¿Por qué la tuberculosis puede ser más peligrosa para quienes viven con VIH – Sida?

Sábado, 20 de Marzo de 2021
Se prevé que quienes viven con VIH tienen 18 veces más probabilidades de contagiarse de tuberculosis.

La tuberculosis es una enfermedad antigua, causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, que afecta principalmente a los pulmones, pero puede impactar otras partes del cuerpo

. A pesar de que esta afección es totalmente curable y prevenible, actualmente es una de las 10 principales causas de muerte en el mundo y la principal causa por un único agente infeccioso. 

La bacteria responsable de la tuberculosis puede vivir en el organismo de las personas por largos periodos de tiempo, sin que presenten algún síntoma. De hecho, se calcula que una tercera parte de la población mundial tiene tuberculosis latente; es decir, están infectadas, pero (aún) no han enfermado ni pueden transmitir la infección.

Sin embargo, la bacteria de la tuberculosis se activa si el sistema inmune no evita que se multipliquen. Cuando esto ocurre, una persona puede desarrollar tuberculosis y comenzar a presentar síntomas, contagiando a las personas a su alrededor. En este caso la tuberculosis latente se convertiría en tuberculosis activa.

De las personas infectadas con el bacilo, aproximadamente 10% llegan a padecer tuberculosis activa, aunque esta situación puede agravarse en el caso de las personas seropositivas. De hecho, el VIH es el factor de riesgo más significativo para que la tuberculosis se active, y se prevé que quienes viven con VIH tienen 18 veces más probabilidad de contagiarse de tuberculosis.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), un total de 1,4 millones de personas en el mundo murieron de tuberculosis en 2019, entre ellas 208.000 tenían VIH. Además, el porcentaje de casos notificados de tuberculosis para los que se disponía de un resultado documentado de una prueba de VIH en 2019 alcanzó el 69%.

La relación entre las enfermedades es tan severa que, sin un tratamiento adecuado, la mayoría de las personas VIH-positivas que padecen tuberculosis podrían morir. De hecho, esta patología es una de las principales causas de muerte en personas seropositivas en el mundo.

El tratamiento: el mejor aliado para combatir los efectos de la coinfección

Teniendo en cuenta la diferencia que puede hacer el tratamiento en la vida de quienes tienen tuberculosis y VIH, es clave encontrar los desafíos o barreras que impiden esta atención. Uno de los grandes problemas que dificultan el acceso al tratamiento es la falta de conocimiento por parte de la población; de hecho, se calcula que el 44% de las personas que viven con VIH y tuberculosis no son conscientes de la existencia y efectos de la coinfección y por tanto no reciben atención.

“La coinfección se genera en su mayoría por la debilidad del sistema inmune de las personas que viven con VIH, lo que genera un ambiente propicio para la aparición de infecciones oportunistas, especialmente la tuberculosis. Esta condición se debe a múltiples factores, entre los que se destacan dificultades en el acceso a terapias para el control de la enfermedad, diagnóstico tardío y problemas de adherencia al tratamiento, lo que impide que pacientes puedan alcanzar un control del virus en niveles indetectables” expresó el Dr. Víctor Saravia, Gerente Médico de GSK Colombia.

Por lo general, la bacteria de la tuberculosis afecta a los pulmones y se recomienda visitar a su médico si presenta lo siguiente:

- Tos intensa que dura 3 semanas o más.

- Dolor en el pecho.

- Tos con sangre o esputo (flema que sale del fondo de los pulmones).

- En caso de que la persona haya estado en contacto estrecho con alguien sospechoso o con diagnóstico de tuberculosis, y presente alguno de los síntomas anteriores.

Hay que recordar que, según la OMS, el VIH es la razón principal de que no se logren alcanzar las metas de control de la tuberculosis en zonas donde la infección por VIH es frecuente. En este sentido, los desafíos de los diferentes actores de la salud deben estar orientados hacia garantizar un mejor acceso a tratamientos eficaces y bien tolerados para adultos coinfectados, identificar mejoras en materia de diagnóstico y análisis, al mismo tiempo que se promuevan medidas preventivas, incluido el tratamiento como prevención y los programas de colaboración para el tratamiento y la prevención del VIH/Tuberculosis.

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