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Derechos fundamentales: los más violados en Colombia
Después del año de la constituyente, vino la época del reinado de terror, sangre y motosierra de los paramilitares. 
Domingo, 13 de Septiembre de 2020

Si bien, nuestra joven Carta Magna representó un significativo avance en garantías de derechos individuales, en igualdad de género y defensa de las minorías como la comunidad LBGTI. Ni que hablar de la acción de tutela, la herramienta que ha permitido a miles de colombianos, por ejemplo, enfrentar la enorme negligencia del nuestro sistema de salud.

Todavía no cumple 30 años nuestra constitución, y sin embargo, los primeros derechos que aparecen ahí consignados, los denominados fundamentales, han sido violentados hasta la saciedad. Después del año de la constituyente, vino la época del reinado de terror, sangre y motosierra de los paramilitares. 

Por esa época también ocurrió el fallido proceso de paz del Caguán. Que solo sirvió para que guerrilla de las extintas FARC se fortaleciera a costa de violar el derecho fundamental de la libertad: secuestrando a diestra y siniestra. En la actualidad, han regresado las masacres, que se creían de tiempos lejanos.

La igualdad de derechos aun es una realidad que no se alcanza a avizorar en el horizonte temporal. Cada día la mujer es discriminada simplemente por su condición femenina. O le quieren pagar menos, haciendo el mismo trabajo que el hombre, o la acosan sexualmente para darle un puesto laboral, o un exmarido resentido que la mata porque no resiste a verla con otro, bajo la retrograda idea paternalista de: “si no es para mí no será para nadie”.

La libertad de expresión es otro derecho fundamental transgredido hasta la saciedad. En Colombia se mata al que piensa distinto. Mostrar simpatía por una persona o un partido político, pone a una persona en la línea de fuego de alguna organización criminal. La máxima de Voltaire en defensa de la democracia “no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”, está a años luz de llegar a cumplirse algún día por estas tierras.

Otro derecho fundamental pisoteado cada día es el de la libre expresión de la personalidad. Tener una orientación sexual distinta a la heterosexual es un calvario para una persona. Vestir de una manera que no esté acorde con la tradición paternalista-machista que ha gobernado estas tierras desde la llegada de Colón, es ampliamente criticado y mal visto.

Un claro ejemplo, de esto lo evidencia el bulling que ha sufrido la jueza Primera Penal Municipal. Por ser joven, hermosa y vestir como desea, y no como tradicionalmente lo hacen las togadas, es ampliamente vilipendiada en los pasillos del Palacio de Justica. Insinúan que su éxito lo ha conseguido gracias a su escultural cuerpo y no gracias a la gran preparación en el campo del derecho que ha tenido.

La defensora e intérprete de la Constitución Política de Colombia, la Corte Constitucional, la ha protegido muy bien. Siempre teniendo por brújula que un contrato social no puede ser paquidérmico, ha ido actualizándolo para que cada día sea más incluyente, pluralista y defensora de la diversidad. 

El incansable trabajo de la guardiana de la Constitución, no es suficiente para garantizar el respeto y cumplimiento de los derechos fundamentales. Se necesita que todo el Estado y pueblo se apropien del contrato social que nació de la necesidad de construir una Colombia más justa y en la que ser distinto sea una virtud y no un defecto.

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