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Catatumbo, memorias de vida y dignidad

Jueves, 7 de Septiembre de 2017
Exposición en la biblioteca Julio Pérez Ferrero.

Un efusivo saludo da Nelson Páez a los visitantes, habla con dominio y la seguridad que proyecta atrapa la atención de los visitantes. Acto seguido pregunta ¿Para ustedes qué es el Catatumbo?

Guerra, guerrilla, narcotráfico, coca, masacres y un sinfín de palabras negativas de esta región de Norte de Santander salen al ruedo.

Una leve sonrisa en Nelson da paso a una explicación sobre la riqueza que en fauna, flora, hídrica, social y cultural se tiene en el Catatumbo.

A él, lo siguen en el recorrido 6 personas, entre ellos dos jóvenes: Libardo Valencia Contreras y Erika Muñoz. “Lo que muestran los medios del Catatumbo es eso, estamos mal informados, lamentablemente no se destaca lo bueno y se quedan solo en lo malo”.

El Catatumbo, región históricamente golpeada por la guerra, pero llena de riqueza cultural, es el tema de la exposición ‘Memorias de vida y dignidad’, la cual puede ser apreciada en la Biblioteca Pública Julio Pérez Ferrero hasta mañana, cuando culmine la Fiesta del Libro (FliC).

La exposición hace parte de una investigación que ejecuta el Centro Nacional de Memoria Histórica en el Catatumbo, la cual busca exaltar la importancia que tiene para el país la reconstrucción de las memorias de mujeres, niños, jóvenes, indígenas Barí y campesinos de la región.

En el recorrido, jóvenes como Libardo y Erika, conocen la otra cara del Catatumbo y para ello hay fotos que dan cuenta de la diversidad del territorio, videos que muestran las resistencias pacíficas de sus pobladores y piezas sonoras producidas por los jóvenes sobre sus iniciativas de paz.

En las piezas los asistentes conocen como los grupos al margen de la ley han generado miedo. Desde finales de los años 70, en la zona hicieron presencia el Eln, Epl y las Farc.

Luego vino la arremetida de los paramilitares y con ello desplazamientos, masacres, desapariciones forzadas y violencia sexual.

Los indígenas Barí, habitantes ancestrales, sufrieron desde los primeros años del siglo XX, el exterminio de la mayoría de su población como consecuencia de la bonanza petrolera.

Todas esas violencias transformaron el territorio, causando el cambio de cultivos de pancoger por coca y palma. La ganadería disminuyó, el paisaje cambió y los más ancianos cuentan como el agua no brota como antes.

Pero hoy, el Catatumbo renace. Aunque siguen existiendo condiciones adversas, han surgido juntas comunales, organizaciones indígenas y campesinas, que están haciendo propuestas para empoderarse del territorio.

‘Somos gente valiente’

Nelson, el guía del grupo, tiene la fortuna de trabajar con el Centro de Memoria Histórica y la Pastoral de Víctimas de la Diócesis de Tibú, el municipio donde nació y se forjó como persona.

“Queremos recuperar la memoria histórica, resaltar lo bueno, todos nos conocen por lo negativo que se ve en los medios, pero no por esa otra cara, la cultural, la de personas con sueños que hacen resistencia por un mejor mañana”, dijo.

El resultado, centenares de cucuteños que han visitado la exposición y como Libardo y Erika, cambian su percepción del Catatumbo y dejan en muros su mensaje: “El tiempo no espera a nadie, medios malditos medios, Catatumbo nuevas letras”.

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Eduardo Rozo