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Bandazos
Martes, 6 de Junio de 2017

Si yo me estoy cansando de escribir sobre lo mismo, no me imagino lo agotados que deben estar quienes me leen: agotados de leer lo mismo. El mismo tema, así sea abordado desde varios ángulos, no deja de ser el mismo tema. 

Ahora leo un informe, de esos que de tanto en tanto nos dejan a los colombianos y a Colombia en los últimos lugares de algún escalafón, que bajamos varios puestos en la escala de competitividad mundial. Y ¿cómo no íbamos a bajar? 

Basta analizar, rápidamente, los siguientes escenarios, que no son atribuibles a este gobierno, sino a todos los gobiernos, desde Santander hasta hoy: 

1. La justicia cae vertiginosamente, en todos sus indicadores: No hay infraestructura, ni funcionarios suficientes. Ya anuncian paro, y la imagen de la justicia, la percepción de que tiene el ciudadano de sus jueces, es baja. Muy baja. “Desgraciada la sociedad que juzga a sus jueces”, dice el adagio. 

2. La infraestructura del país ha mejorado, pero no lo suficiente. En la lista de competitividad, IMD por sus siglas en inglés, ocupa el primer lugar Hong Kong. Si uno ve Buenaventura, su ubicación y geografía no es muy distinta de la isla del oriente. Mientras allá abunda la riqueza, por estos lados el panorama es desolador. Pobreza, miseria, y abandono son los condimentos que sazonan la desgracia de ese puerto. 

3. La confianza de los ciudadanos en el país, pero en especial en sus instituciones, está en el suelo. Un presidente con una imagen favorable muy baja, y en general todas las instituciones con muy limitadas capacidades para responderle de manera adecuada al ciudadano. Hacer una diligencia en alguna de esas agencias estatales es una prueba diabólica. El INVIMA, la DIAN, alguna CAR, la ANLA, y las de acá y las de allí, son agencias estatales diseñadas para poner a prueba la paciencia de cualquiera. 

Mientras realizar alguna diligencia en USA, o en España toma un par de días, acá puede tomar un par de meses. Así es la cosa. Si no me creen, intenten pagar el impuesto de renta para algún extranjero, o solicitar el visto bueno del INVIMA para una nueva medicina. 

4. Sigamos mirando, pero ahora a la inversión extranjera. El dinero que proviene de afuera es generador de riqueza, de empleo, de bienestar. El alemán, neozelandés, o argentino que llega acá se encuentra con las famosas consultas previas, que antes que un mecanismo de participación y construcciones de consensos, se convirtió en la herramienta de extorsión. 

Ya no hay proyecto de infraestructura que no requiera de hábiles negociadores (negociantes, digo yo) para tratar con las comunidades afectadas, que se reproducen por miles cuando se anuncia un hidroeléctrica, un túnel, una vía, o cualquier ladrillo que debe pegarse. 

La lista sigue, pero el espacio se acabó. La cosa no pinta bien. 

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