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Debate sobre las ‘batidas’ del Ejército para reclutar

Martes, 1 de Diciembre de 2015
Los camiones militares nunca recorren los barrios de clase media y alta en busca de muchachos a los que alistar porque ahí hay poco que cazar.

Omar Rodríguez Pardo dejó su pueblo forzado por los militares que se lo llevaron en un camión del Ejército y volvió ocho meses después en un ataúd. Cuando los soldados le entregaron el cuerpo a su madre, sus restos estaban desmembrados por la metralla.

Eran las cuatro de la tarde del primer día de marzo y Omar esperaba el autobús cuando de un vehículo militar bajó un grupo de uniformados que  lo forzaron a subir. Los soldados le pidieron que mostrara su tarjeta militar, que acredita que cumplió los 18 meses de instrucción militar obligatoria para todos los colombianos, pero Omar carecía del documento porque nunca regresó al cuartel a pesar de que se había hecho el examen médico.

Pocos meses después la guerrilla del Eln terminó con su vida en una emboscada en Boyacá en la que Omar y 11 soldados más murieron tras ser  acribillados. La guerrilla, además, sembró su cuerpo de explosivos para dificultar su rescate lo que provocó una ola de indignación nacional.

Tenía 18 años, la tez morena, espinillas en la cara y el pantalón manchado de tierra después de un día de trabajo en los campos de Sáchica, un pequeño pueblo de casas blancas y techos de teja a cuatro horas en automóvil de Bogotá. 

Los pocos atractivos de pueblos campesinos como este son la pintoresca iglesia colonial de la plaza y los chicos como Omar, que descansan bajo los árboles tomando un refresco. A pesar de la tranquilidad del lugar, ni un homicidio en 9 años, periódicamente el Ejército recorre la zona a la caza de jóvenes que rechazan prestar el servicio militar.

Su madre, Alicia Pardo, ni siquiera pudo contenerse y enrabietada estalló frente a los periodistas durante el funeral que le preparó el Estado y al que asistió el presidente Juan Manuel Santos. “Se lo llevaron sin darle tiempo de nada ni de decir nada, solo vamos y ya”, clamó aquel sábado de sol de finales de octubre.

En Colombia es obligatorio que todos los jóvenes hasta los 28 años presten el servicio militar que tiene una duración de entre 12 y 24 meses, un requisito imprescindible para conseguir empleo o, hasta el año pasado, poder obtener un título universitario. El servicio militar obligatorio fue diseñado como una forma de reunir en los cuarteles estratos sociales que jamás coincidirán en la calle con el objetivo de defender la patria de un conflicto interno que dura más de 50 años contra las guerrillas de izquierdas.

Guerra de pobres

La realidad es que hasta ahora la guerra en Colombia la han hecho los pobres.

Los camiones militares nunca recorren los barrios de clase media y alta en busca de muchachos  a los que alistar porque ahí hay poco que cazar. Para los jóvenes de las familias acomodadas es fácil escapar el requisito alegando un motivo, como inscribirse en la universidad y con el pago de un impuesto que osxcila según los ingresos de la familia. Por eso, el 90 % de los jóvenes que prestan el servicio militar pertenecen a las clases bajas de la sociedad, mayoritariamente campesinos, indígenas o jóvenes de las barriadas pobres de las ciudades: casi 10 % a la clase medias y sólo el 0,1 % de los jóvenes da las clases altas, según el Colectivo Colombiana de Objetores de Conciencia.

Una de las promesas de campaña de Santos, en 2014, fue la eliminación del servicio militar si ganaba las elecciones y firmaba la paz con la guerrilla. El tema, sin embargo, ha desaparecido de su discurso y a cambio Santos impulsa una reforma que suaviza ligeramente la actual situación. Entre otros cambios regula la objeción de conciencia, unifica el tiempo del servicio militar en 18 meses y no es necesaria la libreta militar para conseguir trabajo.

*Sachica (AP)