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La deforestación y el riesgo de enfermedades infecciosas

Miércoles, 13 de Mayo de 2020
Esta actividad proporciona un puente para que nuevas afecciones pasen de animales salvajes a los humanos.

La deforestación amazónica está siendo promovida por gobiernos como el de Brasil a través de acciones que fomentan la tala de bosques. El potencial para liberar "nuevas" enfermedades agrega un impacto que debería llevar a estos gobiernos a revisar sus políticas.

El único efecto positivo de la pandemia del coronavirus COVID-19 es que ha generado conciencia pública sobre los riesgos de las enfermedades emergentes. Uno puede esperar que esto resulte en que estos riesgos se reflejen en futuras políticas públicas, como las que promueven la deforestación en la Amazonía.

La deforestación tropical proporciona un puente para que nuevas enfermedades pasen de las poblaciones de animales salvajes a los humanos, como sucedió con el virus COVID-19, que hizo esta transición en un mercado de animales salvajes en Wuhan, China. Los principales sospechosos son los pangolines traficados desde las selvas tropicales del sudeste asiático.

La deforestación pone a las personas en contacto cercano con la vida silvestre. Tanto la simple proximidad como el consumo humano de carne de animales silvestres pueden permitir que los patógenos animales lleguen a los humanos. La gran variedad de agentes patógenos desconocidos en la Amazonía ha hecho que Brasil sea considerado un «hotspot» para enfermedades emergentes.

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Los diversos pasos para identificar los factores que contribuyen a la aparición y transferencia de enfermedades infecciosas se encuentran bajo el paraguas de una perspectiva de una sola salud, que considera la salud de una población humana junto con la salud de las poblaciones circundantes de otras especies.

La deforestación amazónica facilita la transmisión tanto de enfermedades nuevas como de enfermedades antiguas como la malaria. La conexión entre la deforestación y las enfermedades infecciosas es solo un impacto más de la pérdida de bosque, sumado a los impactos de pérdida la biodiversidad de la Amazonía y las funciones climáticas vitales del bosque para evitar el calentamiento global y el reciclaje del agua que es esencial para las áreas no amazónicas en Brasil (como São Paulo) y países vecinos como Argentina.

Todos estos impactos, como por ejemplo los impactos en la salud pública, apuntan a la necesidad de cambios radicales en las políticas públicas para frenar y finalmente detener la deforestación amazónica.

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