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Comerciantes e industriales de la frontera apuestan por la reapertura

Viernes, 8 de Octubre de 2021
Son varias las personas del lado de Venezuela que mantiene viva la esperanza de mejorar sus ventas y economía.

La zona industrial de Ureña y el corredor comercial de San Antonio pasaron en los últimos diez años de una pujante actividad a una paralización casi total. Según cifras de la Cámara de Comercio e Industria de la zona, entre ambos sectores el cierre de fábricas y negocios supera el 90%.

Sin embargo, entre ese 10% que aún lucha por mantenerse a flote, e incluso entre aquellos que se han visto forzados a cerrar sus fábricas y cambiar de rubro o comenzar desde cero en tierras colombianas, una eventual reapertura del intercambio comercial en la frontera colombo-venezolana, entre Táchira y Norte de Santander, les da aliciente para no bajar los brazos.

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Aunque muchos están cerrados o apenas subsisten, quienes conforman el sector productivo de San Antonio y Ureña esperan que el intercambio con Colombia les permita -como el ave Fénix- renacer de entre las cenizas.

Como en la leyenda del Fénix, Alexander García, un bogotano con más de medio siglo viviendo en San Antonio del Táchira, siente que el país en el que comenzó a trabajar a los 17 años era un paraíso para la inversión, en el que vio florecer su empresa a lo largo de más de medio siglo.

“Fuimos una de las empresas más grandes de calzado en San Antonio del Táchira”, recordó al mencionar que la zona llegó a albergar a más de 300 fábricas, solo en el rubro de la confección de zapatos. En cénit de su productividad, en los albores del siglo 21, manejaba una plantilla de 160 empleados y producía cerca de mil pares por día.

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Según el empresario, el primer gran golpe para la industria venezolana en general fue la reconversión monetaria del 2008, en la que el entonces presidente Hugo Chávez le quitó tres ceros al bolívar; el segundo afectó directamente la relación de negocios en la franja binacional y fue el cierre de fronteras de 2015; el tercero llegó en medio de un desolador panorama, la pandemia por la COVID-19.

Sin embargo, los ojos de García brillan cuando piensa en la reapertura, pues, pese a que en su galpón ahora convertido en estacionamiento ha comenzado a vender la maquinaria para la confección de calzado, dice estar dispuesto a vender o hipotecar los bienes que le quedan para intentarlo una vez más en Venezuela.

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/ La Opinión.

La misma emoción se evidencia en las voces de María y Judith Hernández, un par de hermanas sexagenarias que administran desde hace 25 años una tienda de repuestos automotrices en la avenida Venezuela.

“Había épocas en las que ni siquiera con un empleado nos dábamos abasto para atender la cantidad de clientes que venían aquí buscando refacciones para sus vehículos. Sin embargo, desde hace muchos años solo estamos aquí sentadas, llegamos a las 8:00 de la mañana y nos vamos a las 5:00 de la tarde cada día, sin vender absolutamente nada porque para nosotras no hay clientes”.

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Lamentaron que el cierre de fronteras haya acabado con el comercio local y con el flujo de potenciales compradores por la avenida Venezuela. “Aquí ya no pasan los carros, ni los de Venezuela, ni mucho menos los de Colombia; la gente ahora pasa por las trochas para ir a Cúcuta a comprar su repuestos”, dijeron al comentar que hace mucho que no reponen sus inventarios, porque las ventas son casi nulas y ni siquiera dan para comer.

Sobreviven con las remesas que sus hijos les envían desde el exterior, pero se resisten a cerrar la santamaría de forma definitiva, porque sueñan con el día en que la frontera vuelva a ser el hervidero de oportunidades que fue hace algunos años atrás.

Para ellas, como para la mayoría de industriales y comerciantes que luchan contra la adversidad en San Antonio y Ureña, el retiro de los contenedores y el inminente restablecimiento del intercambio binacional de mercancías constituyen el primer paso hacia la reconstrucción de la economía en la frontera de Táchira y Norte de Santander.

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Eilyn Cardozo

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