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Jens-Christian Wagner asegura que hay que conservar a Juan Frío

Martes, 18 de Octubre de 2016
El director del lugar de memoria Bergen-Belsen, en Alemania, visitó los hornos crematorios de ese corregimiento.

Un veloz recorrido por los vestigios de los hornos crematorios de Juan Frío; algunas fotos para registrar los sitios en los que aún hay quemas, pero controladas y solo sobre el follaje; y un minuto de silencio por las víctimas documentadas, bastaron para que Jens-Christian Wagner ratificara su misión: evitar que se pierda la memoria sobre la violencia.

Wagner, es director del lugar de memoria Bergen-Belsen, en Alemania, un museo ubicado en dos campos de concentración nazi, en los que murieron unos 70 mil prisioneros, de hambre, sed y enfermedades.

Ayer, visitó el corregimiento, y aunque estuvo inquieto por la presencia de la Policía y la tensión que aún manifiestan visitantes y habitantes, dijo con total convicción que incluso con temor es posible hacer memoria.

“Creo que los colombianos son más rápidos que los alemanes”, declaró entusiasmado. “Mientras nosotros nos demoramos más de cuatro décadas para tener un museo, ustedes ya están reparando y reconciliándose. Eso es magnífico”.

Aunque el recorrido fue desolador y se oyeron, en voz baja, recomendaciones como: “Vámonos porque ya informaron que estamos acá”, la meta de reivindicar estos sitios es prioritaria para dignificar a las víctimas.

“No hay paz sin reflexión histórica, y tampoco futuro sin pasado”, afirmó. “El primer paso es investigar lo que pasó, y luego sí viene la reconciliación”.

Wagner, poco después de descolgarse la cámara fotográfica, escuchó atentamente la cifra de los muertos: 568 y solo seis reconocidos, según indicó el secretario de víctimas, Luis Fernando Niño.

“Es increíble que no se sepa quiénes fueron las víctimas y ahí hay una tarea muy importante para los próximos años”, afirmó. “Creo que es posible investigar esas identidades”.

Al respecto, comparó la situación con lo hecho en Bosnia, donde la ONU envió comisiones de investigadores que tuvieron éxito y hoy, todas las víctimas tienen nombre.

“Esto es útil para saber de lo que hablamos, cada cosa que pasó, y luego hacer conmemoraciones”, señaló. “Por eso hay que preservar los hornos y ‘musealizarlos’ para hacer un gran trabajo educativo y colectivo”.

Si bien las víctimas de la zona buscan hacer a un lado el estigma que se cierne sobre Juan Frío e insisten en que es un corregimiento de paz, no se rehúsan a participar del trabajo de memoria.

Eso sí, insisten en la necesidad de brindar garantías de seguridad a los pobladores, y soluciones a sus necesidades básicas, en vista de que el abandono es total.

Basta viajar por el corto tramo que lleva del casco urbano hasta los hornos para comprobar que allí no ha pasado nada, salvo la decadencia.

Una vía en pésimas condiciones, que lleva hacia Ragonvalia; ciudadanos sin acueducto ni alcantarillado, y el pesado lastre de ser considerado un pueblo violento, en el que con cierta frecuencia se hallan fosas comunes, justo en la línea fronteriza, bordeando el río Táchira.

“Antes los hornos eran trapiches y ellos los adecuaron para destruir vidas”, dijo una mujer víctima que se salvó de tres atentados. “¿Cómo saber quiénes estaban ahí, si las cenizas las lavaban con agua?”, cuestionó reiterando que con la resistencia que han tenido al quedarse en el sector, también se quedó el miedo.

Ante esta dificultad, Wagner respondió con sinceridad: “para mí es fácil decir qué hacer, porque no tengo miedo”, y dijo que no habrá memoria sin verdad.

Las víctimas también preguntaron por los avances en Europa, pero “aunque en Alemania parece un ejercicio exitoso, allí las mayorías consideran solo ponerle punto final a lo que pasó y mirar adelante”, dijo Wagner.

Sobre el perdón, declaró no saber si habría posibilidad de que un judío perdonara a un nazi pues, en general, se perdona a Alemania, o a la sociedad, contrario a lo que ocurre en Colombia donde víctimas y victimarios aún conviven.

Sin embargo, aclaró que pueden darse otros momentos de perdón que pueden darse con el tiempo, tal como le ocurrió a él, nieto de nazis y que hoy dirige un museo de la memoria “porque aunque no tengo ninguna culpa, sí hay una responsabilidad eterna”, puntualizó, ante la mirada curiosa de las víctimas que, tal vez, entendieron cuál puede ser el futuro.

Los ciudadanos exigen respuestas

Dos situaciones aún inquietan a los pobladores: ¿Por qué se retiró la fuerza pública de la zona? y ¿Por qué la Gobernación los abandonó para el festival de la cachama?, esta última una fiesta incluida en las medidas de reparación colectiva.

Las respuestas se quedaron en veremos, porque nadie logró dar una explicación satisfactoria.

“A los niños que ganaron el concurso por diseñar el logo del festival no les hemos entregado nada, porque la Gobernación no hizo el aporte”, dijo una de las participantes.

Según se conoció, la alcaldía de Villa del Rosario compró unas billeteras, a última hora, porque dos días antes del evento, la secretaría de Gobierno canceló el apoyo.

Los niños aún esperan sus tabletas electrónicas, tal como pasó con quienes ganaron el año anterior.

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