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Las tortuosas negociaciones

Sábado, 5 de Marzo de 2016
Los intentos por pacificar este territorio han sido múltiples, con resultados finales alentadores.

Las definiciones de paz son vagas y a veces rebuscadas, sobre todo cuando se trata de la paz colombiana. Porque son muchos los factores y actores que intervienen en la perturbación de la tranquilidad cotidiana de los ciudadanos de este bendito país.

Los intentos por pacificar este territorio han sido múltiples, con resultados finales alentadores, pero cuando se logran acuerdos con algún grupo y antes de que se perfeccionen y se pongan en marcha, ya otro grupo, con otra divisa, está en disposición de realizar sus propias escaramuzas para hacerse notar como partícipes de la convulsión que no le permite a la esquiva y anhelada paz campear en su totalidad.

Es por esto que resulta aventurado afirmar que con la firma de los acuerdos de La Habana se logrará la paz. Ese es trabajo encomiable aunque con un concepto global sesgado porque abarca solo a un sector, que si bien puede ser el más representativo entre los que se levantaron en armas desde hace mucho rato, no es el único. Es posible que ese motor que quiere prender el presidente Santos a como dé lugar, porque ese ha sido su caballito de batalla y el objetivo primordial de su segundo periodo de gobierno, y que este sea el modelo para que otros grupos se adhieran y hagan parte de esa tarea nacional.

Todavía le faltan letras y discusiones al documento final que debe contener los compromisos de parte y parte para poner fin a las acciones insurrectas del grupo que negocia con el gobierno en La Habana. Hay una fecha a la cual le están apostando los negociadores, el próximo 23 de este mes de marzo, pero el tiempo apremia y se presume que haya un aplazamiento. Luego esos puntos negociados tendrán que ser refrendados por los ciudadanos a través de un mecanismo de expresión popular, todavía por definir. El gobierno propone un plebiscito, mientras que la guerrilla tiene como idea para este propósito una asamblea constituyente.

Es lamentable que estemos asistiendo de nuevo a actos ilícitos y de violencia causados por explosiones y ataques a las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, causando más víctimas, las que ya se cuentan por miles. Está reconocido que el camino de diálogo es la ruta a seguir para poner fin al conflicto y las fuerzas que no están en esta ruta deben encontrarla pronto.

Desmovilizada la guerrilla y silenciadas las armas sigue el periodo del posconflicto en el cual se deben invertir esfuerzos y capital para poder alcanzar los objetivos trazados para cambiar el rumbo de un país que espera vivir tranquilo y así entonces enfilar los afanes pacificadores contra otras fuerzas desestabilizadoras y responsables de actos vandálicos, para que finalmente logremos vivir en paz.