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Gramaticalidad

Lunes, 22 de Noviembre de 2021
La gramática suele convertirse en eco del corazón, para ser pionera de nuestro propio liderazgo e interpretar los signos y los símbolos.

La verdadera misión de la gramática es volverse una mediación lingüística-espiritual e inspirar el camino sabio a los sentimientos, cultivando el símil de la vida como la mejor conversación con la consciencia.

Cuánto nos hace falta ahora hallar los verbos que se identifiquen con el don de pensar y contarla, además, con esas palabras bonitas que nos siembran el alma de certeza y habilidad intelectual.

Los profesores nos la enseñaban haciendo énfasis en el sujeto como gestor de una acción y, junto con el predicado, conformaban aquellas oraciones que pretendían expresar -coherentemente- cada uno de los ciclos del pensamiento, en torno a una idea prefijada (o soñada).

Y no sólo aprendíamos las formas, sino la sugerencia de hallar en la lógica del lenguaje ese lazo personal, íntimo, que nos aferra a la correlación de nuestros principios con las cualidades que afianzan la identidad, la madurez y el criterio, para ennoblecer la personalidad.

La obligación elemental era emitir juicios analíticos, con una justa proporción entre el complemento directo y el indirecto, para sustentar su significado y responder por ellos -los juicios- con los atributos del predicado: ser activos, transitivos y reflexivos, tan propios del ejercicio interior de la meditación.

Así, la gramática suele convertirse en eco del corazón, para ser pionera de nuestro propio liderazgo e interpretar los signos y los símbolos (semántica), que van apareciendo en nuestro destino.

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