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Hacia nuevas alternativas políticas

Miércoles, 20 de Octubre de 2021
El sistema electoral en Colombia pese a las reformas de las últimas décadas sigue siendo un espacio complejo para proyectar nuevos liderazgos.

El sistema electoral en Colombia pese a las reformas de las últimas décadas sigue siendo un espacio complejo para proyectar nuevos liderazgos. En efecto, las condiciones que se requieren para ingresar a la palestra político-electoral llevan a que los partidos y movimientos políticos se vuelvan lugares apetecidos y manejados por elites políticas de antaño. Y sin partidos es casi imposible plantear alternativas políticas a la ciudadanía.

Y no es exagerado el anterior comentario. Los partidos tradicionales por ejemplo se han convertido en clubes privilegiados donde solo aquellos que tienen cercanías con las cabezas de las direcciones pueden optar por lograr avales, espacios de participación y preeminencia frente a otros aspirantes. ¡Ni qué decir de otros partidos como Cambio Radical, La U, Centro Democrático, entre otros!

El Acuerdo de paz con las Farc establece como punto esencial la necesidad de construir una reforma política de gran envergadura la cual hasta hoy ha pasado a los anaqueles del olvido por parte del gobierno. Esa ha sido la gran oportunidad pendiente que no se ha querido aprovechar para darle mayor apertura democrática al sistema electoral. Las elites políticas coyunturales han tenido eso claro desde el principio, no les interesa alterar el statu-quo vigente, por lo cual solo con un gobierno reformista y con consciencia liberal se podrían desarrollar las premisas pendientes de lo que sería un nuevo sistema electoral y político.

Premisas tan claras y de sentido común como serían: limitación de períodos para ocupar curules en corporaciones públicas; listas cerradas con mecanismos objetivos y transparentes de conformación; financiación pública integral de campañas de manera previa; eliminación de mínimos electorales para la existencia de partidos y movimientos políticos; limitación de períodos para ocupar cargos en las directivas de los partidos y movimientos políticos; creación de tribunales electorales autónomos e independientes, que no tengan origen político y con funciones judiciales claras, entre otras.

Lo más importante es generar una discusión nacional y académica frente a esta cuestión que encuentra su punto de inflexión en este interrogante: ¿cómo lograr que la política no sea costosa en términos económicos y en términos de incentivos para construir nuevos liderazgos que no dependan de amistades o empatías de disciplina partidista con las cabezas de los partidos y movimientos políticos?

Un ejemplo paradigmático de lo complejo que ha sido construir nuevos liderazgos es el caso del Nuevo Liberalismo y la Colombia Humana. De no ser por el activismo judicial de la Corte Constitucional estos movimientos representativos de muchos sectores ciudadanos habrían sido absorbidos por la mecánica electoral cerrada del sistema y habrían pasado al olvido político.

El Nuevo Liberalismo un partido cuyos líderes políticos fueron exterminados por grupos ilegales en connivencia con agentes del Estado en los años ochenta del siglo pasado, ha estado por más de dos meses a la espera de un acto jurídico-electoral del Consejo Nacional Electoral para poder iniciar su proceso de estructuración jurídica y poder competir en igualdad de condiciones como alternativa política.

El Nuevo Liberalismo es entonces una evidencia clara de lo que debería ser un sistema electoral abierto y de acceso ciudadano objetivo para ser una alternativa ciudadana. Esta fuerza política como opción de gobierno tiene claras las necesidades de implementar un reformismo estatal que se encamine a abrir y democratizar el sistema político-electoral bajo la premisa de incentivar nuevos liderazgos, combatir el cacicazgo regional y generar conexiones idearias con una ciudadanía inconforme con el sistema político vigente.

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