migraron al cultivo de verduras y de hortalizas, hoy fuerte de la economía en la fría población. Semanalmente se producen 350 toneladas.

En Mutiscua se cultivan brócoli, lechuga (batavia-crespa), coliflor, apio españa, perejil, ajo puerro, zanahoria, remolacha, papa amarilla, arracacha y frutales como tomate de árbol, uchuva, curuba, fresa y gulupa recientemente.

Distritos de riego

Desde 2004, en Mutiscua, se gestó un proyecto para favorecer a los campesinos con distritos de riego. El alcalde de esa época, Néstor Yesid Álvarez Acevedo, recordó que la iniciativa surgió por interés de los campesinos.

“La Gobernación cofinanció la tubería, el municipio las obras de arte y la comunidad, la mano de obra. Los distritos de las veredas Tapagua y La Aradita beneficiaron a 150 familias y así se empezó a hacer uso racional del agua. Mutiscua hace parte de la cuenca del río Zulia y allí nace el río La Plata”.

Los alcaldes han seguido construyendo distritos y la meta es cubrir las 14 veredas del municipio. Con el agua garantizada tienen programación de siembras y hacen rotación de cultivos para no volver estériles los suelos. Esa primera estrategia redundó en la organización de los campesinos, agrupados en cuatro asociaciones.

Fincas certificadas

Luz Marina Pabón Villamizar, presidenta de la Asociación de Agricultores de Mutiscua (Asoagrimutis), dijo que una falencia era la comercialización organizada y se pusieron la meta de evitar la intermediación y poner los productos directamente en almacenes de cadena o en las centrales de abastos.

“Tenemos 30 asociados y todas las fincas están certificadas en buenas prácticas agrícolas. Ese es uno de los requisitos para ser competitivos y acceder a mercados nacionales”.

Para ello hicieron parte del proyecto Alianza Santurbán Sostenible, ejecutado por la Agencia de Cooperación Alemana GIZ en alianza con Corponor. “Al tener las fincas certificadas la agricultura es amigable con el medio ambiente, los productos son más saludables, los desechos de químicos no quedan en el campo y la meta es ir dando la transición a los cultivos orgánicos”.

El secretario de Desarrollo de Mutiscua, Edwin José Navas Rodríguez, lidera una iniciativa para conseguir un socio estratégico que compre la mayor parte de la producción.

Planta e invernadero

Dos estrategias complementarias son la puesta en marcha de una planta de transformación, que funciona en un inmueble cedido en comodato por la Alcaldía de Mutiscua a Asoagrimutis.

“Hemos conseguido maquinaria para aprovechar la cantidad de verduras y de hortalizas, produciendo -a futuro- encurtidos y antipastos. Con las frutas se elaboran mermeladas y almíbares”, dijo Pabón Villamizar.

Para ello han trazado un plan de negocios que incluye gestionar el registro Invima y demás requisitos de ley. A la par construyeron un invernadero en el que obtienen plántulas de calidad.

Productores integrales

Tania Yorley Latorre y Jorge Virgilio Lizcano, esposos y habitantes de la vereda Tapagua, tienen la granja certificada y cultivan en 2,5 hectáreas brócoli, coliflor, lechuga y puerros.

Ellos tienen su propio sistema de transporte y mientras Tania se encarga de las labores de la finca, Jorge viaja tres veces a Bucaramanga a cumplir con pedidos. El camión turbo que maneja tiene capacidad para 3,5 toneladas, el cual llena con la producción de la finca y completa la carga con el producido de granjas vecinas.

“Para nosotros es un negocio rentable, no hay intermediarios y podemos dar mejores precios a los consumidores. Mi esposo viaja el domingo en la tarde, a la una de la mañana descarga en el mercado de Bucaramanga y a las ocho de la mañana del lunes hace la ronda de cobros”.

Otra de las historias de productores integrales es la de Luis Enrique Ramírez, de 47 años. Él tiene cultivos escalonados en un invernadero con capacidad para 12.000 plantas de lechuga.

