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Lujuria en la Defensoría

Martes, 16 de Febrero de 2016
Si de por si el doctor Otálora es un indio feo, ¿cómo se le ocurre mostrarle a la reina aquello?.

Los noticieros de radio y televisión, siempre redactados en Bogotá en lenguaje que disimula la esencia del hecho, por eso mismo no dan una idea exacta de lo ocurrido.  

Es el caso del Defensor y la secretaria. Por los noticieros apenas nos enteramos de que ella lo había acusado de acoso laboral y sexual, sin que los oyentes pudiéramos saber propiamente el meollo del asunto.

Pues el meollo del asunto, divulgado por las redes sociales y filtrado por la chismografía, es que el doctor Jorge Armando Otálora le envió a su secretaria por teléfono celular fotos de sus bolas.

¿Qué es eso? Ni más ni menos que una indecencia y  una perversidad.

Antes de la renuncia del Defensor – el acosador acosado por la ciudadanía -, él y su exsecretaria privada, Astrid Helena Cristancho - se enfrascaron en la discusión de si tenían amores o no, pues para él había una relación sentimental y según ella no, él soñaba que ella era su novia.

Lo normal es que un hombre conquiste a una mujer con flores, poesías, música, tarjetas románticas, atenciones, con lo que ellas llaman “detalles”, pero enamorarla enviándole fotos de sus genitales desborda todo límite.  

Todavía se le perdona a un adolescente de 14 años que intercambie mensajes pornográficos con su noviecita, pero no a un hombre de 49 años como Otálora, de tanta inteligencia y erudición, catedrático y jurista  prestigioso, que, según cuentan, proviene de un estrato bajo y pudo superar la pobreza y subir hasta donde llegó, la Defensoría del Pueblo, pero no logró cuidar  su instinto animal para que no se le saliera en público.

Si de por si el doctor Otálora es un indio feo, ¿cómo se le ocurre mostrarle a la reina aquello?

¿Qué se creyó: que abajo si era bonito?

Peor para él, con esa cara y esa estatura, frente a una mujer alta y hermosa como Astrid Helena Cristancho, exreina de belleza de Cundinamarca.

Consulté a varias damas sobre si a ellas las cautivarían con fotos semejantes y su respuesta unánime fue: viejo puerco, sucio, degenerado.

Una señora dijo: ¡Ni más faltaba que uno se derritiera por unos huevos!

Apenas natural, entonces, que al doctor Otálora el Partido Liberal lo hubiera expulsado de sus filas, que las organizaciones femeninas lo repudiaran y que el Procurador General lo destituyera del cargo.  

La podredumbre está llegando muy lejos.

Queda apenas esperar cuál será el próximo episodio escandaloso en este gobierno tan corrupto.