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Oso de anteojos: cuatro esfuerzos de conservación en Latinoamérica

Jueves, 20 de Febrero de 2020
En Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú se ejecutan proyectos de conservación.

Por. Yvette Sierra / Mongabay Latam

Lo llaman ucumari, jucumari, achupallero o huagrero, pero es más conocido como el oso de anteojos por esa mancha blanca a manera de gafas que tiene en el rostro. El Tremarctos ornatus, cuyo nombre común es oso andino, es la única especie de úrsido que habita en Sudamérica.

A esta carismática especie se le puede encontrar en Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, e incluso, podría estar presente en el norte de Argentina, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) que ubica al oso de anteojos como una especie vulnerable.

“Es un mamífero escaso con poblaciones de baja densidad, pero muy importante desde el punto de vista biológico y cultural en Sudamérica”, dice Robert Wallace, investigador de Wildlife Conservations Society (WCS) de Bolivia y uno de los expertos en esta especie en Latinoamérica.

Según la UICN, su población varía en un rango entre 2.500 y 10.000 individuos, cantidad que se está reduciendo por la deforestación de los bosques y la consecuente desaparición de su hábitat. Este problema de espacio origina que los osos se desplacen hasta zonas habitadas donde se presentan problemas con las personas, que los ven como una amenaza. 

No obstante, en cada uno de los países donde aún habita el Tremarctos ornatus se están haciendo esfuerzos para su conservación y para reducir las amenazas como las que se reseñan a continuación.

Café oso andino es un producto diseñado para apoyar la conservación de esta especie en Colombia. Foto: Corporación Manantial.

Colombia: un café para los osos 

En los alrededores del Parque Nacional Natural Tatamá, el café tiene un nuevo significado. Ahora el aromático producto forma parte de un proyecto para la conservación del oso de anteojos.

Se trata de la iniciativa Conservamos la vida, un programa público-privado destinado a proteger el hábitat de los osos y reducir el conflicto de esta especie con los humanos. Mediante este programa, los propietarios de campos agrícolas, en zonas donde habitan los osos, se comprometen a destinar una parte de su finca para la conservación y a cambio reciben beneficios para mejorar su productividad y su economía.

Así surgió Café Oso Andino –lanzado hace dos semanas– como resultado de uno de los 57 acuerdos de conservación firmados hasta ahora entre propietarios de las fincas y Conservamos la Vida.

“El objetivo es que la gente se dé cuenta de que hacer conservación, además de cuidar el hábitat y a los osos, también es un camino para mejorar su economía y su calidad de vida”, explica Mauricio Vela, experto en oso andino de Wildlife Conservations Society de Colombia (WCS), una de las instituciones que integra Conservamos la Vida junto a Parques Nacionales Naturales y la Fundación Grupo Argos.

Este programa ha identificado cinco zonas o núcleos que son prioritarios para la conservación del oso de anteojos. El primero, donde ahora ha surgido el Café Oso Andino, es el Núcleo de Conservación Tatamá-Farallones-Munchique, que reúne a tres parques nacionales localizados en la cordillera occidental, entre los departamentos del Valle del Cauca, Risaralda y Chocó.

El segundo núcleo está formado por los parques nacionales Nevados, Hermosas y Doña Juana-Cascabel y el tercero, en el centro oriente del país, corresponde a los sectores de Chingaza, Sumapaz y Picachos. “En estos tres grandes núcleos hemos recuperado, hasta ahora, 2.157 hectáreas únicas para la conservación del oso andino”, precisa Vela, en referencia a los espacios recuperados para que los osos puedan desplazarse, reproducirse y encontrar alimento, sin tener contacto con las personas.

Un cuarto núcleo está formado por los parques nacionales Orquídeas y Paramillo; y el último corresponde al núcleo Tama-Cocuy-Pisba, en el límite con Venezuela.

El oso andino es imponente. Foto: Robert Wallace / WCS Bolivia

Bolivia: tras las huellas del jucumari

En 2014, se publicó el documento Unidades de Conservación Prioritarias del Oso Andino en Bolivia y en Perú, que daba cuenta de aquellos lugares donde aún habita el Tremarctos ornatus, un esfuerzo para conocer la situación de esta especie en ambos países que, según diversas investigaciones, albergan en conjunto el 70 por ciento de la población del llamado jucumari.

Cinco años después, en 2019, la organización Wildlife Conservations Society de Bolivia hizo un nuevo estudio para conocer la ocupación de los osos sudamericanos en el norte del país, en el límite con Perú.

Este estudio se extendió por la cuenca del río Tambopata, el Parque Nacional Madidi y la Cordillera de Apolobamba. “Hemos utilizado una metodología nueva para nosotros que consiste en dividir el área en grillas y cuadrantes, de tal forma que en cada uno de estos espacios recolectamos evidencia de la presencia de los osos”, explica Guido Ayala, coordinador de investigación científica de WCS.

“Con este estudio vamos a establecer una línea base sobre la presencia del oso de anteojos en Bolivia”, comenta Robert Wallace, quien explica que esta metodología permite definir la ocupación de la especie, las amenazas a las que está expuesto y hacer recomendaciones para su conservación.

Ecuador: dos décadas de liberación 

Desde 1995, Armando Castellanos ha trabajado en la reintroducción de osos de anteojos a su hábitat natural, además de liderar proyectos para el monitoreo satelital de esta especie en estado silvestre. En todo este tiempo ha puesto en libertad a por lo menos 22 osos que habían sido atrapados cuando eran pequeños y permanecían encerrados como mascotas.

Además, con los proyectos de marcaje de osos, Castellanos ha logrado derribar algunos mitos sobre las costumbres de esta especie. “Hemos demostrado que los osos no se desplazan durante la noche”, dice como ejemplo.
De acuerdo con el experto, quien ahora dirige la Fundación Oso Andino, la población del oso de anteojos en Ecuador está entre 4.000 y 5.000 individuos. 

Los osos de anteojos se enfrentan a la desaparición de su hábitat. Foto: SBC Perú.

Perú: un corredor del oso

Una propuesta para conformar un corredor de conservación en el norte de Perú es un nuevo proyecto impulsado por la organización Spectacled Bear Conservation (SBC), dedicada a la protección del oso andino.

Consiste en un corredor de aproximadamente 60.000 hectáreas que conecta la zona media del río La Leche, el Cerro Venado, El Parque Arqueológico y Ecológico de Batán Grande, la Reserva de Vida Silvestre de Laquipampa y la nueva propuesta de área de conservación de la comunidad campesina de Salas.

“Nuestra propuesta tiene como base los datos recolectados durante nuestros estudios hechos en los últimos 10 años”, comenta el biólogo Renzo Piana, director de Ciencia y Conservación de SBC Perú.

Piana explica que el monitoreo con cámaras trampa efectuado en los lugares mencionados ha permitido conocer la distribución de esta especie en el norte del Perú y se han identificado alrededor de 60 individuos. Actualmente, los investigadores de SBC mantienen por lo menos 45 cámaras trampa para estudiar al Tremarctos ornatus.

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