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Más allá de la política carcelaria

Hay sociedades muy parecidas de este lado del mundo.

Se ha  convertido en tendencia mundial, o se ha viralizado, como se dice en lenguaje tecnológico, la imagen mesiánica del presidente de El Salvador, pequeña y conflictiva república de la parte sur de Centroamérica.

Con una población semejante a la ciudad de Bogotá, es una república manejada, desde decenios, por grupos oligárquicos  y hegemónicos que solo han buscados su propio beneficio. El solo hecho de tener una población “manejable” permitió el asedio de politiqueros y afines que no dudaron  en aprovechar el territorio para sus afanes.

El poder centralizado en clanes familiares y en nido de burócratas desemboca necesariamente en el abandono de regiones del territorio y políticas basadas en el beneficio de unos pocos y en la miseria de las mayorías que no encuentran otra salida que la subversión y la delincuencia. Las llamadas pandillas en El Salvador son la consecuencia de un estado que se durmió sobre los laureles y solo despertó cuando un elevado porcentaje de la población se dedicó al pillaje y al rebusque.

En un país subdesarrollado o del tercer mundo como nos llaman los del primero y segundo renglón (habrá los del cuarto mundo? Creo que sí), solo se podía detener la inflación de la criminalidad por el camino más fácil: encerrar a los delincuentes. Construír centros de reclusión masivos y “elegantes”.

Es más fácil y rentable políticamente mostrarlos con la cabeza rapada y vestidos con guayuco blanco, cabeza gacha y estricta formación militar de rodillas.

Es un amasijo de delincuentes presentados “elegantemente” y casi que condenados por el mismo delito: ejercer la delincuencia. No hay diferencias. Todos parecieran de la misma edad. ¿No merecen una oportunidad los iniciados en la vida cruel de la pobreza y la ignorancia?

Tal vez serían ciudadanos útiles si los hubieran educado y  preparado para enfrentar la crueldad del capitalismo a ultranza y la insaciable voracidad de clase política siempre dueña de los recursos de la nación.

Hay sociedades muy parecidas de este lado del mundo. Un poco más al sur, en la esquina norte del cono sur, bañada por dos mares, donde anidan la subversión y la delincuencia y por las mismas razones del país centroamericano pero donde se maneja la situación de una manera rara y diplomática: la paz total.

Son estilos. Allá son radicales y crueles. Aquí somos diplomáticos y, sobre todo, pacientes, tolerantes y arrodillados con guayuco tricolor en formación militar.

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Lunes, 3 de Abril de 2023
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