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¿Funcionario público?

Miércoles, 27 de Octubre de 2021
La explicación real de este resultado es que hoy es mejor no ser funcionario público. Es común oír afirmar que todos los funcionarios públicos son corruptos, negligentes, buenas vidas, ladrones.

Amables lectores: si lleváramos acabo una encuesta, tan comunes en nuestro país, entre los jóvenes en proceso de presentar sus tesis o exámenes preparatorios para optar por su título profesional o de especialización, haríamos esta pregunta: al culminar esta etapa de su formación, ¿dónde le agradaría desarrollar su vida de trabajo? Sin temor a equivocarme, les aseguro que un 80% de los encuestados se inclinaría por el trabajo en una empresa privada y no en el sector público. Alguien aseverará que en el sector privado se obtienen mayores ingresos salariales que siendo empleado público. Eso no es exactamente cierto. En lo público muchas veces se remunera mejor que en lo privado.

La explicación real de este resultado es que hoy es mejor no ser funcionario público. Es común oír afirmar que todos los funcionarios públicos son corruptos, negligentes, buenas vidas, ladrones, que para estar en lo público se debe ser tramposo, vivo y ser muy hábil para saltarse la norma y la ley. Colombia, afirma Natalia Succar: “no ha llegado a esta conclusión sin fundamentos, ha sido por tantos ejemplos tenidos en las diversas ramas y niveles del poder público, por consiguiente, se ha ido perdiendo la credibilidad en las instituciones oficiales y en el propio Estado”.

Es claro que el flagelo de la corrupción existe. El Contralor de la Nación, Felipe Córdoba asevera que Colombia pierde unos 50 billones de pesos al año por este delito. ¿Cómo es el perfil de un corrupto? No lo sabemos. Pues, así como existió el cartel de la toga, donde unos magistrados confundieron el birrete con el billete, también existen miles de empleados públicos que no tienen horario ni privacidad y que no pueden salir a vacaciones con su familia por servir honestamente y con desinterés a la comunidad, en búsqueda de construir un mejor país. Que difícil es para este honesto empleado oír que a su hijo le dicen en el colegio que su padre es un asesino por tomar decisiones de seguridad o que es un ladrón por llevar a cabo medidas económicas impopulares en beneficio de la comunidad. Nos estamos acostumbrando a desinformar. Cuando oímos una noticia nuestro primer pensamiento es dudar de su veracidad. Se ha creado por costumbre hablar mal del Gobierno sin destacar los logros de las instituciones ni de sus fun
cionarios. Los contradictores no reconocen lo positivo, porque simplemente sus intereses políticos no se lo permiten. 

Muchas veces se invita a un funcionario a una emisora y se le interpela, pero no le advierten, con antelación, que su contrincante lo está escuchando y se le pide que responda y así se produce una especie de emboscada. Existe otra práctica muy extendida de interrumpir al entrevistado para impedirle armar un argumento explicativo o defensivo. Se busca colocar al entrevistado contra la pared hasta hacerle perder la calma y así se logra mostrar el lucimiento del periodista interrogador. Ante cierto estilo de periodismo el funcionario público debe ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos; la anterior es una frase de Maquiavelo.

La sociedad no puede seguir denigrando de todos los funcionarios públicos y si se tienen pruebas de corrupción deben denunciar. Esta es la solución. Se deben reconocer las cosas buenas que realizan los funcionarios públicos. No difundamos más ese discurso destructor contra el empleado del Estado, porque ese proceder está destruyendo la Nación. Seamos agradecidos con ellos por entregar su tiempo y su esfuerzo, por hacer las cosas de la mejor manera posible.

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