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¿Como o soy cívico?

Viernes, 3 de Julio de 2015
En cuestión de modales no tenemos buena reputación para el resto del país. 

El señor alcalde Donamaris Ramírez París, se ha autoproclamado defensor del civismo, es decir, se ha propuesto a toda costa en hacer de los cucuteños, ciudadanos respetuosos de las normas de convivencia pública, que no tiremos las basuras en la y a la calle, que no nos pasemos el semáforo en rojo, o en naranja, que moderemos el lenguaje, que pidamos permiso, gracias, por favor, etc. 

Eso está muy bien, lo aplaudo, pues en cuestión de modales no tenemos buena reputación para el resto del país. 

Sin embargo, por lo que ordena desde la administración municipal se deduce que Donamaris se ha empeñado en solo hacer cumplir una norma de civismo (las de tránsito ni siquiera son posibles de acatarse pues para esto es indispensable tener semáforos que funcionen); la del respeto del espacio público del centro, y en especial del lugar donde quedaba el antiguo mercado de La Sexta. 

Con el fin de esto ha desalojado a los vendedores ambulantes una y otra vez y puesto policía permanente que evite que los vendedores vuelvan a emplazarse.  


Ahora bien ¿A qué se deberá la tanta insistencia de los vendedores de querer volver a poner en el mismo sitio, la calle, su plante? ¿Será que teniendo la opción de ganarse la vida en otro lugar más confortable prefieren hacerlo asoleándose y soportando demás condiciones inclementes del clima cucuteño? 

No, un rotundo no, ni estúpidos que fueran, si lo hacen es porque los empujan necesidades apremiantes, muy probablemente hijos en casa, o casucha, con el estómago vacío. 

Insisten incansablemente en ubicarse en las mismas calles y andenes, porque las soluciones que les ha brindado la alcaldía: reubicarlos en calles solas, poco transitadas, merodeadas por indigentes, en lugares alejados del centro, sencillamente los mataría de hambre.

Todavía hay más razones para que insistan. Las posibilidades de empleo en  Cúcuta son casi nulas, no son nulas porque la informalidad ofrece algunas, y tras de eso mal remuneradas.

Es muy difícil pensar en civismo con familia que mantener (si se le preguntara a ladrones encarcelados por qué robaban, unos cuantos responderían que para darle de comer a los hijos). Esto ya lo sabían los griegos de la Antigüedad, que para dedicarse a las labores filosóficas, incluido la elaboración de las normas cívicas y de convivencia, debían primero tener garantizadas la satisfacción de las necesidades básicas de ellos y los suyos, a Sócrates lo que menos le preocupaba era dónde dormiría o qué comería, por eso podía tranquilamente dedicarse a caminar plácidamente por las calles atenienses filosofando, pero parece que el señor alcalde de Cúcuta, no. En otras palabras, en la vida existen prioridades. 

Señor alcalde, a los vendedores ambulantes primero bríndeles una solución viable y sostenible en el tiempo y luego si exíjales el cumplimiento de las normas de civismo, que seguramente las acatarán y cumplirán.