“Al estar certificado, la calidad del producto es mejor, los químicos disminuyen y están separados de los abonos. El cambio en año y medio de trabajo ha sido drástico y como campesino invito a que cultivemos sin afectar el planeta”.

Panorama gremial en el departamento

Baja la producción de arroz

El distrito de riego de El Zulia es la zona que más produce arroz en Norte de Santander, con 120.000 toneladas anuales (en dos cosechas). El distrito tiene 15.000 hectáreas de las cuales 9.000 son para arroz. Los cultivadores de la zona son 890.

De acuerdo con Rubén Darío Fernández, gerente del distrito, entre 2010-2012, la creciente del río Zulia ocasionó daños en la infraestructura (canales de conducción de agua), en viviendas y cultivos. “En esa época se elaboró un diagnóstico que se presentó al Ministerio de Agricultura a través del Incoder. Se invirtieron $24.000 millones para recuperar la infraestructura”.

Recientemente la sequía, con mayor impacto en el segundo semestre de 2015 y el primer trimestre de este año, disminuyó la producción. En 2015, se dejó de sembrar el 25 por ciento y este año se impactó la producción en el 30 por ciento.

Para aprovechar los 5 y 6 metros cúbicos por segundo que se captan del río Zulia, de los 14 autorizados por Corponor, se hacen siembras escalonadas. Así mismo, se hicieron obras hidráulicas para conducir el agua que no se aprovecha en un cultivo a los canales de distribución.

Otra estrategia es la nivelación de los suelos con rayos láser para ahorrar más agua. “Estamos identificando puntos vulnerables para prepararnos para el último trimestre de este año, en el que se esperan fuertes lluvias”.

Papicultores de Chitagá

El municipio de Chitagá es la zona del departamento donde más producción de papa se tiene. Los 155 campesinos dedicados al cultivo pertenecen a la Asociación de Productores de Papa.

En la zona se cultivan al año 3.000 hectáreas y semestralmente se cosechan 100 cargas por hectárea (una carga equivale a dos bultos, cada uno de 50 kilos).

Sin embargo, en los últimos tres años la producción se ha reducido en el 50 por ciento, como consecuencia del aumento de la temperatura. De acuerdo con Saúl Villamizar, vicepresidente de la Asociación de Productores de Papa, hace seis años la temperatura promedio era de 20 grados y actualmente es de 26.

“Después de 20 grados el cultivo no da y las condiciones climáticas impactan. Nosotros cultivamos las variedades única, suprema, superior y criolla”.

En invierno aumenta el costo de producción por el control de plagas. Cosechar una hectárea equivale a invertir $5.5 millones en promedio. A lo anterior se le suma que la semilla deben traerla de Boyacá y Cundinamarca y vienen infectadas con hongos y son papas gruesas que no generan rendimiento. Desde la asociación se gestionan dineros para ser autosuficientes.

Riego para palma de aceite

Los cultivadores de palma de aceite manejan un promedio de 25.000 hectáreas plantadas en el departamento, en su mayoría en Tibú, Sardinata y El Zulia. Recientemente se están cultivando áreas de Puerto Santander y en el corregimiento Palmarito (Cúcuta).

El representante legal de Asopalcal 1, Parmenio Tinoco, argumentó que “entre 2010-2012, las lluvias anuales fueron de 3.000 milímetros. Para cultivar exitosamente se requieren 2.500”.

De acuerdo con Tinoco, líder de una de las 18 asociaciones de palma que hay en la región, la producción en invierno llega a 25 toneladas por hectárea. Sin embargo, desde 2014, las lluvias han estado por debajo de 2.500 milímetros al año y la producción actual no supera las 15 toneladas por hectárea.

En el departamento 950 familias viven del cultivo de palma y en condiciones normales, cada quince días cosechan. El producido es comprado por las tres plantas extractoras que operan en Norte de Santander. El precio por tonelada de fruta fresca es de $342.000, el cual es fijado internacionalmente y por el se rigen.

