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La rebelión de las firmas

Viernes, 6 de Noviembre de 2015
Aproximadamente el 25% de las ciudades capitales de Colombia se decantaron por propuestas y programas que se separaban de los partidos tradicionales.

La democracia es un invento intencionalmente extraño ya porque los pueblos mutan y los electores van naciendo y muriendo en un ciclo natural que se refresca con cada nueva generación. 

Es así como los candidatos de ayer deben reinventarse para la elección del mañana, pues con un público diferente cada cuatrienio, no basta con repetir las mismas fórmulas que hace años surtían efecto. 

El trapo ondeante en las plazas de mercado, los gruesos y espesos bigotes en los afiches y los escandalosos mítines en la mitad de los pueblos poco a poco van cayendo en desuso y perdiendo terreno frente a las nuevas tecnologías y las redes sociales.

Esto inevitablemente acarrea una transformación de la política misma, un proceso de maduración que imperceptiblemente ha iniciado en los principales focos urbanos y que con el tiempo promete expandirse al resto del país. 

Esta es quizás la mejor de las conclusiones que puede desprenderse de las últimas elecciones, y es que una vez que el ruido sórdido de las campañas se ha acallado, ya no quedan más boletines de la Registraduría por expedir y la cotidianidad vuelve a apoderarse de cada rincón de nuestra geografía, podemos encontrar en el contundente triunfo de los candidatos independientes la mayor victoria que tuvo la democracia.

Bogotá, Bucaramanga, Cali, Medellín, Cartagena, Valledupar, Santa Marta y Pasto dieron un paso adelante en la consolidación de sus movimientos ciudadanos y eligieron candidatos inscritos bajo el método alternativo que la Constitución prevé. 

Esto quiere decir que aproximadamente el 25% de las ciudades capitales de Colombia se decantaron por propuestas y programas que se separaban de los partidos tradicionales, sin contar los municipios y las gobernaciones donde este escenario se replicó. 

Una excelente noticia que le da un oxígeno necesario a la política y que establece al voto de opinión como un contrincante a tener en cuenta en futuras contiendas.

Y es que la figura de los partidos políticos está tendiendo a un desgaste paulatino originado por adolecer siempre de los mismos padecimientos, pues contra todos sin importar la depuración de sus listas se podrán argumentar problemas de corrupción o politiquería de alguno de sus miembros. La urgida e irresponsable distribución de avales a diestra y siniestra, llevados por la necesidad de mostrar resultados a sus directivas asignándose victorias locales en su haber, da lugar a decisiones cuestionables sobre sujetos de dudosa honorabilidad.

Los votantes de este siglo ya no se hacen matar por los colores de ningún partido, y así quedó demostrado tras el conteo final de octubre. La generación de mi abuela que brinda cada 31 de diciembre por el partido liberal está desapareciendo y su lugar lo está tomando una audiencia reflexiva y crítica que prefiere las ideas y hace un ejercicio de ponderación antes de elegir. Este nuevo electorado entiende que los grandes cambios pueden empezar con una planilla y un lapicero en cualquier calle de Colombia. La rebelión de las firmas apenas comienza.

Obiter Dictum: Y el tal puente festivo de la Madre Laura no existió…