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¡Hay fuego en el 23!

Los datos nos hablan permanentemente de que las temperaturas globales están aumentando.

Bombero pon la manguera, hay fuego en la carretera, hay fuego en el veintitrés… y no precisamente fuego literal como la canción de la Sonora Ponceña, pero si, se prevé que el año 2023 sea uno de los años más calurosos jamás registrados en la Tierra, también se cumplen diez años consecutivos en que la temperatura promedio de la tierra viene registrando más de un grado Celsius de aumento en comparación con la temperatura registrada en la era preindustrial (1850-1900). Los datos nos hablan permanentemente de que las temperaturas globales están aumentando, una vez más se evidencia que estamos en tiempos de cambio climático y que probablemente este fenómeno sea imparable, debemos aceptar y reconocer que perdimos como humanidad la guerra contra este enemigo creado por nosotros mismos, lo que queda es adaptarnos a los nuevos escenarios.

Para el 2023 posiblemente existan fenómenos meteorológicos intensos y otros efectos del cambio climático que se presentan cada vez con mayor frecuencia, lluvias intensas o de mayor duración, sequías largas, incendios forestales, etc., así como fenómenos de aparición lenta que influyen en la sinergia de fenómenos de remoción en masa como el ocurrido en Gramalote (Norte de Santander) hace doce años. Cuanto más veloz sea la variación climática y más tiempo se pospongan los esfuerzos de adaptación, más difícil y costoso será la prevención y preparación de amenazas y vulnerabilidades en la que se encuentra la población.

La adaptación se entiende como, los arreglos que se deben realizar a los sistemas socio-ecológicos y planes económicos para responder a la variación climática real local, regional y global o y sus efectos posibles o impactos. Para ello, según la sección de Cambio Climático de Naciones Unidas (UNFCCC), se deben planear cambios en los procesos, prácticas y estructuras para moderar los daños potenciales o para beneficiarse de las oportunidades asociadas con el cambio climático. En especial países de alta vulnerabilidad como Colombia. En términos generales lo que se debe realizar en cada nación y región, según UNFCCC, es invertir para desarrollar soluciones de adaptación e implementar acciones para responder a las alteraciones que ya están ocurriendo, así como prepararse para los impactos futuros, estimarlos cuantificarlos y caracterizarlos, pues los riesgos son diferentes en nuestras cinco regiones.

Bajo esta premisa de adaptación vale la pena pensar sobre lo que ocurrió en este último semestre en Colombia, con respecto a la ola invernal y las respuestas como gobierno y sociedad para afrontar los desastres generados.  Por eso resalto la importante afirmación de Esteban Rossi, Un PhD en Geografía e investigador de la Universidad Javeriana y del Rosario, en la que dice que la adaptación a los desastres naturales es uno de los principales avances que hemos tenido como sociedad en el último siglo, y que la mezcla de diversos factores ha permitido que las inundaciones, los huracanes, las sequías y otros desastres causen muchas menos muertes que hace cincuenta o cien años. Es por que nos estamos adaptando, pero la tarea aún sigue, no debemos bajar los brazos frente al cambio climático, vendrán cosas peores.

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Viernes, 30 de Diciembre de 2022

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