Escuchar este artículo

Festival mochilero en un paraíso fronterizo

Sábado, 16 de Junio de 2018
El Village Festival tuvo 215 participantes, quienes se agolparon en el balcón natural de Palo Gordo, en Villa del Rosario.

Fueron cuatro días de música alternativa, yoga, meditación, ecoturismo, senderismo, conferencias sobre turismo mochilero y la conexión espiritual con la naturaleza. En total, 215 personas se agolparon en el balcón natural de Palo Gordo, a 1.250 metros sobre el nivel del mar, en la línea fronteriza.

Fue algo parecido a lo que hace 50 años el movimiento jipi de Colombia organizaba: reuniones multitudinarias para que partidarios de sus ideales disfrutaran de música y activismo, en una atmósfera de paz y amor. Ese estilo de vida, con carpa al hombro y en búsqueda constante de aventura, revivió el pasado puente festivo en la región.

En el Eco hostal Villa Paraíso, una de las caras nuevas del ecoturismo en el departamento, se realizó el Village Festival, evento en el que arte, naturaleza y juventud, se unieron entre las montañas.

Ubicado en el kilómetro 26 de la vía Villa del Rosario-Ragonvalia, el hostal organizó el segundo Encuentro Regional de Viajeros y Mochileros. En la primera edición, que fue liderada por un mochilero argentino, asistieron casi 50 personas. 

Un equipo de 15 jóvenes, entre los 25 y 27 años, estuvo a disposición para atender a los visitantes. A través del voz a voz y las redes sociales, buscan romper el tabú sobre el corregimiento de Juan Frío y sus peligros. 

Camilo Sánchez, parte del equipo, dijo que el ejército ha colaborado con el tema, y tres tanques Cascavel custodian el paso por el corregimiento. 

La sensación de ir hacia lo desconocido es parte de la aventura, la carretera que parece trocha, está rodeada por arrozales y los restos de lo que alguna vez fueron los hornos crematorios de los paramilitares. Pero la travesía tiene sus frutos, al encontrar en el hostal otra temperatura, tranquilidad, y la compañía de la naturaleza.

Village Festival no tuvo ideales políticos, esos se esfumaron en el camino, el objetivo era que las personas de espíritu libre se conectarán alrededor del fuego de la amistad. 

La jornada

El viernes hubo integración con los primeros 30 viajeros en llegar, alrededor de una fogata se formó el campamento, y Miguel Sanabria, parte del equipo de Villa Paraíso, amenizó la velada con acordeón y vallenatos. 

Durante el fin de semana hubo pintura de mandalas, círculo sagrado del fuego, talleres de circo, conferencias, visitas al mirador de San Antonio, y mucho contacto con la naturaleza.

Uno de los senderos recorridos, lleva al árbol de la vida, donde se hace un baño forestal abrazando al blanco roble con los pies descalzos para sentir su energía, y el susurro que recuerda a la brisa en la Cordillera de los Andes.

Dentro del bosque, dos estudiantes de la Unipamplona filmaron un cortometraje llamado “Sicomoro”, en el que un par de campistas conocen a una chica hermosa, que los seduce, y en la intimidad se transforma en un monstruo que los devora. Los jóvenes planean hacer el estreno en el hostal, instalando la pantalla gigante en la zona de acampar. 

Miguel cuenta que normalmente los huéspedes no entran al bosque, pero que en esa zona se pueden ver luces extrañas de noche: “no son luciérnagas, porque son rosadas, verdes, azules… las llamamos hadas”. 

El sábado hubo una exhibición de música electrónica, y el domingo Lissa Reggae, Diástole, y Escribano se presentaron en una tarima montada en la entrada del hostal. Fueron cuatro horas de reggae, ska y rap. 

El estilo de vida de algunos mochileros encaja con las letras rebeldes, anárquicas y crudas de Manu Chao, cantante franco-español que fue homenajeado en el festival.

Villa Paraíso era el escenario perfecto para conocer buenas historias, como la de Luis Contreras, quien quiere ser pionero en el autocultivo de marihuana medicinal, y con la planta crea cremas, gotas y geles.

O el grupo de cinco jóvenes que en una mesa portátil transportaron su idea de negocio, una combinación entre cócteles y pintura neón, que fue complemento para la noche de música electrónica. 

También la de Arlington Fernández, artesano venezolano que viajó desde Mérida, trayendo consigo tortugas, banderas y paisajes en miniatura. Fernández, que por primera vez pisó Colombia, tiene en sus planes mostrar su talento en las sobrepobladas calles de Cúcuta.

O la de Andrés Llanos, “El caracol viajero”, como es conocido por el libro de su autoría, Memorias de un caracol. Llanos ha recorrido en motocicleta 30 departamentos y 14 países del continente, y ha sido anfitrión de 180 mochileros extranjeros.  

Andrés motivó a los asistentes a arriesgarse a conocer el mundo, viajar sin miedo y apostarle a la bondad de las personas. 

La experiencia en la ruta lo ha llevado a conocer muchos lugares, y recomienda vivir la celebración del solsticio indígena del pueblo Nasa, en el Cauca.

El festival culminó el lunes bajo un arcoíris que sonrió desde el amanecer, mochileros, viajeros, jóvenes y adultos, fueron familia durante cuatro días, así como ocurría hace 50 años.

Por la carretera

En 1993, a bordo de un tren, Manu Chao recorrió las vías abandonadas que conectan a Santa Marta con Bogotá. Acompañado de una tropa de cirqueros y artistas, ofreció durante seis semanas presentaciones gratuitas en lugares como Aracataca, Bosconia y Barrancabermeja.

El sueño de Villa Paraíso es que el músico vuelva al país, y ofrezca un concierto en el corazón de las montañas. Ricardo Serrano, trabajador del hostal, afirmó que han intentado comunicarse con Manu Chao para proponerle un proyecto musical que rescate la memoria histórica de Juan Frío; “es difícil, pero no imposible, queremos hacerlo realidad”, remató.

Daniel Villán  | daniel.villan@laopinion.com.co

Image
La opinión
La Opinión