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Adiós a los toros
El Concejo de Bogotá hizo la tarea que tenía pendiente desde hacía varios años.
Sábado, 4 de Julio de 2020

Las vacas están felices: no habrá más viudas por cuenta de las crueles corridas de toros que costaron la vida a centenares de reproductores, que fueron muertos en la hermosa Plaza de Santamaría, entre los alaridos alcohólicos  de miles de aficionados disfrazados con sombreros especiales, tabaco en mano y admiradores de personajes vestidos con trajes de luces, cada uno de los cuales valía millones de pesos. Era una fiesta alcohólica a la que eran muy adictos queridos amigos como Hernando Santos, Eduardo de Vengoechea, Manuel Piquero y mi padre, que se había aficionado en su permanencia en España.

El Concejo de Bogotá hizo la tarea que tenía pendiente desde hacía varios años: prohibió el cruel espectáculo de la muerte de animales, que solamente tiene lugar en pocos países, siete para ser más exactos, en los que se mata en público a animales que en otros sitio son sacrificados en privado.

El absurdo espectáculo, que costó la vida únicamente a un charro mejicano, ha dividido la opinión de los bogotanos, algunos de los cuales estiman que la famosa plaza debe dedicarse a espectáculos culturales o artísticos en los que no se elimine animales, como ocurría en los circos romanos, antepasados de las corridas de toros.

Según lo aprobado por el Concejo capitalino, con el apoyo de la alcaldesa Claudia López, solo habrá tres tardes de toros en el año, no se podrá utilizar elementos cortopunzantes (banderillas y puyas) contra los animales, y deberá destinarse un porcentaje de las entradas para campañas contra la violencia y maltrato animal.

Colombia se suma así a los países donde no se puede afectar a los animales con espectáculos bárbaros, que en otras partes reciben el rechazo de las mayorías y en Colombia son la base de las fiestas en todos los pueblos y ciudades. No hay feria sin corrida de toros y en muchos pueblos no hay fiesta sin muertos, como en las corralejas.  

Yo fui testigo de famosa corrida en la que hubo víctimas de la intolerancia. No me quedaron ganas de repetir y no volví a la Santamaría, que en mi concepto debe conservarse como un tesoro de la ciudad pero no debe seguir siendo el escenario de la crueldad del hombre contra los animales. No más condumios en vísperas de las corridas y no más espectáculos que enseñen a los colombianos a ser crueles y a sacrificar animales. Las corridas enseñan a los niños a matar. Y eso no es bueno. Así empezaron los sicarios. Puede dedicarse toda la parafernalia de los toros a hacer un museo que entretenga a los capitalinos. Y la Santamaría hay que conservarla. GPT

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