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Pongámonos de acuerdo sobre lo fundamental
Sin darnos cuenta el país y las regiones se descuadernan a pedazos.
Viernes, 28 de Agosto de 2020

El secuestro del doctor Álvaro Gómez Hurtado, llevado acabo por el M-19 en 1998, fue utilizado como medio de presión para la iniciación de los diálogos de paz con dicha organización. Producida su liberación, él mismo comenzó a promover la necesidad de un cambio estructural en Colombia bajo la perspectiva de lo que denominó “un acuerdo sobre lo fundamental” como único mecanismo para superar la crisis institucional por la que atravesaba el país.

Hoy más que nunca toma sentido éste postulado y requerimos con urgencia un acuerdo sobre lo fundamental a todo nivel, pues sin darnos cuenta el país y las regiones se descuadernan a pedazos, trasegando imperceptiblemente al establecimiento de una anarquía republicana.

La perdida de autoridad de las instituciones producto de la inverosímil decadencia de valores éticos y morales, desdibuja el Estado Social de Derecho, el cual es utilizado como escusa para arrebatar derechos e imponer deberes. Lo incierto del asunto es que las nuevas generaciones se están criando en una cultura pseudomafiosa del “todo vale” y por ende la pérdida del respeto por las buenas costumbres es evidente a todo nivel.

El imperio de la fuerza que dominó a la humanidad durante tantos años y que solo pudo ser eliminado con la construcción del Estado de Bienestar, está colapsando, haciéndonos retroceder a escenarios primitivos en donde el que ostenta más poder era el que impone su criterio. Se rompió la confianza en el Estado y creemos equivocadamente que debemos alinderarnos a uno u otro lado de la rampante polarización a la que hemos sido sometidos y de la que nada, ni nadie se escapa. Desafortunadamente los debates públicos, que en otra época se desarrollaban en los cafetines ahora han sido trasladados a las redes sociales y nadie se escapa de ellos.

Si eres de derecha, eres paraco y si eres de izquierda, guerrillero. Quien pretenda opinar en política, debe alinearse o identificarse con algún bando y como consecuencia de ello, estar dispuesto a recibir la descarga letal de odio e improperios diseñados para moler a sus enemigos ideológicos. Cuando se habla de política no queda títere con cabeza.

Sin darnos cuenta estamos acabando, con lo que nos ha costado años construir, la institucionalidad republicana, representada en sólidas instituciones encargadas de diseñar y poner en funcionamiento las políticas públicas sectoriales como generadoras del bienestar colectivo. Sin embargo, algunos creen equivocadamente que las entidades estatales son botines de guerra políticos, en los que la voracidad de algunas personas es saciada de manera burocrática e incluso económica.

Como sociedad tenemos que reaccionar y exigir de nuestros dirigentes la probidad y pulcritud que la majestuosidad de las instituciones requiere para que logremos el cometido del desarrollo económico y social que anhelamos. En este tiempo de crisis, cobra vital importancia la invitación del doctor Álvaro Gómez Hurtado, pongámonos de acuerdo sobre lo fundamental.

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