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Ocaña
En Ocaña los perros abandonados tienen profesora de planta
Maestra cuida perros callejeros en Ocaña
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Javier Sarabia Ascanio
Javier Sarabia
Miércoles, 30 de Marzo de 2022

Los perros en condición de calle del municipio de Ocaña cuentan con una profesora que les prepara los alimentos, los lleva al médico veterinario, esteriliza, baña e incluso compra las pastillas para alejar a las incómodas garrapatas y diminutas pulgas que no los dejan dormir tranquilos.


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Ella es la docente de Lengua Castellana y Ética de la Institución Educativa Francisco Fernández de Contreras, Julieth Navarro Baene, quien se acuesta tarde de la noche cocinando las menudencias y se levanta a las 4:00 de la mañana, cuando los caninos rasgan la puerta de su casa y ladran para pedir el pan de cada día.

En la actualidad alimenta a 34 peludos quienes le mueven la cola en señal de agradecimiento. En el baúl del vehículo junto a su esposo Offer Ortiz se marcha con un cargamento de purina y sopa que reparte sagradamente todos los días en los comederos del barrio La Primavera, la plaza de mercado y en el colegio antes de iniciar la jornada laboral. “Los niños me dicen que es hermoso observar a los perros que esperan en el portón y corren tras el carro por la comida”.


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El ejercicio se ha convertido en un ritual cotidiano para mitigar el hambre y la sed de los animales que por distintas circunstancias son abandonados por sus amos en la selva de hierro y cemento.


 

Todos los días suministra el alimentos a los perros en condición de calle.
 
Duelo transformado en solidaridad  

Esa labor altruista la desarrolla sin desfallecer los 365 días del año. En plena pandemia no olvidó a los cachorros y obtuvo un permiso especial de la Policía Ambiental para repartir la comida.

La idea surgió luego de la muerte de su único hijo Ólger Leonardo en un lamentable accidente de tránsito en la avenida Francisco Fernández de Contreras, en el año 2011. No podía superar el duelo y los médicos recomendaron la adopción, pero ella se inclinó hacia la protección de los perros en condición de calle sin ayuda gubernamental, ni aportes privados. 

“Nos gastamos un promedio de 25 mil pesos diarios en la preparación de los alimentos, todo sale de mi sueldo, pues siento una satisfacción al ver alentados a esos seres sintientes”, dijo Navarro. 

Llora amargamente cuando uno de ellos es maltratado o diagnosticado con cáncer. “Afortunadamente contamos con la médica veterinaria Elda Margarita Cantillo que tiene un sentimiento especial, se desvela por recuperar la salud perdida y adelanta las quimioterapias en la clínica”, recalcó la docente. 


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Criticada por muchos y aplaudida por otros, ella continúa la tarea para mejorar las condiciones de vida de los perros callejeros. “Son mi alma, la razón de existir, me acompañan y lamen mis manos en ese sentimiento de gratitud”. 
 

Acaricia a los perros callejeros y brinda todos los servicios.
La visión del psicólogo

El psicólogo Jaime Leonardo Álvarez resalta la dedicación y entrega de la maestra para superar la depresión por la pérdida de su hijo.

“Más que un duelo es una vocación, pues ante las recomendaciones de conseguir un ser vivo para mitigar la pena deciden proteger a los perros. Cambiar el dolor por afecto es la mejor terapia para la salud mental. Consiste en una resignificación, ya que ve reflejada el alma de su hijo en el espíritu de los perrunos. Ese grado de satisfacción hizo tolerable el dolor en el hogar. El vacío por la ausencia de ese ser querido es recompensado con la presencia de los caninos”, explicó el profesional. 

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En todos los espacios la siguen los perros buscando la protección.
El concepto jurídico 

La profesora resalta la legislación colombiana para proteger a los animales abandonados y espera que la gente aplique todos los conceptos jurídicos.
 
El abogado Víctor Hugo Duarte manifiesta que en Colombia la protección a los seres sintientes la establece la Ley 1776 de 2016 que, además de imponer un nuevo delito tipificado como maltrato, modifica el código civil decimonónico en el sentido en que los animales distintos al humano dejasen de pertenecer a la categoría de bienes muebles y pasen a la de seres sintientes. 

“Este nuevo estatus jurídico no supone que tengan las atribuciones propias de una persona y por lo tanto no se puede ejercer acciones judiciales encaminadas a defender las prerrogativas jurídicas necesarias para su supervivencia, protección y bienestar por medio de un humano que los represente como hace algunos años pasó con la denegación por parte de la sala laboral de la Corte Suprema de Justicia del habeas corpus del oso de anteojos Chucho”, reiteró el abogado. 

Indicó que, aunque este estatuto de protección animal prevé que, “si bien los animales no humanos no son cosas ni bienes, tampoco son sujetos de derechos y su ámbito de validez normativa se agota en la reglamentación de prerrogativas tradicionales de orden negativo, como estar libres de maltrato y crueldad y de situaciones que afecten exclusivamente su integridad física y su bienestar”. 

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Así las cosas, el apostolado de la profe Julieth con la abnegada tarea del cuidado de los perros callejeros se entiende en los ámbitos de la ética y el derecho como deberes supererogatorios pues su exigibilidad no está conminada por el orden jurídico positivo e incluso por la moral, lo que hace todavía más loable y magnánima la cruzada con los perros abandonados. 


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