La estrategia de mitigación en la que trabajan es en establecer sistemas pilotos de riego, teniendo en cuenta que los terrenos no son planos sino ondulados. Además, gestionan proyectos de fertilización.

Cañicultores sin siembra

Uno de los gremios más impactados en Norte de Santander es el de la caña de azúcar. En un año de condiciones normales estaban produciendo entre 800 y 1.000 hectáreas en el valle del río Zulia.

De acuerdo con Luis Alfonso Potes, gerente de Coopecaña, en la pasada ola invernal la producción llegó a tan solo 100 hectáreas y de 100 asociados pasaron a tener 40. Los demás migraron a cultivar arroz.

En 2014, luego de un período de mejoría en cuanto a condiciones climáticas, enviaron a la Central Azucarera del Táchira (Cazta), 5.241 toneladas, por las cuales debían pagarles 484.000 dólares.

Desde la fecha no han recibido el pago y con el cierre de la frontera -19 de agosto de 2015-, el gremio se quedó sin poder cultivar. Las familias productoras no tienen como responder con los créditos que hicieron con bancos y particulares.

De acuerdo con la información suministrada por Coopecaña, han enviado toda la documentación requerida para que les hagan efectivo el pago y han buscado la mediación de la embajada colombiana en San Cristóbal (Estado Táchira- Venezuela). A la fecha el gremio no ha recibido respuestas que expliquen la demora en el pago.

Plan de choque para el café

En Norte de Santander de los 40 municipios 35 tienen cultivos de café. Actualmente hay plantadas 25.000 hectáreas y la producción anual equivale a 22 toneladas en promedio. Los productores son 16.000.

En los últimos tres años la sequía ha afectado la calidad del grano. De acuerdo con Gabriel Fernando González Sánchez, líder departamental de extensión rural del Comité de Cafeteros en Norte de Santander, la ausencia de lluvias impide que el grano adquiera el tamaño normal y por tanto quedan menudos. En invierno, las lluvias impactan la floración y la cosecha se reduce al 30 por ciento.

“El Comité viene ejecutando estrategias de adaptación. Una de ellas es la recuperación de los sistemas agroforestales bajo sombra, que equivalen al 85 por ciento del total plantado y la reforestación de los cultivos a exposición solar, que son el 15%”.

Otras estrategias son: el programa de fertilización de cafetales en zonas marginales, la reactivación de cultivos en zonas impactadas por sequía, la renovación con semillas resistentes a la roya, entre otros.

Del total producido la Federación de Cafeteros compra el 30% y el restante se distribuye a compradores particulares.

Cacaoteros ganan adeptos

Los períodos de sequía e invierno que han azotado al departamento han mermado la producción del cacao entre el 15 y el 20 por ciento. En total, las hectáreas cultivadas son 13.000 y de este sector económico viven 2.800 familias.

La producción anual promedio que se maneja en la región es de 450 kilos por hectárea. Las zonas donde tradicionalmente se cultiva el cacao son Tibú, Sardinata, El Zulia, El Tarra y Cúcuta.

En los últimos años se han empezado a cultivar zonas en la Provincia de Ocaña, antes de vocación cafetera, como son Convención, El Carmen, Teorama, San Calixto y Hacarí. Así, el sector gana adeptos.

De acuerdo con Manuel Alvarado, supervisor técnico de la Federación Nacional de Cacaoteros en Norte de Santander, los períodos de lluvia y verano definen el ciclo de producción y todo extremo es malo.

“En épocas de sequía baja la producción por estrés hídrico. Los frutos de zonas sin riego se quedan pequeños y el grano no crece”.

En invierno las lluvias y el poco brillo solar también generan pérdidas. Si el invierno coincide con floración se cambia el ciclo agronómico del cultivo y si hay frutos en formación, la humedad eleva los problemas fitosanitarios y facilita la proliferación de hongos.

Eduardo Rozo

@eduardorozo5

Apasionado por el periodismo ambiental y cultural

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