Escuchar este artículo

Casi nadie hace por Colombia

Sábado, 1 de Agosto de 2015
Las fuentes de aguas se agotan o se contaminan por su mal uso.

El torbellino en que se ha convertido el devenir nacional no permite ver con claridad y, menos, reflexionar sobre el camino que recorremos y que nos puede conducir a la catástrofe.

Las vanidades, la codicia y la corrupción de las élites dirigentes se han diseminado por toda la sociedad hasta el punto en que ya nada asombra ni produce reato alguno de conciencia.

Parece que Colombia no tiene un rumbo definido porque no hay nada en que estemos de acuerdo los habitantes de este rico país.

Muchos creen que su vocación es la agropecuaria por la extensión de sus tierras productivas, la riqueza de las aguas, la variedad de climas, la ubicación geográfica privilegiada en el continente y con costas sobre los dos grandes océanos.

Pero hay un caos en la tenencia de la tierra generado por la violencia, la falta de seguridad jurídica y la inoperancia de la justicia que permite graves atropellos contra los legítimos propietarios o poseedores de fundos.

Además, no existe una política para el fortalecimiento del campo.

Las fuentes de aguas se agotan o se contaminan por su mal uso y por el terrorismo que arruina a regiones enteras.

Y aunque tendríamos cómo salir al mundo con nuestros productos por la vía marítima, no existen carreteras apropiadas ni suficientes puertos modernos.

De otro lado, hay quienes afirman que el turismo es el gran potencial para estimular el desarrollo.

Pero no se ha educado a los habitantes para recibir a los turistas y, por el contrario, se abusa de ellos con precios exorbitantes y sin la debida atención.

La inseguridad reinante espanta a los viajeros y la falta de buenos planes de recreación y de hoteles atractivos no invita a visitar a nuestro país.

A su vez, el sector industrial está golpeado por el terrorismo y los impuestos. El minero energético está en crisis y sin apoyo gubernamental.

En fin ¿cuál es la meta que debemos mirar?

Como no existe un propósito visible en las autoridades ni en la nación, cada quien busca su propio lucro, casi siempre, asaltando al erario público.

Por eso la política se ha convertido en una desaforada rebatiña para apoderarse de los presupuestos oficiales, y en un carrusel sin precedentes se ve pasar a los políticos derrotados a empleos en el gobierno, en la rama jurisdiccional o en los órganos de control contaminándolos de las practicas más perversas.

Otro mecanismo generalizado es demandar al Estado para obtener enormes indemnizaciones con la complicidad de jueces y magistrados.

Por eso el afán para que se condene a autoridades en casos de muertes y daños, y se declaren de lesa humanidad delitos que pasan a ser imprescriptibles.

Aquí no se invoca el imperio de la justicia sino se persigue la compensación en dinero a favor de los que se declaran víctimas oficiales.

En definitiva, casi nadie está pensando en la Patria ni mirando el puerto a donde aspiramos a llevar a Colombia.

Lo que interesa es llenar las alforjas personales aunque quedan vacías las arcas del Estado.

ramirezperez2000@yahoo.com.mx