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Las únicas trochas cerradas

Lunes, 22 de Febrero de 2021
Alguien debería preguntarles a los artistas de la región, de esta hermanada región, qué piensan de todo este encierro fronterizo y pandémico.

Las fronteras son invisibles, están ahí dibujadas en los mapas, pero no están. Puede que los guardias apostados, el letrero o la línea en el mapa den a entender otra cosa pero quienes hemos vivido en frontera sabemos que es un sólo territorio.

Para un lector de estrellas, para un indígena U’wa son inexistentes, como lo son también para muchos artistas que mientras los gobiernos centrales desconocen esas y otras dinámicas de las fronteras, han confabulado por años para mantener realmente viva esta región pero con arte.

El pensamiento obtuso, ese del centralismo macabro, de la xenofobia estúpida que se ha ido alimentando en los últimos años con más rabia contaminada de extremismos, han contribuido a que el cierre de la frontera afecte realmente pero a los artistas porque lo demás sigue circulando campantemente. Hay esfuerzos valiosos que sobreviven de lado y lado pero las trochas culturales son entonces las únicas verdaderamente cerradas. Es como si le hubiesen hecho un torniquete a la cultura.

De esos eventos binacionales queda poco o nada, por ahí recuerdos de una peregrinación de poetas que se pararon en el puente internacional a bautizar el lanzamiento de sus libros o los 19 años de historias, conferencias y talleres con lo mejor de la literatura nacional e invitados de Cuba, México o Ecuador que llegaban cada año al Encuentro Binacional de Escritores, hasta colados como los de OPNI disfrutamos de ellos en Cúcuta y San Cristóbal con tertulias inagotables. Nada se oye de las melodías interpretadas por la primera Orquesta Sinfónica Binacional que llegó a realizar algunas presentaciones; sólo quedaron fotos con dignatarios sacando pecho de lo que fuera el sueño del fallecido maestro José Antonio Abreu: niños y niñas de Colombia y Venezuela unidos por la música. 

Mientras el arte ha intentado unir, la diplomacia de micrófono ha divido. El Salón Regional de Artistas, por ejemplo, logró marcar el hito de ser por lo menos 3 años, el único de carácter binacional en Latinoamérica, incluso ubicó en el Salón Nacional instalaciones con alegorías a los problemas de fronteras y obras que borraban esa línea; discusiones desde el arte que realmente construían. Fueron épocas donde caldeados los ánimos desde Caracas y Bogotá, las instalaciones lograban cruzar los controles como si fueran contrabando, los guardias y policías pensaban que esos camiones llevaban trasteos. Años antes, entre San Cristóbal y Villa del Rosario el maestro Omar Rayo logró montar un museo vial al aire libre donde apostados al pie de la carretera podía apreciarse en enormes vallas obras de artistas colombianos y venezolanos. Y falta mencionar muchos otros eventos de artes, títeres, teatro o danzas que han desaparecido.

Alguien debería preguntarles a los artistas de la región, de esta hermanada región, qué piensan de todo este encierro fronterizo y pandémico y ahora que se vino el bicentenario nos pueden ayudar a entender cómo lo que nos une es superior a lo que nos separa, de hecho deberíamos repasar las maravillosas obras artísticas de todos los géneros que lo han reflejado. 

@yopoetrix