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El arte barí que se quedó en Italia

Sábado, 11 de Febrero de 2017
Está estancado por la falta de apoyo del gobierno, para retornar unas pinturas que reposan en una galería italiana desde hace tres años.

Las primeras 20 pinturas que representan el patrimonio del pueblo barí, están varadas en Monopoli, Italia, desde 2014.

En ese entonces, el pintor tibuyano Nelson Toscano cedió su espacio para exponer en esa ciudad europea y le dio prioridad al arte que, por semanas, ayudó a preparar a cinco miembros de la comunidad ancestral en un taller de arte.

Y aunque los barí demostraron capacidad y gran habilidad para hacer suyos los colores que a diario ven en la selva, y hubo apoyo de la administración municipal para respaldar el traslado de las obras, no se dio la misma respuesta para la repatriación de los trabajos.

Para la época de los talleres, Toscano llevaba 29 años sin ir a su natal Tibú, sin ver los brillantes tonos de los amaneceres del Catatumbo, ni las aves, ni los árboles, ni los paisajes únicos bajo el cálido sol.

A su regreso, en momentos en los que fue invitado a exponer en su tierra y presentar su colorida obra, se reencontró con ‘sus barí’; esos a los que vio cuando siendo niño se asombraba con los rostros de sorpresa, curiosos, que se interesaban en la forma en que su padre unía tablas y piezas en su taller de carpintería.

Hasta allá los llevaba Bruce Olson, el antropólogo que llegó a sus tierras y les mostró la actividad del padre de Toscano, un niño que creció en el casco urbano de Tibú y, pese a ser hoy uno de los más reconocidos artistas nortesantandereanos, en su infancia tuvo carencias económicas.

“Yo perdí artes durante varios años por no tener colores”, relata con nostalgia, mientras afirma que su intención con el pueblo barí es que no pasen sus dificultades para lograr una historia en las artes plásticas.

“Llevé 11 propuestas para convertirlas en proyectos, aún sabiendo que es difícil hacerlo en un lugar de tanta riqueza en talentos, pero sin insumos”, dice. “Lo que se logró fue un grupo de pintores, y no de artesanos, que es como habitualmente se desarrolla el talento indígena”.

Y luego de dos meses de talleres, las obras llegaron a una fundación de colombianos que trabajan por el buen nombre de Colombia en Italia.

La exhibición se hizo con las pinturas de Marcelino Aquiricbador, Mireya Astroina, Yeison Chimaná, Silvia Arocoshimana y Francisco Naycuatara, quienes perfeccionaron técnicas propias y aprendieron varias nuevas.

Silvia, por ejemplo, pintaba con tierra roja y carbón de leña, porque cuando era niña esas eran sus herramientas para dar color.

“Si analizamos, es una técnica antigua de los clásicos del renacimiento”, dice Toscano. “En su época, Da Vinci pintaba con sanguina y carboncillo, pero ella tiene la técnica ancestral”.

Otros, exploraron sus orígenes, como cuenta Francisco, para quien la pintura fue la mejor manera de expresar su espiritualidad.

“Yo me ponía en contacto con mi dios, Sabaseba, y con mi familia”, afirma. “Ahora, mis manos y yo extrañamos pintar, porque nosotros queremos volver a los talleres, pero ya no los hay”.

Toscano también los extraña, “porque tienen mucha creatividad, narran historias, fantasías, y son muy expresivos”.

“Algunos proyectan una especie de cubismo, bellísimo, y en las obras muestran el Catatumbo, la hojarasca, las serpientes, que despiertan gratos sentimientos”, cuenta.

Actualmente, una barí, Liceth Aberdora busca liderar las escuelas de formación, con al menos dos o tres indígenas provenientes de las 23 comunidades, en Tibú, y espera una respuesta favorable.

Mientras tanto, Toscano recibe a algunos de sus visitantes en Bogotá, donde vive y tiene su taller, y los barí llegan a seguir experimentando con colores, materiales y texturas.

“Rechazo la ineptitud de los agentes culturales de la región que teniendo todo en las manos no dan el paso y rescatan estas iniciativas y, sobre todo, no pueden aportar unos 6 millones de pesos, que vale el retorno de las obras”, manifiesta Toscano. “Es fácil sacar pecho, pero nadie tiene una razón para justificar lo que pasa”.

Francisco coincide con su maestro y no comprende por qué se perdió el proyecto, y aunque la casa de la cultura de Tibú sigue apoyando procesos culturales, incluso en materia de pintura, los barí afirman que son leales y prefieren al artista que ya conocen.

“En la asamblea del pueblo barí se pidió reactivar el proceso, para contar nuestra vida”, dice. “Los muchachos me preguntan y les digo que esperemos, porque hay jóvenes interesados en aprender, que ven abierta esa puerta grandísima, pero hoy solo pedimos que alguien nos apoye para traer los cuadros, y luego, seguir exponiendo y mostrando lo que somos”.

La ilusión

De acuerdo con Toscano, el encuentro con los barí le permitió afianzar la técnica que denomina ‘realismo mágico’.

En sus cuadros, habitualmente utiliza colores brillantes, en los que se destacan amarillos, rojos, naranjas, verdes y azules.

“Una periodista me llamó ‘el caballero del color caribe’, y ahora me gustaría que mis barí fuesen reconocidos como los únicos indígenas pintores, pero todo depende de la continuidad de sus procesos”, dice. “Ellos tienen mucho talento, muchas historias sobre la selva y la humanidad, y sobre la región que, poco a poco, está perdiendo de esa riqueza humana y mágica”.

Por su parte, la secretaría de Cultura del departamento indicó que, en cumplimiento del plan de desarrollo se buscará identificar los bienes de interés cultural patrimonial del departamento para su conservación, promoción y consulta; así como realizar inventarios y registros del patrimonio cultural inmaterial y de forma participativa.

Los barí esperan que esto ocurra pronto, así como la inclusión en el plan decenal de cultura 2016-2019, con el fin de que sus iniciativas artísticas no queden estancadas, como ocurre hoy con las pinturas en las que dedicaron semanas y tienen protegidas con el registro de derecho de autor, pero temen que se pierdan o se abandonen, como suele ocurrir en el día a día de las comunidades.

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Helena Sánchez