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La era de los túneles

Viernes, 22 de Abril de 2016
En Colombia siempre se le tuvo miedo a los túneles, por los costos que acarrea su construcción.

Con la inauguración, por fin, de la obra del túnel que comunica a Crespo con Cartagena, se ratifica una vez más la importancia de este tipo de obras para facilitar la movilidad dentro de las ciudades y también para acortar distancias en las vías nacionales, venciendo la abrupta topografía del territorio colombiano.

En las ciudades dos ejemplos se destacan: El túnel diseñado para evacuar el tráfico del centro de Cali, y este, de Cartagena, que servirá para evacuar el tránsito hacia el aeropuerto Rafael Núñez, la localidad de Crespo y el que continúa o viene de Barranquilla.

En Colombia siempre se le tuvo miedo a los túneles, por los costos que acarrea su construcción, pero ese criterio proviene de mentalidades parroquiales que siempre piensan en pequeño, cuando de advertir el desarrollo se trata.

Ya Medellín tiene proyectado su sistema de túnel para comunicar la ciudad con el aeropuerto José María Córdova y el municipio de Rionegro, y tendrán que venir ahora otras iniciativas, pues constituyen el instrumento que se está utilizando en todas las grandes ciudades del mundo para itercomunicar avenidas y también determinados sectores, y evitar de esta manera la congestión desesperante de las escasas vías existentes.

Ojalá los alcaldes de ahora, que apenas despuntan sus periodos de gobierno, puedan trasladarse a estas ciudades a contemplar la forma en que han logrado sacar adelante estas importantes iniciativas y perciban los enormes beneficios para la movilidad que de allí se derivan, que van a la par del mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos.

Cualquier persona que dedique un poco de tiempo a pensar sobre este tipo de proyectos en su respectiva ciudad, seguramente se le ocurrirán muchas iniciativas que se podrán ventilar en los escenarios de la estructuración de proyectos, para que las urbes puedan iniciar una alternativa adecuada para trasformar el problema de la movilidad que padecen los grandes centros urbanos, y que mortifican sin cesar a todos los usuarios del trasporte, tanto público como privado.

Mientras en las ciudades no se aprenda a pensar en grande, todo seguirá llegando tarde, mientras los problemas crecen y se multiplican ante la angustia de los ciudadanos que terminan padeciendo la desidia y la incompetencia de los funcionarios encargados de diseñar su futuro.