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¿Devolver el Nobel?

¿No será que el ex, gozando de su jugosa pensión se atreva, con la mano en el corazón, devolverle a Estocolmo el inmerecido galardón? 

En los regímenes afortunados donde existe todavía la libertad de expresión (después de muchos muertos por hablar y opinar), es Colombia un supuesto régimen  y modelo del libre pensamiento.  

Los medios de comunicación, en un país democrático, son un pilar fundamental que apuntala la capacidad  de la libre expresión. Con todos los defectos y zancadillas que permite la norma constitucional, acompañados por los (y las) artistas que interpretan lo que se permite o no, se definió un complicado proceso que desembocó en un alto a la guerra fratricida que se estaba desarrollando desde hace decenios y que sigue siendo lamentablemente actual. Bueno o no, significó premio nobel de la paz. Merecido o no, fue decisión de un comité altamente especializado en una sociedad  desarrollada con  suficiente capacidad de decisión. 

La centenaria incapacidad de un estado oligárquico, manejado por unos herederos por antonomasia, élites autosostenibles que solo piensan en la perpetuación del poder para beneficio propio, ha permitido que los que están desde abajo mirando hacia arriba decidan decir no más. 

La insurgencia armada no es otra cosa que una respuesta necesaria a los abusos de los militares cuando alborotaron a “Tirofijo” en el Tolima robándole unos cerdos. Y que se ha perpetuado por la inoperancia del estado en extensas zonas del territorio nacional. 

Un proceso de paz, después de varios y fallidos intentos, desembocó en una enredada negociación que permitió el supuesto cese de hostilidades y facilidades de sometimiento a la justicia. Hasta se creó una simpática entidad jurídica, la JEP. Sin contar las concesiones un tanto exageradas y humillantes de permitir la presencia de los hacedores de la guerra en el sagrado y cuestionado recinto donde se hacen las leyes con sueldos y prebendas para que prometieran portarse bien. La incapacidad de un estado débil militarmente lo obligó a reconocer que no podía doblegar a la insurgencia armada,  

Beneficios van, beneficios vienen. Reparación, no repetición.  

Expresidente con medalla en el pecho NOBEL DE LA PAZ.  

La guerra sigue, ex Farc, disidencias, Pelusos, clan del golfo, Chiquito Malo, Eln en negociaciones, otra vez. La  nueva Marquetalia burlando los supuestos acuerdos y declarándose en rebelión.  Y cuántas veces más.  

Después del galardón de la paz, no ha existido ninguna supuesta tregua. La muerte sigue paseándose por campos y ciudades en una sociedad ingenua que celebra los premios como si fueran la solución de todos sus males.  

¿No será que el ex, gozando de su jugosa pensión se atreva, con la mano en el corazón, devolverle a Estocolmo el inmerecido galardón? 

Sábado, 25 de Febrero de 2023
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