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Sin la dopamina de los ‘likes’

Lunes, 10 de Agosto de 2020
La juventud no sólo produce influencers, adictos al teléfono móvil y “meaningless billionaires”. 

Que la lista de los millonarios más jóvenes del mundo en Forbes no nos confunda. Si bien es cierto que la capitalización de los momentos es uno de los negocios más productivos y aprovechados por los jóvenes actualmente, la dopamina de los “likes” no es el único motor de la juventud. Cada día hay más jóvenes en el mundo con roles importantes en la transformación de la sociedad y la ciudadanía. 

Contrario a lo que se afirma desde lugares comunes y colectivos de avanzada edad, la juventud no sólo produce influencers, adictos al teléfono móvil y “meaningless billionaires”. La juventud nos ha dado: El movimiento del 68 en México que perseguía la democratización y rechazaba el autoritarismo instaurado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), la Mesa Amplia Nacional Estudiantil -MANE (movilización en contra de la reforma a la Ley 30) del 2011 en Colombia, la cadena de protestas de Mayo francés que se rebelaba ante la sociedad de consumo y de clases, la Revolución sexual de mitad del siglo XX, el Blau-Weiss (primer movimiento juvenil sionista de resistencia contra el nacionalismo y antisemitismo en la Alemania preguerra), el feminismo y el despertar de la conciencia social ante otras formas de vida como los animales, los recursos naturales y ecosistemas. 

Más allá de obsequios invaluables como la Séptima Papeleta, la juventud ha trascendido su incidencia no sólo a nivel político y respecto de la redefinición de los derechos ciudadanos: Los jóvenes se han transformado a sí mismos dentro de la sociedad. Anteriormente, aparecían como simple objeto de intervención estatal, no obstante, los recientes llamados de atención de la juventud hacia el resto de la sociedad respecto de las situaciones de inequidad, exclusión y marginación denotan el complejo proceso de subjetivación política que experimenta la juventud, principalmente en Latinoamérica, que debe ser destacado y reconocido por los demás grupos etarios.

El desempleo estructural y la informalidad a la que se enfrentan los jóvenes es uno de los motivos de sus luchas, y que a su vez explican el conflicto al que se enfrentan cuando se cruzan el orden político establecido con los modos emergentes o instituyentes. 

El próximo 12 de agosto se celebrará el Día Internacional de la Juventud, un momento empleado a nivel de Gobierno para promover actividades de discusión y análisis de las necesidades de las juventudes, así como alternativas de solución, pero también ideal para apropiarse como ciudadanos. Que la conmemoración de esta fecha sirva no sólo como escenario de disertación, sino también para señalar la importancia del relevo generacional en la sociedad en actividades humanas tan importantes como la explotación agropecuaria, por ejemplo, donde hay cada vez menos jóvenes interesados en hacerse cargo del campo. 

El verdadero móvil de reconocimiento de la juventud es, sin lugar a duda, la defensa y materialización efectiva de los derechos humanos; no la edificación de imperios cosméticos y generación de fuentes de riqueza no tradicionales. Por ello, nuestro deber como sociedad es generar los incentivos para ‘reencantar’ a los jóvenes por actividades económicas alejadas del sinsentido del consumismo, la ilegalidad y la narcocultura, así como garantizarles su participación en la lucha por la ampliación del Estado. 

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