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Dejen trabajar a la JEP
La JEP se convirtió en el blanco preferido de quienes disparan todos los días al acuerdo de paz.
Sábado, 9 de Febrero de 2019

Hace poco más de dos semanas la JEP rindió un informe público de su primer año de funcionamiento en el que destacó la forma como cada una de sus salas ha comenzado sus actividades en medio de grandes dificultades y la demora en la aprobación de sus normas de procedimiento. 

Los macrocasos de secuestros y desapariciones forzadas, la comparecencia de los mandos de las Farc y de altos mandos militares, las primeras decisiones con respecto a terceros vinculados con el conflicto, fueron algunas de las principales acciones de este arranque.

Desde entonces arreciaron los ataques al tribunal de justicia transicional creado para cerrar el conflicto con las Farc y garantizar los derechos de las víctimas, a pesar de los llamados del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a respaldar el trabajo de la JEP y de las recientes declaraciones del enviado especial de la Unión Europea para el proceso de paz, que tras una reunión con el Presidente Duque y su equipo expresó con contundencia, “dejen trabajar a la JEP” .

Y es que definitivamente la JEP se convirtió en el blanco preferido de quienes disparan todos los días al acuerdo de paz. 

La fobia contra el tribunal y el sistema de verdad, justicia, reparación y no repetición supera todos los límites. 

Los contradictores en una campaña bien diseñada y ejecutada se dedicaron desde el mismo día que se llegó al acuerdo de justicia en La Habana a graduar a la JEP como un tribunal de impunidad para las Farc y a sus integrantes de mamertos o guerrilleros disfrazados de jueces y magistrados. 

Con innegable éxito se generó deliberadamente una corriente de opinión contra la JEP, que además ha incurrido en equivocaciones que sirven a los propósitos de desprestigio de sus enemigos.

Olvidamos que hasta ahora lleva un año en funciones y se requiere tiempo poner en marcha un complejo mecanismo de justicia restaurativa que cobija no solo a los desmovilizados de las Farc, sino a los integrantes de nuestras fuerzas militares,(han sido liberados provisionalmente más de 1700) y voluntariamente a los terceros relacionados con el conflicto armado. Basta con recordar el compás de espera que tuvieron para arrancar después de la constitución del 91 la Corte Constitucional y el Consejo Superior de la Judicatura, o tras el acuerdo con los paras el sistema de Justicia y Paz, para concluir que en el caso de la JEP desde antes de su inicio ya contaba con un ejército de enemigos altamente ideologizados y en algunos casos preocupados por el propósito esencial que tiene este sistema de buscar la verdad a cambio de penas alternativas. 

Es evidente que en algunos sectores políticos y de opinión se teme a la JEP y por ello está bajo fuego permanentemente.

Los episodios de las últimas dos semanas generan estas dudas razonables. En primer lugar, frente a la decisión de la JEP de aplicar la norma constitucional que le otorga facultades claras para evaluar la fecha de la supuesta comisión del delito en el caso Santrich, su solicitud de mayor información a las autoridades norteamericanas para adoptar una decisión en derecho, se pierde misteriosamente entre el Ministerio de Justicia y la 472 en un hecho sin precedentes. Posteriormente nos enteramos que el texto de la ley estatutaria avalado previamente por la Corte Constitucional se engaveta en secreto por más de un mes en el Senado y cuando surge el escándalo aparece mutilado. Y para rematar, desde el gobierno comienzan los rumores de la intención, sin precedente también, de objetar una ley que ya fue revisada por la Corte. A veces pareciera qué hay dirigentes en este país que preferirían que los señores de las Farc se devolvieran al monte a echar bala y que crecieran las disidencias.

Sin duda estos no son episodios aislados. Hacen parte de una trama que lleva años en construcción y que tiene como propósito final desprestigiar la JEP, desnaturalizarla hasta acabarla, porque saben que es la columna vertebral del acuerdo de paz. Esta situación, sumada a la nula implementación de los acuerdos y al incremento de los asesinatos de líderes sociales, nos debe llevar a que los amigos de la Paz, quienes rechazamos la guerra, nos unamos por encima de las diferencias políticas en defensa de la Paz lograda con todo y sus defectos. A que todos por la verdad y la justicia que necesita este país nos unamos al llamado de la Unión Europea, “dejen trabajar la JEP”.

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